La caimanera


Orlando Viera-Blanco

Su rival lo dejará correr y anotar, si de algún modo conviene prolongar la zafra

Desconozco el origen de la expresión. Supongo que nació de una ocurrencia “notable” de un frustrado pelotero, quien en medio de una improvisada partida de béisbol -con pelotica de goma; sin árbitros, sin curtidos armadores; bases de cartón, rayado imaginario y terrenos empedrados- asemejó aquel “caos” (no por ello una perversa y peligrosa diversión), a una orgía de caimanes. Y en ese ambiente, todo vale: trampas, atajos y coletazos. La regla, ¡es que no la hay!

En una “caimanera” la expresión más usada -por añadidura- es: ¡fue buena bola!; ¡está adentro!; ¡estás ponchao! (… ) Raudo se replica con la escolástica expresión… No existe principio ni fin… Una “caimanera” puede comenzar con cinco hombres y terminar con diez (o al revés). Lo que gobierna es la improvisación y quien se destaca, es el que más aplica “nuevas reglas”. Es una oda a la picardía criolla misma que comporta la glorificación al ventajismo y la resistencia a las formas. “Dame otro strike; otro turno, otro lance, hermano”. Y de pronto: ¡4 fouls son out por regla…! El clímax de una “caimanera” es correr las bases: se puede dar el lujo de comenzar por tercera, devolverse y reiniciar por primera… Ser decretado “fuera de juego”, depende de su simpatía o debilidad, no de su maestría. Su rival lo dejará correr y anotar, si de algún modo conviene prolongar la zafra (y el desgobierno). Es un todo surrealista donde amén del desacato, todos están de acuerdo en continuarlo por saberse errados pero protagónicos… No se trata de ser el mejor sino el más sabrosón… Es simular un cotejo en terrenos arenosos, a riesgo de un pelotazo en la nariz o en las cremalleras.

Este columnista ha jugado pelota desde niño hasta estos días. En ligas de ascenso y en caimaneras. En las últimas he bebido cervecitas de turno en turno, nada más… Pero es jugando como debe ser, donde he podido medir mis aptitudes… Sueño -por cierto- con batear en un campito, los melones que pone Chávez; no en una caimanera, sino en un jueguito de protocolo. Sólo le pediría tres lanzamientos… Apuesto chapitas a morocotas -con todo y Jorge (Giordani) de chief umpire- que su “rabo e’cochino” ¡la devolveré a mil millas!… ¿Lo cuadramos comandante? ¿Le llamo a un Aló Presidente (en cadena), a ver si me “compra” el reto?

Volviendo al terreno de la vida, el poder en Venezuela es una suerte de caimanera política. El comandante no sabe de reglas, de tiempos, ni de espacios. Decreta, expropia y justifica a “bateo libre”, disponiendo de los recursos, como quien barre-bases impunemente. No hay árbitro ni oponente que le ponga ¡out! porque lo que conviene es alargar la zafra, figurar y jugar… Pues, nada: lo espero en el Chato Candela, Presidente. ¡A ver si aún le doy a la pelota!

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