¿Libertad infecciosa?

Alex Capriles M.

 

Áxel Capriles M.
acaprile@ucab.edu.ve

Casi todos los dictadores surgieron con proclamas de igualdad y libertad

 

1,9 millardos de personas, cerca del 30% de la población mundial, vive bajo el dominio de dictadores y autócratas según cifras de la Free Africa Foundation. Esa es una cantidad colosal, más si tomamos en cuenta que multitud de gobernantes fungen de demócratas y pasan bajo el radar de los observadores internacionales. Creemos que hemos avanzado significativamente en libertades, pero nunca antes en la historia de la humanidad había vivido tanta gente bajo el dominio y la garra de tan pocos. Recordemos que a finales del siglo XIX la población mundial era de apenas 1,6 millardos. Pero lo más desconcertante, y lo que habitualmente pasa desapercibido, es que el aparato del Estado moderno ha dado a los gobernantes herramientas con las que nunca antes contaron los reyes ni los emperadores. Los mecanismos de sumisión, como la propaganda, son más sofisticados. Hay, además, formas de riqueza que por su desmesura doblegan al ciudadano. El petróleo es una de ellas.

Guzmán Blanco y Monagas nunca tuvieron la opulencia, las armas y los medios de comunicación de un Hugo Chávez para dominar y controlar. Los viejos emires del desierto jamás soñaron con el poder de nuestros socios comerciales de la OPEP.

Ahora, después de décadas de opresión, la revolución en los países islámicos ha llenado al mundo de esperanza democrática. ¿Es fundado el optimismo? La libertad tiene algo de contagiosa. Se propaga por efecto imitación. Así sucedió con la revolución americana a principios del siglo XIX o con la caída del régimen soviético. La salida de Ben Alí y Mubarak y los levantamientos contra Muamar Gaddafi tras 42 años en el poder, hacen pensar que el concepto de libertad ha calado en el alma de los monoteístas musulmanes. Aunque el nuevo ideal sea positivamente infeccioso debemos pensar en los límites que impone la cultura. Hay pueblos que trabajan inconscientemente para volver a ser dominados tras paréntesis democráticos. Casi todos los dictadores surgieron con proclamas de igualdad y libertad.

 

 

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