Gaddafi tiene amigos

Que en política internacional, los intereses económicos cobran precedencia por sobre los principios, es una verdad del tamaño de un templo. Sólo en casos extremos, tal parece, son los principios los que cobran prelación.

De lo que aquí relata la prensa española sobre las amistades de Gaddafi, surge la idea de que, entre los mandatarios de su época, Ronald Reagan fue quizás la excepción.

Hay otros, que aún en condiciones extremas se mantienen fieles a sus amigos. Mientras los quince miembros del Consejo de Seguridad, incluyendo Rusia y China, condenan hoy la actuación de Muamar Gaddafi, Fidel Castro se mantiene a su lado… y el gobierno venezolano, también.

ABC de la semana

Cuando los socialistas le salvaron la vida

Si Gaddafi sigue vivo aún hoy es, en parte, gracias a Felipe González, Craxi y Mitterrand.

LIBERTAD DIGITAL

Tirano, sátrapa, loco, o genocida son sólo algunas de las lindezas con las que describen a Gaddafi estos días políticos, columnistas y medios de comunicación. Algunos, como Público se empeñan en señalarle como amigo personal de Aznar, por aquel caballo que el entonces presidente del Gobierno español regaló al líder libio. Otros no se olvidan de los encuentros más recientes que ha tenido Zapatero con Gaddafi.

En cualquier caso, tampoco viene mal recordar, como hace este domingo ABC, quienes participaron, de una u otra manera, en la operación que llevó a cabo Ronald Reagan desde EEUU, para acabar con el líder libio, Gaddafi, a quien el americano apodó “perro loco”. Conviene recordar que se trata de un terrorista que ha organizado atentados en occidente.

En este sentido, ABC recuerda el episodio acaecido en Trípoli el 15 de abril de 1986 cuando Ronald Reagan bombardeó la vivienda de Gaddafi sin lograr acabar con el líder sanguinario y terrorista libio. Precisamente, el reportaje apunta uno de los motivos por los que el ataque no logró su objetivo: La España de González, Francia de Mitterrand y la Italia de Craxi lo impidieron cortando su espacio aéreo a los aviones norteamericanos.

El 12 de abril de 1986, Reagan envía un mensaje a Felipe González para informarle de su decisión de lanzar un ataque contra Gaddafi tras el atentado terrorista contra una discoteca en Berlín una semana antes el 5 de abril y cuya autoría se atribuía a Gaddafi. Semanas antes se informaba de reuniones entre Gaddafi y miembros de ETA y el IRA, además el 13 de abril Italia informa de que Gaddafi había entregado a ETA un millón de dólares.

Pese a todo, González se negó a que los aviones de combate norteamericanos destacados en Reino Unido atravesaran el espacio aéreo español. Fue el primero, luego denegaron su autorización los gobiernos de Francia e Italia, siendo este último el encargado de avisar a Gaddafi de las intenciones de los norteamericanos.

Sin autorización para sobrevolar España, Francia e Italia, los aviones americanos tuvieron que añadir 12 horas más de vuelo en una ruta alternativa por el atlántico. Tiempo que aprovechó el tirano libio para esconderse y evitar la muerte.

© Libertad Digital SA Juan Esplandiu 13 – 28007 Madrid

EL NEGOCIO DEL TIRANO

Aznar, ese buen amigo

El expresidente del Gobierno frecuentó al dictador libio tras salir de La Moncloa. Le elogió por hacer “el camino contrario al de Cuba”, y su espaldarazo se extendió al tunecino Ben AlÍ.

IGNACIO CEMBRERO

 

Los jefes de Estado y de Gobierno europeos visitan oficialmente a los autócratas del Tercer Mundo y, a veces, justifican bajo cuerda esos viajes alegando que defienden los intereses del Estado, que abren mercados a las empresas de su país y crean así empleo. Rara vez, sin embargo, esos líderes occidentales mantienen relaciones personales con los sátrapas cuando dejan el poder.

