El Nido de los apurados

La Pequeña Política
Espantapájaros

Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

 

Cuando vi al pajarraquito mirandino con la banda presidencial terciada en su pecho, dije para mis adentros, “se perdieron esos reales”.  No sé porque me vino a la cabeza esa frase, aplicada normalmente a situaciones más embarazosas y ahora, cuando les escribo no me atrevo a asegurar que nació realmente de mí o fue que la escuche de alguno de los campesinos que me visitan aquí en el descampado, aprovechando que no ha llovido, aunque anoche me calló una lloviznita y hasta me mojó el paltó.

Lo cierto es que me puse a pensar sobre la carrera política de este pajarraquito. A los 26 años, creo, cuando fue escogido a dedo para presidir la Cámara de Diputados, y me consta – porque me lo contó uno que estaba allí- que tuvieron que ponerle de Aya, como vicepresidente, al Pajarraco Castillo, porque no sabía qué hacer con el mazo que le pusieron en frente. Al parecer lo escogieron porque era independiente, postulado por haber dado su familia una buena contribución. Que yo recuerde, allí, en el antiguo Congreso, no fue ni fu ni fa. Tanto, que cuando el pajarraco Miquilena decidió cerrarle la taguara, no dijo ni fu ni fa.

Después, porque sortario sí es, fue electo Alcalde de Baruta, de donde salió sin pico ni placa, cayendo en la gobernación de Miranda, cuando al pajarraco Mendoza, fue inhabilitado, por ti, Águila Uno, que alguna razón oculta tendrías para insistir en esa línea de acción. O sea que tres golpes de suerte llevaron al pajarraquito mirandino a posiciones sucesivas y ahora, claro, se siente merecedor, presumo yo, de portar la banda presidencial pero está tan, pero tan apurado, que no quiere esperar los dos años que faltan, y ya se quiere poner, y se pone, aunque sea sobre un bluyín, la banda presidencial. “Epa, más abajo pisó Bolívar”, grito ayer otro campesino al ver el afiche, o a lo mejor fue el mismito de los reales, “más abajo pisó Bolívar y fue nuestro Libertador.” Claro, con una ayudita de Águila Uno, cualquiera se asoma a la ventana de la gloria, pensé de momento al escucharlo.

Igualito a Goicoechea

Pero a mí a quien me recordó en verdad el pajarraquito fue a Ícaro. Su padre, el del pajarraquito, no es arquitecto, por supuesto, ni se llama Dédalo o diseñó el Laberinto de Creta. Pero le está ocurriendo al pajarraquito lo mismito que a Ícaro, me parece a mí, lo mismito que le ocurrió cuando al ponerle su padre alas con plumas pegadas con cera para escapar juntos de Creta, que es como escapar de la Quinta República y de su Rey Midas, le aconsejó que no volara muy bajo, porque se le mojarían las plumas con las espumas del mar, ni demasiado alto, porque los rayos del sol derretirían la cera y se quedaría sin suficientes plumas para volar…. Pero recojamos directamente la historia de la travesía, hermosa y trágica a la vez, cruzando el mar desde Creta a Tierra Firme para escapar no de nuestro Rey Midas, sino del Rey Midos.

Ustedes, mis queridos pajarracos y pajaritas queridas, también podrán hacerlo en su computadora, pero para ahorrarles tiempo, aquí va “Pasaron las islas de Samaos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender como si quisiese llegar al Paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente sus artes….”

Claro, en el caso del pajarraquito del caso, a lo mejor es la escarpada roca donde se oculta Águila Uno, donde terminará sus días. A lo mejor ni siquiera terminan y se eterniza, al igual que El Libertador, o whatever, pero cuidado, pajarraquito, que “guerra avisá no mata soldado” y hay mucho maluco viendo a ver como te espezcuezas. Si lo sabré yo que le tengo la vista puesta sobre todo el que se autoproclama Demócrata o Justiciero, por aquello de que “dime de qué te ufanas y te diré de qué color son tus calzoncillos.”

La trampa mortal

Uds. se preguntarán porque desvío mi atención esta semana de Águila Uno y me concentró en el pajarraquito mirandino y les respondo que lo hago por ser emblemática su figura, terciada por el tricolor, de un síndrome que todo lo envuelve. Veamos.

La MUD, no sabemos por qué, está empeñada en jugar el juego planteado por Águila Uno. Bastó que éste anunciara su candidatura presidencial y mandará a dos muñecos, porque también los hay con soles en la charretera, si lo sabré yo que tengo cinco, que mandara a dos muñecos de su arsenal de ventrílocuo, que anunciaran que él, Águila Uno nunca abandonaría el poder, para que chupulún, la Mesa de la Unidad, encabezada por los mismitos, se lanzara a la misma piscina, sin darse cuenta de que lo que Águila Uno pretendía – y pretende, desesperadamente- era desviar la atención de los gravísimos problemas que confronta, cuando los precios están subiendo por el ascensor, las protestas de propios y extraños es cada día mayor, el sistema eléctrico está al borde del colapso nuevamente, el agua de beber es casi imbebible, la delincuencia sigue haciendo de las suyas (así le rebajen un 20% a las cifras oficiales para que no se vea tan fea la realidad) y la popularidad del presidente, pese al esfuerzo que realizan algunas encuestadoras por desdecirlo, sigue palo abajo.

Debemos reconocer que caer en el juego del Presidente ha sido una inveterada costumbre de la Oposición venezolana, antes encabezada por los medios de comunicación y que ahora por la MUD o, mejor, por el híper cogollito que la controla o la intenta controlar.

Ese mismo síndrome, ha impulsado al pajarraquito mirandino y a unos cuantos más a hacer afiches, recorrer el país, insinuarse como candidatos, pero ninguno de manera tan vistosa como el pajarraquito de marras que, con su banda presidencial y su bluyín, se ha convertido en emblema del extraño síndrome que intento describir. Extraño porque se produce a destiempo, extraño porque le hace el juego a los propósitos circenses de Águila Uno y extraño, sobre todo, porque nadie entiende por qué tantas personas que se consideran sensatas, quieran saltar al agua hirviendo que dejará Águila Uno, cuando su función haya terminado.

Cruzar el océano para después regresar

Pero crucemos el mar océano, lleguémonos hasta el norte del Sahara, y veremos allí al Coronel Gadafi, que es todo lo que se necesita en un país socialista para ser Emperador, intentándose venir a Venezuela, después de 42 años imponiendo su voluntad. Él, como nuestros precandidatos, también está desesperado por llegar. Pero no para competir con Águila Uno, no lo vayan a pensar, sino porque el agua allá ya está hirviendo, y nadie está dispuesto a recibirlo como refugiado… ¿Qué cosa más natural que él, portador que es de la Espada de Bolívar, y habiéndole hecho unos favorcitos muy importantes a Águila Uno, cuando aún no había arribado al poder, se sienta con derecho a ser recibido en Venezuela?

Y aquí, de vuelta en nuestro país, el otro que anda en serios apuros es el propio Águila Uno. No se trata de nada nuevo, Uds. lo saben. Pero ahora es muchísimo peor. Rodeado por las poderosas redes que se vienen estrechando, y ahora presionado, no sólo por los jóvenes para que respete los derechos humanos, sino también por Gadafi que pide que lo reciba… no tiene como decir no.

 
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