LIBIA: UNA REVOLUCIÓN INCOMODA*

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Los países europeos tratan de ocultar su vergonzosa debilidad frente a un petro-dictador que ellos apoyaron a cambio de compra de armas y entrega de yacimientos, y que ahora les resultó un asesino, incurso en delitos contra la humanidad.

Manifestantes libios protestan contra Muamar Gaddafi en la ciudad suroccidental de Nalut, Libia.

Si bien en Europa, y en particular en Francia, las explosiones revolucionarias en las regiones periféricas tienen buena acogida en la opinión pública, sobre todo en los medios intelectuales, la que está ocurriendo en Libia los ha sumido en un silencio discreto poco usual.  Por lo general, esos acontecimientos son aprovechados para ocupar espacios mediáticos y a dar visibilidad a los profesionales de la opinión.  Incluso a improvisados “especialistas”, como fue el caso de Venezuela a comienzos del reinado de Hugo Chávez: no había programa de radio o de televisión en el que no apareciera el director de Le Monde Diplomatique difundiendo la palabra del nuevo líder del tercermundismo.

Pero no se trata sólo de la opinión pública y de los intelectuales, sino de los gobiernos europeos agobiados por un malestar culpable ante los acontecimientos que tienen lugar en Libia.  Parecería que les cuesta despertar de un mal sueño.  Alain Juppé, ministro de la Defensa de Francia, admitió hoy en declaraciones a la radio, que en las relaciones con el régimen de Gaddafi que había “errores colectivos”.

Hoy cuando  ven en directo las masacres de civiles perpetradas por mercenarios africanos y de países del Este, asalariados del dictador libio, y el empleo de ametralladoras antiaéreas contra la población, surgen también las imágenes de la manera cómo los gobiernos europeos eximieron a Gaddafi de su condición de Estado terrorista.  Gaddafi desarrolló una hábil campaña de seducción empleando el medio del cual se sirven los petroestados: compra de armamento y promesas de prospecciones petroleras.  Admitió su responsabilidad en el atentado de Lockerbie contra un Boeing de Panam que causó 270 muertos y el del DC 10 de UTA en Níger, de 170 muertos-la mayoría víctimas europeas-y pagó las sumas exigidas por la justicia.  Libia cesó de ser considerada un Estado terrorista y todos los gobiernos europeos se lanzaron a la caza del mercado de armas que representaba la petrodictadura libia y concesiones petroleras.  Y pese a la denominación oficial del país, impuesta por el corones Gaddafi tras el golpe de Estado de 1969 que derrocó al monarca Idriss el Sanusi, de “Grande Yamahiria árabe Libia popular y socialista”, el primero en acudir a Trípoli a reunirse con el coronel fue José María Aznar (2003), entonces Presidente del gobierno español, particularmente alérgico al socialismo, a firmar un convenio de 200 millardos de dólares.  Le siguió en 2004 el británico Tony Blair que firmó también convenios millonarios, en pago de los cuales liberó ala acusado del atentado de Lockerbie que había sido condenado en Gran Bretaña.  Hoy es la empresa de comunicación que posee Tony Blair la encargada de la difusión de la imagen del régimen libio.  En Francia, tras la sonada liberación de unas enfermeras búlgaras condenadas a muerte en Libia, acusadas de haber contaminado de sida a ciudadanos libios, obtenida por Nicolás Zarkozy, el coronel Gaddafi en retribución pidió ser invitado oficialmente a Francia.  A cambio de la compra de armas por varios millardos de euros (que por cierto el coronel no respetó, pues prefirió comprarle las armas a Rusia) exigió se le concedieran todos sus caprichos, como el de plantar una tienda beduina en las inmediaciones del palacio del Eliseo en donde se alojó.