José María Aznar, el expresidente del Gobierno, sí continuó frecuentando al líder libio Muamar el Gaddafi tras dejar el Gobierno en 2004. Un año antes, cuando era aún jefe del Ejecutivo, ya mostró grandes deseos de estrechar lazos con él. Fue el primer líder occidental en viajar a Libia tras el levantamiento de las sanciones de la ONU (después de que Gaddafi abdicara del terrorismo y entregara a dos sospechosos del atentado de Lockerbie, que causó 270 muertos en 1988). La ONU tomó su decisión el 12 de septiembre; cinco días después, Aznar comenzaba la ronda de visitas de mandatarios occidentales al coronel.

“Libia está haciendo el camino exactamente contrario al de Cuba”, resaltó entonces Aznar ante la prensa, dando a entender que Gaddafi practicaba la apertura mientras que el cubano Fidel Castro se enrocaba. Él se había desplazado a Trípoli acompañado de 28 grandes empresarios, algunos de los cuales cerraron contratos más tarde.

Cinco años más tarde, cuando ya llevaba cuatro fuera del poder, Aznar regresó a Libia. Gaddafi “le ofreció un banquete” en Sirta, al este de Trípoli, según la versión de la agencia de prensa oficial libia Jana. Era febrero de 2008. En diciembre de ese mismo año ambos volvieron a tener una cita gastronómica, esta vez a las afueras de Sevilla, a la que se incorporó Ana Botella, concejal del Ayuntamiento de Madrid y esposa de Aznar. El dirigente libio inició su último viaje a España con una cena privada con el matrimonio Aznar, al que invitó a degustar tres corderos preparados por su cocinero.

Horas antes de viajar a Sirta en 2008, un desplazamiento que Aznar intentó mantener en secreto, pero al que los libios dieron publicidad, el expresidente suscribió un comunicado con el exjefe de Estado checo, Václav Havel, sobre Cuba. Raúl Castro acababa de sustituir a su hermano Fidel al frente del país y ambos ex mandatarios afirmaron al unísono que aquello significaba “la prolongación de la tiranía”.

Expresando su repulsa al relevo en Cuba, pero acudiendo a estrechar la mano de Gaddafi, Aznar reformulaba con gestos su vieja idea de 2003: “Libia está haciendo el camino exactamente contrario al de Cuba”. En aquel momento, sin embargo, el número de presos de conciencia en Libia casi duplicaba al de Cuba. La Asociación Iberoamericana por la Libertad contabilizaba 234 en las cárceles cubanas, mientras que en las de Libia eran 450, según el Comité de Solidaridad con los Presos Libios de Conciencia.

Aznar no se paró en barras y dio también un espaldarazo al presidente tunecino, Zine el Abidine Ben Ali, que le recibió en audiencia en noviembre de 2008. Le había invitado a Túnez para asistir a un seminario organizado por el partido hegemónico de ese país, el Reagrupamiento Constitucional Democrático, con motivo del 21º aniversario del llamado “golpe de Estado médico” que sirvió a Ben Ali para auparse al poder.

En su discurso, el expresidente español alabó la “apertura y progreso” de Túnez bajo Ben Ali. Más tarde, ante la prensa local, recalcó “el desarrollo, la seguridad y la estabilidad” que proporcionaba Ben Ali a su país. Desde Túnez, Aznar voló a Argel para entrevistarse con el presidente Abdelaziz Buteflika. El único país norteafricano al que Aznar no ha regresado desde que dejó el poder es Marruecos.

La visita de Rodríguez Zapatero

Alejandro Agag, yerno del expresidente, es, en parte, de origen argelino -su padre fue gobernador del Banco de Argelia-, pero sus negocios en el mundo árabe comenzaron por el golfo Pérsico, con Qatar. El viaje de José Luis Rodríguez Zapatero a Trípoli, en junio pasado, abrió nuevas oportunidades de negocios y le brindó a Agag la posibilidad de iniciar su andadura en Libia.

Al mes siguiente de esa visita puso en marcha en Libia un inmenso coto de caza repleto de perdices importadas de España. Para alojar a los cazadores se erigiría un hotel de lujo con su correspondiente spa. La inversión ascendía a 50 millones de euros y contaba con poderosos socios libios. La parte española de la operación se ocupó de la parcela cinegética y la parte libia del desarrollo turístico.

