EL DUEÑO DE VENEZUELA

Francisco Olivares
folivares@eluniversal.com

 

Le sacó en dos horas a Elías Jaua lo que no habían podido obtener en 12 años

 

Ser el dueño de Venezuela tiene su precio. Por ejemplo la libertad de transitar por las barriadas sin el temor que desde algún recodo salga un vecino molesto exigiendo que se cumplan las promesas. Al menos así le ocurrió el pasado domingo al presidente Chávez mientras recorría en barrio Blandín como parte de su campaña en la ofrece “vivienda digna para todos”.

 

Una de estas molestas habitantes, Maigualida González, quien lo interceptó e su recorrido, le dijo precisamente que desde 1999, cuando los deslaves de entonces, esperaban por promesas incumplidas y estaban cansados de los intermediarios, de la burocracia gubernamental, desde la alcaldía Libertador hasta los consejos comunales, de allí pues que decidió hablar directamente con “el dueño de Venezuela” tal fueron sus palabras.

 

La habitante de Blandín nunca había visto tanta limpieza de escombros, de basura y de las vías en la comunidad, lo que la alertó que ciertamente por allí pasaría el Presidente.

 

Desde las lluvias de diciembre Chávez, según sus propias palabras, se tomó personalmente el asunto de la vivienda y prácticamente ha prometido a todos los afectados y a los que viven en las barriadas que les serán entregadas viviendas dignas y equipadas.

 

Dicen los sondeos de opinión que con dicha oferta logró remontar unos cuantos puntos la popularidad extraviada en tantos fracasos acumulados. De allí pues que apeló a todos los recursos disponibles, e incluso al endeudamiento con China que ya remonta a 28 mil millones de dólares, para hacer el sueño realidad.

 

Pero como dijimos anteriormente: todo tiene su precio y la oferta ha despertado en sectores populares la expectativa de hacerse con una vivienda y en la medida en que pasan los días la desesperanza se apodera de quienes padecen largos años de promesas.

 

Nadie puede estar en contra del propósito de querer construir 2 millones de viviendas para los más necesitados, pero 12 años de desaciertos indican que los disparatados planes gubernamentales son los que han traído hasta acá la crisis habitacional que hoy parece descubrir el Presidente.

 

La gente no entiende eso de que la culpa de todos esos males los tiene “el maldito capitalismo” y por ello es que el reclamo se dirige directamente al Presidente.

 

Acertadamente la señora de Blandín entendió que las instancias intermedias, como alcaldías y consejos comunales no sirven en revolución y el encuentro con el mismísimo le abrió las puertas para que fuera recibida por Elías Jaua a quien en dos horas le sacó lo que no habían podido obtener en 12 años mandando cartas, haciendo consejos comunales y protestando. De modo que hablar con “el dueño de Venezuela” tiene sus frutos.

 

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