El Zuloaga apóstol

Macky Arenas

Macky Arenas

 

Hay personas que mueren y uno siente que con ellos se va toda una época. Su ausencia es desgarradora porque se llevan una manera de vivir, de cosechar y de compartir, de trabajar y de prosperar, de pastorear y de amar. Ricardo Zuloaga vivía como pensaba, fiel a sus principios y a la ética que inspiraba su sentido de responsabilidad: pasar por la vida para defender valores.

Ricardo Zuloaga

Ricardo Zuloaga

¿Qué valoraba Ricardo Zuloaga? Un país con oportunidades para todos, solidario y generoso; una economía abierta, de posibilidades, libre y motor para la individual iniciativa; una educación que formara para la excelencia, que egresara ciudadanos capaces de edificar un país de primer mundo, competitivo, atrevido, que aceptara grandes retos. Una democracia sólida, que sirviera de marco al desarrollo, a la prosperidad, capaz de contener cualquier intento de resquebrajarla. Eso quería Ricardo Zuloaga y por ello trabajó, con temple de apóstol, hasta el último minuto de su vida.

Tal vez una de las características de personalidad más apabullantes de ese viejo espectacular era su serena humildad. Simplemente, resultaba atronadora en tiempos de petulantes, de mediocres alzados y de gente desaforada persiguiendo notoriedad. Ya perdí la cuenta de las ocasiones en que lo vi, sentado en la última hilera de butacas de algún evento, o tratando de escuchar a un orador parado detrás de alguna lejana columna porque no había puesto en el local. Más bien se esmeraba en destacar las cualidades del prójimo y si se trataba de gente joven, a la que había que estimular, lo hacía con más entusiasmo. Llevaba al emprendedor en la sangre y al júbilo en el espíritu. Jamás necesitó levantar la voz para que sus planteamientos despertaran interés. Transmitía tanta paz como podría hacerlo un asceta. A quienes tuvimos la suerte de conocerlo, tratarlo y frecuentarlo, verlo aparecer en cualquier escenario era preámbulo de una segura muy interesante conversa. Inspiraba un respeto que le salía a uno del fondo del corazón.

Tiene que haberlo angustiado de manera lacerante lo que estaba viendo sufrir a su país. Un país al que entregó sus mejores ímpetus de profeta. Porque profeta es el que porta un mensaje y propaga una doctrina. Y a eso se dedicó Ricardo Zuloaga. Silencioso, amoroso, luminoso, fue el Zuloaga profeta. Porque, a lo largo de 6 generaciones, se sabe que los hubo luminarias en las artes, la empresa, las distintas profesiones y hasta en la política. Pero titilante, laborioso, fecundo y alegre como un profeta, este Zuloaga. Como recitaba el poeta “andaba con el viento y el agua, abría ventanas, echaba abajo las puertas, rompía muros e iluminaba rincones”. Ahora caminará sobre otras cordilleras, enderezará otros ríos y ya no habrá secretos para él. Pero su fecunda prédica permanece como chispa enceguecedora para quienes pretendan oscurecer el destino de la patria.

 
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