Lisboa, entre la cocina tradicional y moderna

La capital portuguesa está llena de restaurantes populares y marisquerías donde probar los distintos tipos de bacalao

CARLOS MARIBONA

 

En Lisboa,  septiembre es un buen momento para tomarle el pulso gastronómico a Lisboa, una ciudad que mejora cada año, y en la que aparecen restaurantes modernos que buscan un espacio propio. Desde hace unos años, Tavares se confirma como la mejor opción. Establecimiento centenario, su decoración decimonónica contrasta con la cocina atrevida del gran cocinero lisboeta del momento, José Avillez, quien profundiza en las raíces de la cocina tradicional, en línea con las tendencias actuales. Lo mejor es el menú degustación (80 €), en el que predominan la estética y sabores intensos y nítidos.

 

El restaurante está lleno de detalles: excelente bodega, servicio muy profesional, cartas en varios idiomas incluido el español… Y una cocina de lujo, como ese paisaje marino, canto al mejor producto de las costas portuguesas; o su revisión de las populares manitas de ternera con garbanzos. Junto a Tavares, la otra referencia de Lisboa es Panorama, en la última planta del hotel Sheraton, con vistas impresionantes de la ciudad. Allí cocina el veterano Leonel Pereira, cada vez más vinculado al recetario tradicional. Desde la excelente la gamba roja del Algarve al vapor de agua de mar hasta la actualización del cocido portugués, sin grasa y respetando los sabores de siempre.

 

Frente a la formalidad de estos dos negocios, la informalidad que se impone en los establecimientos que triunfan. Como De Castro Elías y Tasca da Esquina, a caballo entre el bistrot y la tasca, con ambiente actual y cocina tradicional modernizada. El primero, próximo al museo Gulbenkian, ofrece un menú de 32 euros para compartir. Buen producto y recuperación del recetario popular como las almejas guisadas con alubias pintas. El segundo, con mesas apiñadas, tiene una breve carta y varios menús cuyo precio (entre 16,50 y 32,50 €) varía según las «porciones» que incluye.

 

Novedades de este año son Manifesto y Largo. El primero, un espacio actual, lleno de guiños al comensal y detalles simpáticos como los vinilos que sirven de bajoplatos. El menú más largo, con vinos, cuesta 70 €, aunque hay otros más baratos. Largo se encuentra en el Chiado, junto al teatro San Carlos. Local grande, puro diseño. Todo muy fashion, como las peceras de la pared con medusas vivas que cambian de color en función de las luces. Precios altos y platos cosmopolitas que se alternan con otros de raíz portuguesa. También arrasan en Lisboa Alma y 100 Maneiras. Pequeños los dos, de ambiente moderno y coqueto, con mesas apretadas. Están dirigidos por cocineros jóvenes e inquietos, con ganas de hacer cosas nuevas, y se basan en producto de calidad y facturas moderadas. Sólo abren por la noche.

 

También pasteles

 

En cualquier caso, Lisboa está llena de restaurantes populares donde probar los distintos tipos de bacalao, y de marisquerías de aspecto modesto que ofrecen todos los productos de las costas portuguesas. Entre ellas destaca la cervecería Ramiro, con buenas gambas del Algarve o centollas del norte. Y si son golosos, tienen su referencia en las pastelerías. Su gran especialidad son los pasteles de nata, que los lisboetas consumen a todas horas acompañando a un café. Los mejores son los de la Antiga Confiteria de Belem, al lado del monasterio de los Jerónimos.

 

 
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