Descaro mediático

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

Nunca antes de manera tan descarada los grandes medios de comunicación habían pedido, casi implorado, el inicio de una guerra. Lo estamos viendo y escuchando a diario en las noticias sobre la difícil situación que vive el pueblo de Libia.

Insistimos en el tema de Libia y el comportamiento de las empresas transnacionales de la comunicación porque es intolerable que la opinión pública mundial acepte una manipulación de los hechos para justificar -sin importar si las razones son válidas o no- la intervención de fuerzas extranjeras en un país donde se ha desatado un conflicto.

Causa indignación que un comunicador social diga que “están pasando los días y si la comunidad internacional no se decide a ayudar a los rebeldes, el presidente libio seguirá en el poder”. Está clarito, se pide la invasión a Libia, armar a la población, se aboga por la guerra civil, por el caos.

Hasta los que intentan ser más moderados pecan en la demanda de una guerra. Por ejemplo, si las encuestas apuntan que el pueblo norteamericano no quiere otra guerra, que desea el cese de las intervenciones de Estados Unidos en Irak y Afganistán, el comentarista del espacio noticioso agrega que el pueblo “siente indudable simpatía por los rebeldes libios”.

A los grandes medios de comunicación ya les resulta aburrida la cobertura de las protestas en el país africano, les preocupa grandemente que la situación tienda a normalizarse o que la ONU y otros organismos internacionales se involucren en esfuerzos por el diálogo, por el entendimiento entre las partes o que puedan aceptar la propuesta del presidente Gaddafi de visitar Libia para constatar lo que allí ocurre, lo que sería un desmentido a tantas mentiras que los medios han voceado en el mundo entero.

Contrasta la manera como se maneja una noticia sobre Libia y otras que tienen lugar en la misma región. En un segmento noticioso se comenta la “horrorosa represión del ejército libio contra la población civil”, por supuesto, sin imágenes de los bombardeos y de las masacres que han dejado miles de muertos según repiten siempre.

En cambio, las cámaras detallan el despojo que sufren los palestinos, forzados a abandonar el lugar donde han vivido por miles de años, impotentes ante el avance de las maquinarias israelitas, con sus niños desconsolados, aterrorizados, llorando a gritos, abrazados a las piernas de sus padres. ¿Por qué esas escenas no merecen fuertes comentarios de los grandes medios?

En Libia, como en toda África y el Medio Oriente, son inevitables los cambios, pero éstos deben ser gestados e impulsados por su misma gente. El intervencionismo, el voraz apetito de las potencias extranjeras por la riqueza petrolera libia, deben ser condenados y frenados por la opinión pública internacional, por el bien de la humanidad, por un futuro basado en el respeto entre pueblos soberanos, en la justicia, en la igualdad.

 
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