Puerto Cabello

Alfredo Fermín

Alfredo Fermín

 

Hemos quedado asombrados con el estado de ruinas en que se encuentra el centro histórico de Puerto Cabello, una de las ciudades históricas del país y de mayores ingresos por la actividad portuaria internacional que allí se desarrolla.

La ciudad está hediondísima porque, no habiendo baños públicos, la gente hace necesidades en plena vía pública y lo peor es que no la limpiaron, ni siquiera, con motivo de la visita del Presidente de la República Hugo Chávez, a finales de enero, cuando pronunció un discurso cerca del malecón. Sin embargo, el alcalde tiene vallas por todas partes promoviendo una gestión de gobierno que sólo está en su mente, porque lo que se ve -por todas partes- es destrucción, ineficiencia, anarquía y marginalidad.

Duele ver al puerto en este estado de abandono, después de que, en 1991, cuando el actual Cronista de la Ciudad, Asdrúbal González, siendo Secretario de Cultura del gobierno de Carabobo, contribuyó a que su paisano, el gobernador Henrique Salas Römer, iniciara un espléndido trabajo de restauración, para poner en valor la arquitectura y la policromía de una de las zonas portuarias más antiguas del continente.

La arquitecto Sara Atienzar y un equipo de expertos, después que concluyeron trabajos de drenajes y cloacas con arcilla vitrificada y los servicios de electricidad que fueron colocados subterráneamente, procedió a la restauración, especialmente de los balcones, de las fachadas de las calles Lanceros, Bolívar y Comercio. Fueron restaurados también el bulevar Valbuena y la plaza Flores, inmortalizada por el cantante Felipe Pirela, en la canción del compositor porteño, Ítalo Pizzolante, en honor a Puerto Cabello, la cual convirtió en el himno oficial de este municipio.

 

Era una belleza

 

Propios y extraños comentaban la belleza del puerto con la policromía de colores en sus edificios. Algunos decían que eso era pura escenografía. Pero la verdad es que, si los porteños hubiesen valorado aquel trabajo, realizado hace 20 años, y hubiesen contribuido a darle vida con establecimientos comerciales y a cuidarlo hoy tendríamos uno de las más hermosas ciudades portuarias del Caribe.

 

Pero ahora ¡qué va! Aquello está tan arruinado, tan abandonado que la legendaria calle Lanceros, la más fotografiada y pintada por artistas aficionados y consagrados del centro del país, es una letrina nauseabunda y peligrosa, por la presencia de malandros, evidenciando que los millones de bolívares por ingresos al fisco municipal, no están dirigidos a la conservación y al embellecimiento de la histórica ciudad.

 

Fuente: El Carabobeño

 
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