Por cierto que, la llegada del coronel Gaddafi a París coincidía con la fecha en que se celebra el día internacional de los Derechos Humanos: 10 de diciembre 2007.  Por su lado Alemania le otorgó un crédito de cooperación para la formación de fuerzas policiales.  El país más dependiente de los petrodólares libios es el antiguo poder colonial de Libia, Italia, cuyos intercambios comerciales alcanzan el 45% del mercado libio.  El otro rubro de dependencia europea hacia Libia, además del petróleo, es el vasto convenio de cooperación migratoria suscrito con el gobierno libio. El coronel Gaddafi, en retribución a su aceptación en el seno de la comunidad internacional, se comprometía a controlar, dificultar, el desplazamiento de inmigrantes africanos a Europa. Es por ello, que ante la crisis y el posible estallido de una guerra civil y la consecuente ola migratoria que acarreará el caso libio, se encuentran reunidos en Italia los ministros del Interior europeos.

Si bien la caída de Ben Alí en Túnez y la de Mubarák en Egipto significaron un engorro para Occidente, la existencia de estructuras administrativas y estatales sólidas en esos países,, han hecho posible la continuidad de las relaciones diplomáticas.  El caso de Libia es diferente, pues se trata de un país cuya administración es opaca, que no cuenta con estructura digna de ese nombre, integrado por tres regiones de reciente unificación, las cuales están integradas por tribus que Gaddafi federa y le otorgan fidelidad a cambio de la distribución de los petrodólares.  Según testimonios recientes, pues las comunicaciones telefónicas y de Internet han sido cortadas, y la presencia de periodista considerada ilegal, el asesinato de miembros de las tribus ha hecho que éstas lo hayan abandonado. Parecería que sólo le queda el apoyo de su propia tribu, incluso también dividida y los mercenarios africanos de los que se ha rodeado y le permiten atrincherarse en Trípoli, todavía bajo su control.  El patético llamado a la población de apoyo masivo que hizo el martes pasado en su discurso televisado, no tuvo efecto.  Tobruk y Bengazi han caído en manos de los rebeldes.

En estos momentos, el país aparece dividido en dos y lo que parece perfilarse es una situación de guerra civil entre Trípoli y las regiones liberadas.  Las noticias que nos llegan en estos momentos, revelan que las milicias de Gaddafi penetran en los hospitales y rematan los heridos; igualmente se habla de ejecuciones masivas de militares que se niegan a disparar contra la población y que el terror reina en la capital.

Esta situación me recuerda la situación de Camboya a manos de los jemeres rojos (khmer rouge) a la que le puso término la intervención militar de Vietnam.

Cabe preguntarse si el ejército tunecino y el egipcio, entre los cuales geográficamente se encuentra Libia, decidirán tomar la iniciativa de una acción semejante a la vietnamita para evitar que se instale un estado de guerra en el país fronterizo, una situación que no le conviene a ningún país de la región.

Buteflika en Argelia acaba de suspender el estado de sitio en vigor desde hace varios años, con el fin de  calmar el clamor popular.  Y el rey de Arabia Saudita, al regreso  de su período de convalecencia, ordenó al gobierno otorgar 35 millardos de dólares como ayuda a los estudiantes.  En el reino saudí, el 70% de la población tiene menos de 20 años.

Es innegable que nos encontramos ante una nueva realidad geopolítica árabe en la que Egipto está llamado a ejercer una influencia tan determinante en el Maghreb como la tuvo durante el régimen de Nasser.  Si la Cisjordania es tocada también por la onda de rebelión, le llegará la hora de la verdad a Israel: la única opción que le queda es otorgarle la independencia.  En Bahréin, antigua posesión iraní, la mayoría chiita se muestra liberal, abierta a la democracia, lo que es una mala noticia para Ajmadineyad que se apoya sobre la corriente Chíi de Irán.

Por lo pronto, de nuevos anuncias del Coronel Gaddafi y de nuevos acontecimientos.


* Título original: LIBIA: LA REVOLUCIÓN INDESEADA[i]

 

 
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