Mubarak usó el fútbol para mantener el poder

 

El ex dictador de Egipto se aprovechó del éxito del seleccionado nacional y adoptó el fútbol como un espacio de propaganda. Sin embargo, los aficionados de los principales clubes egipcios fueron partícipes imprescindibles en las manifestaciones que lo expulsaron del poder.

Waldemar Iglesias

EL TRIUNFO COMO PROPAGANDA. Mubarak y el plantel campeón de la Copa de Africa 2010.

 

Hosni Mubarak conocía los alcances del fútbol. Nunca en su vida le había entrado de lleno a una pelota. Pero le constaba que detrás de sus torpezas había un mundo. Hace un año, en ocasión de la consagración del seleccionado egipcio en la Copa de Africa, publicó un mensaje en el diario que le pertenecía a su estado, el Al Masry al Yom: “Mubarak felicita a los héroes del histórico logro y ofrece la victoria al pueblo egipcio”. Así, como dueño y partícipe, el ex presidente de Egipto se mostraba ante su gente. El hombre que no había sacado ni un lateral se exhibía ante la victoria como un integrante más del plantel. Afuera de la Casa de Gobierno donde Mubarak recibía a los tricampeones de Africa, cientos de miles de ciudadanos gritaban su felicidad.

La selección campeona había llegado a El Cairo luego de derrotar a Ghana en la final por 1 a 0, en Angola. En el avión de la victoria también viajaban los dos hijos de Mubarak, Gamal y Alá, y varios miembros de gobierno. Todos ellos aparecieron en la foto triunfal que la parafernalia mediática oficial había puesto ante los ojos del país. Sonreía Mubarak: en su largo mandato de tres décadas, el fútbol de Egipto se había recibido de rey del continente, luego de ganar cinco Copas de Africa.

Retrata el blog Pelota Afuera: “En esas horas de celebración, seguramente Mubarak no imaginó que el mismo pueblo que en ese entonces festejaba en las calles la gesta deportiva un año después estaría en el mismo lugar para reclamar su salida del poder. Desde el martes 25 de enero, miles de manifestantes se enfrentan con las fuerzas de seguridad en medio de un país paralizado. La ola de violencia ya dejó cerca de 300 muertos y miles de heridos. Mientras tanto, continúa la huelga general y en las ciudades más importantes se decretó el estado de sitio y hasta en algunas el toque de queda”. Ahora, Mubarak ya no está en el poder. El clamor popular lo sacó de ese lugar en el que se sentía dueño de vidas ajenas y de conquistas que no le pertenecían.

En el ámbito del fútbol, Egipto es uno de los grandes del continente. Es el que más veces ganó la Copa de Africa (siete; tres más que Camerún y que Ghana) y el que en más ocasiones participó en los Juegos Olímpicos. Su cuenta pendiente histórica es el Mundial, ya que jamás pudo ganar un partido en la máxima competición: participó en 1934 (una derrota) y en 1990 (dos empates y una caída). Sin embargo, mientras se disputaba la última Copa del Mundo en Sudáfrica, Los Faraones ocupaban el noveno lugar en el ranking de la FIFA, su mejor clasificación.


Más allá de su recorrido glorioso a nivel regional, el fútbol en territorio egipcio resultó y resulta frencuentemente un espacio de protesta. Lo contó el escritor James Dorsey: “La participación de los aficionados al fútbol organizado en protestas contra el Gobierno de Egipto constituye la peor pesadilla del Gobierno de cada país árabe. El fútbol, junto con el Islam, ofrecen una plataforma rara en Oriente Medio, una región poblada por regímenes autoritarios que controlan todos los espacios públicos; para la expresión de la frustración y la ira acumulada”.

Sobre los alcances del fútbol egipcio como ámbito de lucha, escribió el periodista Dave Zirim en la revista Sports Illustrated: “El papel fundamental de los clubes de fútbol de Egipto nos puede sorprender sólo si no sabemos la historia clubes de fútbol han desempeñado en el país. Hace más de un siglo, los clubes han sido un lugar donde diversión y oposición contra el Gobierno ha caminado junto. El equipo más importante de Egipto, Al Ahly, comenzó en 1907 como un lugar para organizar la resistencia nacional contra el gobierno colonial británico. La palabra Al Ahly traducido al español significa “El Nacional”, para marcar su postura política contra el colonialismo. Al Ahly ha sido siempre el equipo de los aficionados más polítizados. También es un equipo que ha permitido que sus jugadores hicieran declaraciones políticas en el terreno de juego, a pesar de que esto es una violación directa de los dictados de la FIFA”.

Mohamed Aboutrika -una celebridad del fútbol egipcio nacido en Guiza- además de sumar títulos y gloria en el fútbol de su país, colecciona apodos: le dicen El Fanan (el artista) y El Saher (el mágico). Es símbolo del Al Ahly por los goles relevantes que hizo (para ser tricampeón de la Champions League de Africa y para convertirse en el máximo anotador del Mundial de Clubes de 2006) pero sobre todo por esos mensajes que sus camisetas cuentan. En 2008, le mostró al mundo una leyenda que nacía cerca de su corazón: “Solidaridad con Gaza”. Entonces, él -mediocampista destacado sin antecedentes en la elite de Europa- se encargaba de mostrar que el fútbol también podía ser un lugar para abrazar a los golpeados. Incluso a pesar de Mubarak.

 

 
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