Zapatero esperó para viajar a Trípoli a que quien era entonces su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, concluyese, en la primavera de 2010, la labor de buenos oficios en la llamada crisis de los visados entre Libia y la Unión Europea. (El régimen de Gaddafi amagó con la prohibición de entrada en su territorio a ciudadanos de los 29 países europeos miembros del Acuerdo de Schengen después de que Suiza, que forma parte de ese acuerdo, vetara la entrada en su territorio de la familia Gaddafi y otros altos cargos libios. El incidente comenzó cuando Aníbal, uno de los hijos de Gaddafi, y su esposa, embarazada, fueron detenidos en un lujoso hotel de Ginebra a raíz de una denuncia por malos tratos presentada por dos de sus sirvientes. El presidente de Suiza hubo de pedir perdón para facilitar el fin del conflicto de los visados).

Gaddafi recibió a Zapatero en una jaima (tienda nómada) en el desierto, pero la suya tenía aire acondicionado. Al rey Juan Carlos le hizo pasar ciertos apuros al acogerle, en enero de 2009, en las puertas de su residencia de Bab el Aziziya, bombardeada por EE UU en 1986 y nunca reconstruida para dejar constancia de la “barbarie” del entonces presidente norteamericano, Ronald Reagan.

Ese fue el lugar elegido por Gaddafi para pronunciar, el martes pasado, un largo discurso salpicado de amenazas.

@ediciones el país – España

 

En Venezuela también

Uno y muchos

Alejandro Tarre

Cientos, sino miles, de víctimas de la brutal represión del régimen libio. Gaddafi diciendo en la Plaza Verde de Trípoli que la gente que no lo ama “no merece vivir” y anunciando la distribución de armas de los arsenales estatales para proteger a su gobierno. Reportes divulgados por el Secretario General de la ONU de que tropas libias “han entrado en los hospitales y clínicas para matar a oponentes.” Docenas de videos, imágenes y testimonios confirmando la brutal represión.

¿Y cómo reacciona el gobierno de Venezuela?

El embajador de Venezuela en Libia dice que en Trípoli todo está tranquilo y que lo reportes de violencia son exageraciones de los medios (a pesar de que Telesur, cuya cobertura de la crisis ha dejado mucho que desear, informa lo contrario).

El canciller Maduro, después de hacer gala de su conocimiento Wikipedia de Libia, señala en la Asamblea Nacional que lo que ocurre en Trípoli es que el imperio busca crear condiciones para intervenir el país y apoderarse de su petróleo.

Menos sutil, el vicepresidente para África del Norte venezolano alaba los logros de la dictadura de Gaddafi, declaración, claro está, que jamás hubiese hecho sin la aprobación del presidente.

¿Y Chávez? * ¿Cómo reaccionó Chávez ante la violencia en Libia, país donde, gracias a Gaddafi, un estadio de fútbol lleva su nombre? Con inusual prudencia. Uno bien sabe que su corazoncito está con Gaddafi, pero muy habilidosamente mezcla su apoyo a su gobierno con su amistad con otros líderes árabes y el pueblo árabe. Dice que está a favor de la paz, pero al mismo tiempo se abstiene de condenar la represión del gobierno libio.

Hay quienes dicen que Chávez es un frío calculador, que sospesa muy bien cada acción midiendo con suma precisión sus posibles efectos políticos internos y externos.

Otros dicen que Chávez actúa por instinto, dominado siempre por sus emociones, al punto que muchas veces dice y hace cosas que lo afectan considerablemente sin traerle ningún beneficio.

Su reacción a los sucesos de Libia -en la que surgió el Chávez fríamente calculador- revela que las dos cosas son ciertas.

 

 

 


* Hugo Chávez  también se pronunció, días antes de que estallara el conflicto en Libia, sobre su relación con Gaddafi. Lo siguiente fue recogido por ABC de la semana en su editorial titulado, Gaddafi está preocupado. Citamos el párrafo de marras: El domingo pasado, desde otro incendio, el generado por las explosiones en los almacenes de CAVIM, señaló: “Sólo quiero pronunciarme… por respeto a la soberanía de esos países. Porque ya se ven declaraciones en Washington y en algunos países de Europa (sobre Egipto). Como me dijo el presidente Gaddafi es bochornoso y da como asco, me dijo, ver la intromisión de Estados Unidos, queriendo tomar el control.”

 
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