“Es la política, estúpido”.

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza

acostnelson@gmail.com

 

La frase que encabeza este artículo proviene de la archiconocida expresión “es la economía, estúpido”. Su origen  se ubica en el marco de la campaña presidencial norteamericana de 1992. Poco antes de esas elecciones, Bush (padre) era considerado imbatible, fundamentalmente por sus éxitos en política exterior, habiendo presidido el fin de la Guerra Fría y triunfado en la Guerra del Golfo Pérsico; su popularidad había llegado al 90% de aceptación, un record histórico. En esas circunstancias, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, señaló que éste debía enfocarse en cuestiones relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. Esta frase recordatorio se convirtió en especie de slogan no oficial de la campaña de Clinton; y fue decisiva para modificar la correlación de fuerzas y derrotar a Bush.

La referencia viene a cuento para llamar la atención sobre que prioridad establecer en el ámbito del debate electoral de cara a las elecciones presidenciales de 2012. En  que arista corresponde posar la voluntad política. ¿En lo económico y reivindicativo? ¿En la denuncia social? ¿En eficacia gerencial o ausencia de ella? Desde luego, no es tarea fácil dilucidar temas tan complejos. Sin embargo, intentemos esbozar una repuesta.

 

Me parece que un despeje apropiado de esta ecuación  pudiera ubicarse  en un relato que condense todas estas demandas en una sola oferta de índole político. Una propuesta  que pueda resumir y trasvasar lo estrictamente electoral. En otras palabras, lo que el encabezado de este escrito quiere resaltar es que las denuncias y demandas sobre temas particulares  no construyen por si mismas alternativas de poder. Pueden agitar y profundizar crisis coyunturales. Sin embargo, para potenciar su carga cuestionadora se hace indispensable articularlas  a una oferta que las condense en una sola demanda política. De lo contrario, se vacían de contenido.  Recientes conflictos ejemplifican lo anterior. El gobierno los ha neutralizado: evitando  que de “petición” reivindicativa las protestas muten a la condición de “reclamo” político.

 

¿Cómo lograr el tránsito? ¿Qué puente es necesario construir? ¿Cual consigna? Veamos. Sin la intervención de la política, la petición reivindicativa no pasa de ser exactamente eso: una petición. No constituyen una amenaza. Este tránsito se produce cuando estas exigencias se evocan mutuamente y se condensan en un solo reclamo. Lo que intentamos decir es que el cambio democrático para que se produzca necesita de una dimensión totalizadora que permita, por un lado, proporcionar contenido político a las peticiones reivindicativas y, por el otro, configurar una alternativa al poder dominante. La exigencia de soberanías regionales pudiera proporcionar dimensión nacional a estas peticiones particulares.

 

En este marco, la expresión  “que bajen los recursos”, se transformaría de petición reivindicativa a reclamo político.  Cargada de significación soberana, cuestionadora del poder central y simiente de un nuevo acuerdo nacional.

 
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