Tiempo de Tsunamis

 

JESÚS HERAS –

Los primeros tres meses de 2010 fueron especialmente dramáticos. En enero se produjo el terremoto de Haití, dejando más de cien mil muertos, algunos hablan de trescientos mil, y no menos de un millón de seres sin hogar, aquí no hay discusión. Luego le tocó a la Isla de Okinawa, al sur del Japón, donde se registró un sismo de 7 grados de magnitud.

Un día después, el 27 de febrero, en el mismo Océano, pero del otro lado del mundo, le correspondió a Chile, cuyo terremoto, el segundo más fuerte en la historia de ese país, fue 31 veces más intenso y liberó 179 veces más energía que el terremoto de Haití. Al producirse en el Mar, a 150 kilómetros de Concepción y decenas de kilómetros de profundidad, desató un tsunami que impacto  con sus aguas la Isla de Juan Fernández.

Ese mismo día se produjo un sismo de magnitud 6.1 en Salta, Argentina. El 4 de marzo de 2010, se produjo un terremoto en Taiwán de 6,4 grados en la escala de Richter y al día siguiente un sismo de similar intensidad en la Isla de Sumatra (Indonesia).

Es curioso observar como los desastres naturales registrados en los primeros tres meses de 2010, se convirtieron por analogía, y apelando a alguna licencia poética, en precursores de los estallidos sociales que en enero, febrero y marzo de 2011, dieron fin a los mandatos de Ben Ali, en Túnez y Mubarak, en Egipto; han puesto en jaque al Jeque de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista, y generado tensiones político-sociales muy serias en los países circundantes al Golfo Pérsico.

La repercusión de estos hechos, sea en el plano telúrico o en el político-social, no se ha sentido aún en nuestro país.  Pero si la sintió de la manera más cruenta, y aún está viviendo Japón, al juntarse un terremoto de la más elevada intensidad y un gigantesco tsunami, provocando la más dramática y potencialmente más peligrosa catástrofe natural que haya conocido la humanidad.

Figuran también en la lista de los mayores desastres de 2010, las inundaciones de Cuzco, Perú; las de la Isla de Madeira (Portugal); y las pérdidas materiales y de vidas humanas producidas por la tormenta “Xyntia” en la Costa Atlántica de Europa.

Llama la atención que Venezuela, cuyo Presidente, para mostrar la magnitud de su solidaridad humana, instaló a los pocos damnificados del país en hoteles privados y hasta en el Palacio de Miraflores, no aparezca en la lista de las naciones más afectadas.

También la fijación de nuestro Presidente en el número 22. Hace 22 años, dijo – lo recordábamos en un editorial anterior- se produjo en Venezuela lo que hoy acontece en el mundo árabe. Lo decía para despejar dudas en relación a lo que entonces se especulaba: que el mismo fenómeno pudiera también producirse aquí.

Quizás no recuerde, como nosotros, que exactamente 22 años antes del Caracazo, en el año 1967, se produjo el último gran terremoto de Caracas, quizás su fenómeno precursor.

Son tiempos de tsunamis, y cosa de los números, de los malos agüeros, y de trágica poesía.

 
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