FALACIAS DEL ESTADO EMPLEADOR

El gobierno unió las cifras de la economía formal e informal calificándola de población activa ocupada. Con la fusión de cifras se pretende esconder la verdadera realidad del desempleo, pero ello no oculta la mayor pobreza y delincuencia.

Leonor Filardo
cedice@cedice.org.ve

 

Con la fundición de cifras se pretende esconder la verdadera realidad del desempleo

 

Desde tiempos remotos se asume que los gobiernos tienen la obligación de defender a los pobres y proveer empleos. Son banderas fundamentales en las campañas de los líderes políticos que ofrecen regalos, como San Nicolás, pero que no cumplen. Existe la creencia de que el Gobierno tiene la habilidad y el deber de garantizar a cada habitante un trabajo digno y una cadena de prebendas. Un salario mínimo medido por una canasta de bienes y servicios que no corresponde a la realidad: seguro de salud, bono vacacional, aguinaldos, pensión del Seguro Social, jubilación y vivienda; no importa lo que realmente debe tomarse en cuenta para su contratación: la productividad del trabajador, su rendimiento individual por su formación, méritos y destrezas.

 

En Venezuela, las constituciones del 61 y el 99 consagraron el Estado paternalista y se aprobaron leyes laborales proteccionistas. En los 70 se inicia la estatización de empresas, que se profundiza a partir de 1999, complementándola con expropiaciones y confiscaciones de fincas, terrenos, edificios, bancos, cadenas de radio y televisión, y liquidando sectores como el inmobiliario, algunos bancos y casas de bolsa.

 

A los sindicatos, defensores de los derechos laborales a partir del Pacto de Punto Fijo, el Estado les reconocía como representantes legítimos de los intereses de los trabajadores y les concedía la participación en las decisiones de la clientela sindical.

 

¿Cuál ha sido el resultado del Estado capitalista y empleador? ¿Aumentó el empleo productivo? ¿Cuál papel han jugado los sindicatos? ¿Alcanzaron mayores beneficios para sus afiliados?

 

Respecto a las dos primeras preguntas, la respuesta contundente es No, el Estado capitalista lo que hace es apropiarse y destruir empresas y toda fuente de empleos. Se dedica a distribuir la renta petrolera a su capricho. No existe un solo caso exitoso en nuestra historia contemporánea de creación genuina de empleos productivos. La politización y el clientelismo se confabularon para alcanzar la dramática destrucción del aparato productivo y del empleo.

 

Prueba de ello es la manipulación de cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) que hasta 2004 publicaba las de empleo formal e informal, empleo público y privado. El formal es la contratación de los sectores público y privado. El informal los trabajadores por su cuenta. De 1998 al 2003 la proporción de empleo formal/informal era de 47,30%-52,70%; y el público/privado era de 16%-86%. A pesar de las nacionalizaciones de los 70, el sector privado continuó generando la mayor cantidad de empleos, no obstante que el entorno se minó de un mercantilismo que a la larga lo ha conducido a su propia destrucción. En 2003, cuando se publicaron estas cifras y las del aumento de la pobreza, el Presidente le llamó la atención al director del INE. Ahora fusionaron las cifras de la economía formal e informal calificándola de población activa ocupada. Ésta en 2010 fue de 12.542.151 de personas. Con la fundición de cifras se pretende esconder la verdadera realidad del desempleo, pero ello no oculta la mayor pobreza y delincuencia.

 

En cuanto a los sindicatos, su objetivo primordial ha sido asegurar que el salario real sea superior al del mercado, lo cual ha llevado a la quiebra de numerosas empresas. Por ello, el resultado ha sido contrario a lo que se buscaba: el empleo se desplomó, y a partir de los 80 la tasa de desempleo se duplicó. Desde entonces, se ha mantenido en promedio 10,35%, siendo la mayor tasa 12,80%, correspondiente al periodo 1999/2010, que seguro es más alta sin la manipulación de cifras. La explicación es simple: el salario se determina en el mercado laboral por la oferta y la demanda, y ésta por la productividad marginal del trabajador. Si el salario sube por encima de este nivel, aumenta el desempleo, mientras los beneficios, de obtenerse, son a costa del despido de trabajadores.

 

Según un reciente informe de Provea, en el actual periodo proliferaron sindicatos mafiosos que, además de generar guerras entre ellos, mercadean puestos y aplican tarifas al salario (100%, 50% y 25% durante los tres primeros meses), que son pagadas a los líderes sindicales. Además chantajean a los patronos con huelgas.

 

Es una falacia pensar que el Estado pueda crear empleos genuinos o que los sindicatos pueden lograr beneficios para sus miembros. La única manera de generarlos es aprobando leyes y ejecutando políticas que permitan el funcionamiento libre de los mercados.

 
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