Ebullición indetenible

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial.

Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

 

Venezuela no escapa a los vientos que soplan desde África. Se ha impuesto la lucha de calle contra regímenes que pretenden eternizarse. La democracia, el gobierno del pueblo y para el pueblo, la participación protagónica, ha penetrado a través de la comunicación instantánea y las nuevas generaciones han levantado la mirada hacia el mundo moderno, civilizado y abierto al futuro, de hecho, de nuevo siglo.

En nuestro país, como en aquellos, cercanos a la inflamables arenas del desierto, se han levantado los jóvenes que han mostrado una manera diferente de hacer política, y que se distanciaron con estrategia propia, de lo tradicional, de las formas de los partidos políticos, y por eso encontraron eco en la población y el gobierno se vio obligado a negociar, lo que jamás pensó en negociar, sino en aplicar: “gas del bueno” y “agavillamiento de bandas armadas y asadoras de carne en parrilla”.

La negociación del gobierno con los muchachos, pudiera ser un cambio de estrategia, que junto al supuesto “diálogo” en la Asamblea Nacional, está dirigida a desmontar la imagen negativa que a nivel internacional se ha ido profundizando. Pero el cambio no se realiza sin la consideración de duras realidades que rodean y presionan al gobierno.

Al visitar los supermercados los venezolanos se encuentran con diversas marcas de leche: uruguayas, peruanas, ecuatorianas; carnes de Brasil, de Argentina, de Paraguay. No hay suficiente azúcar, el café desaparecido, y lo que existe tiene precios por encima del nivel de inflación del año pasado; los productores del Sur del Lago están rodeados de fusiles y bayonetas; los productores avícolas están en quiebra por la importación de pollos; a pesar de subir de precio, la producción de petróleo es menor cada día y buena parte de ella está siendo entregada a precios miserables, por acuerdos por demás antipatrióticos con otros países consumidores.

El gobierno no puede modificar, porque no tiene como atajar el deslave económico, del que tanto se le ha hablado sin que muestre disposición a escuchar. No puede bajar la inflación a pesar de las ofensas de Giordani contra la voz mayoritaria de los electores venezolanos, representada por los diputados de la Oposición. El endeudamiento está atascado, mientras crecen los intereses y pagos conminatorios. Y tampoco puede el gobierno cerrar las válvulas del descontento popular. No se apacigua ni el hambre vieja ni el hambre nueva.

Es un atolladero cuando se escucha la voz de María Corina Machado indicando que el tiempo se les acaba y que no seguirán en el poder por no hacer nada a favor de las clases sociales que dijeron defender, hasta con la espada de Bolívar que recorre a América Latina, y cuya copia le fue entregada solemnemente a quien está masacrando a su pueblo, y quiere, después de 42 años en el poder, seguir maltratando a sus ciudadanos.

Amor, con hambre no dura.

 
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