Una Rebelión Indetenible

JESÚS HERAS –

“Hay una cosa más fuerte que todos los ejércitos del mundo, y es una idea cuyo tiempo ha llegado.” Víctor Hugo

La Guerra de Yom Kippur en 1973 (así denominada por iniciarse cuando la población judía en ayuno, cumplía el rito de la expiación y la reconciliación), cambiaría por siempre la forma de hacer guerra.

Tomados por sorpresa, la improvisada iniciativa de permitir la penetración de contingentes blindados egipcios y sirios, superiores a los suyos, y luego decimarlos desde atrás, llevó a EEUU a comenzar un proceso cuidadoso de revisión de una forma de hacer guerra que, conceptualmente,  llevaba siglos sin evolucionar.

Razones de sobra tenían. Sólo el temor de desatar a una Guerra nuclear había impedido que tropas soviéticas invadieran a Europa Occidental. ¿Habría alguna manera de retomar la iniciativa? La exitosa experiencia israelí sugería que se podría encontrar.

Décadas después, gracias al avance tecnológico y a cambios de mentalidad en sus cuadros superiores, el Pentágono desarrollaría, entre otros, el concepto de las Fuerzas Especiales que, operando detrás del frente enemigo, están en capacidad de actuar directamente o en forma combinada para guiar misiles de largo alcance hacia enclaves enemigos.

Pero ahora no es Israel quien marca la pauta. Han sido Túnez y Egipto… y EE.UU. no necesita esperar porque allí el cambio ya ocurrió: El ascenso de Barack Obama rompió el molde tradicional. Citemos un párrafo de uno de nuestros editoriales anteriores: “En una sociedad plural como la norteamericana, Barack Obama, apelando a las redes sociales, rompió todos los esquemas establecidos. Triunfó en las primarias con poca ayuda de la dirigencia de su partido y se hizo presidente, libre de ataduras, sin requerir apoyo alguno de las grandes corporaciones.”

No debió sorprender la decisión  norteamericana de exigir la dimisión de Mubarak, muy criticada por cierto en el mundo árabe e israelí. Y a nadie debe sorprender ahora la posición asumida por Hilary Clinton en nombre de su gobierno, respaldando abiertamente la rebelión juvenil en Irán y condenando, a la vez, allí y en otras partes del mundo, las acciones por interferir el internet (herramienta fundamental de la Era de las comunicaciones).

Volvamos a aquel editorial: “…muchísimo más cruento (si se compara con EEUU) ha sido el impacto de la nueva Era frente estructuras autocráticas de poder. Egipto es un ejemplo. Las redes otorgan ejercicio pleno de ciudadanía a todo aquel que sepa aprovecharlas.”

Dejemos a un lado las dudas y las suspicacias. Una revolución devastadora recorre el mundo entero y nada tiene que ver con un “Bolívar que despierta cada cien años” o con un reencarnado Karl Marx. Tampoco tiene relación alguna con el antiguo establishment o con los viejos partidos.

Es la rebelión de las redes y de la juventud de siempre, la nuestra y la de todas las latitudes, la que irrumpe, inspirada en la no-violencia, tomando las banderas de la libertad y del cambio… y nada la detiene.

 
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