¡A BAILAR…. CON “BILLO’S”!

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA

¡A BAILAR…. CON “BILLO’S”!
MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

 

“Cuando falta apenas una hora para la llegada del nuevo año de 1938, desde el Roof Garden de Caracas, recibimos con un cálido aplauso a los muchachos que nos visitan de la hermana Republica Dominicana; con ustedes  “Billo`s Happy Boys”. Era la voz de Luis Plácido Pizzarello locutor, comentarista hípico y empresario artístico (había traído a Carlos Gardel tres años antes) en una transmisión por Ondas Populares. Al instante estallaron las trompetas y los saxos con el merengue “Caña Brava”, y las parejas empezaron a mover la cintura y los pies.

Se cerraba una historia y comenzaba otra que habría de trascender las restantes décadas del siglo. Los jóvenes músicos, habían llegado horas antes al puerto de La Guaira  en busca de nuevos horizontes, asfixiados por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Luis Maria Frómeta, líder del grupo,  registraba desde niño instrumentos musicales, cursaba estudios de medicina y ya dirigía la orquesta del Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo. Compartía el oficio  desde niño con Simón Damirón que tocaba acordeón y habría de ser con el tiempo “el piano de oro”  del Caribe. En la Escuela de Música  habían conocido al joven arreglista Rafael Minaya quien ahora, setenta años después, recuerda a Frómeta y Damirón en plan “de payaso y maromero en fiestas infantiles”. En ese tiempo se popularizaba la música caribeña a través de  la orquesta cubana “Casino de la Playa” y la dirigida por el  puertorriqueño Rafael Muñoz.

 

Los jóvenes que integraban “La Santo Domingo Jazz Band” recibieron una oferta de los hermanos Sabal propietarios del dancing mas cotizado de Caracas. Se les abría el camino para ampliar la fama pero también para burlar el cerco cultural del trujillismo. Solicitaron permiso para viajar y esté le seria concedido  sólo a cambio de modificar el nombre de la agrupación por el de “Ciudad Trujillo Jazz Band”. Como era la única manera de viajar aceptaron, pero ya en alta mar, en una operación típica de la “piratería” revolucionaria de la época,  decidieron cambiarle el nombre por “Billo’s Happy Boys”.

 

Cuando en 1940  , el grupo mezclado con músicos venezolanos adoptó el nombre  de “Billo’s Caracas Boys” era  entonces una orquesta enraizada en el gusto popular y  de alguna manera un logotipo musical de la ciudad. En el Roof Garden quedó dirigiendo Rafael Minaya, aposentado ya en el país y también con boleto sin regreso.  Las orquestas de ambos junto a la del venezolano  Luis Alfonzo Larrain se disputaban el favor de las pistas bailables.

 

Federico Pacanins, cronista, abogado, locutor, y productor de espectáculos ha escrito la biografía de “Billo” Frómeta para la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y la Fundación Bancaribe. Su lectura rescata al personaje en sus días de gloria y en más de un momento  desafortunado de su vida. Es poco conocida por ejemplo la incursión de “Billo” en la política más por casualidad que por vocación.

 

En 1947 los exiliados y perseguidos antitrujillistas se activaron en varios países ante la posibilidad del regreso a la patria. En Cuba, el gobierno de Graü San Martin facilitó la preparación de una invasión con suficientes recursos económicos y bélicos. Los gobiernos de Juan José Arévalo en Guatemala y de Rómulo Betancourt en Venezuela, veían con buenos ojos la operación al frente de la cual se encontraba el político y escritor Juan Bosch. Dos mil hombres iniciaron entrenamientos en Cayo Confites, un islote cercano a Camaguey. Entre los voluntarios cubanos se encontraba un joven de 21 años llamado Fidel Castro Ruz y entre los venezolanos “Billo” Frómeta y Rafael Minaya, que cambiaban la batuta por el fusil. Delaciones  y traiciones obligaron al desmantelamiento de la expedición  por órdenes del General Genovevo Pérez Dámera jefe del ejercito, quien, según recuerda Minaya “habría recibido tres millones de dólares de Trujillo para entregar la conspiración”. Lo cierto es que debieron  permanecer detenidos varias semanas en el campamento  Columbia en La Habana, hasta que se les permitió el retorno a Caracas.

Con los años, Billo’s se convirtió en un ícono popular.  A través de la radio, la televisión, los discos,  y los bailes en todo el país  fue configurando un estilo y  asimilando los nuevos ritmos bailables con notable éxito. Pacanins sostiene que Frómeta es “el maestro del baile venezolano”. El propio músico en una entrevista responde a quienes critican sus creaciones  por una especie de anclaje en la rutina: “la música que yo toco es también una música funcional, es una música que se escribió para que la gente bailara; y si la gente lleva muchos  años bailando conmigo me parece que es muy poco práctico y contraproducente, si se quiere, que cambie la forma de tocar”.

 

Con el tiempo “Billo” estableció una entrañable vinculación con la vida caraqueña. Fue el cronista de la ciudad que se deslizaba de los “techos rojos” a la capital vibrante de los años 50 y supo captar a sus personajes emblemáticos .  De tal manera, que ambos fenómenos mantienen la vigencia de su música, su estilo, una manera de bailar y una enorme popularidad que se refleja todavía en la venta de discos y la presencia en programas de  radio y televisión.

 

Luis María “Billo” Frómeta  murió el 7 de mayo de 1988 y pese a su amor por  Caracas seguía siendo dominicano. En una se sus ultimas entrevistas le confesaba a Isa Dobles que era un hombre loco por la música, “y que el amor mas descarado que ha tenido es Caracas”. Rafael Minaya a sus 90 largos años en su apartamento de La Pastora, sonríe y me asegura: “Es verdad, “Billo” desde niño enloqueció con la música pero también con Caracas”. Para complacer su deseo sobre su lápida en El Cementerio del Este se lee: “En vez de una oración sobre mi tumba el último compás de Alma Llanera”

 
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