Entre la verdad y la poesía

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

 

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

 

Las verdades de Henry

Ahora cuando estábamos todos pegados al televisor, yo también aquí en el descampado, con el aparatico blanco y negro que me regalaron, pendientes todos de los terremotos, del tsunami, de la crisis nuclear, de los derrocamientos, que ya van dos, y dos más que los tienen en salsa, porque ni el de Yemen ni el de Libia aguantan más, en fin, cuando nuestras miradas estaban lejos por allá, las mías y las de todos ustedes, queridos miembros de mi manada plumada, en fin, cuando todos estábamos distraídos, de pronto apareció el pajarraco Henry, armando un torbellino, como diciendo, ¡epa!, yo también soy Baisano, no miren tanto pa’allá, miren pa’ acá, que yo también necesito televisión y prensa, si no ¿cómo carajo voy a llegar? Así mismito lo dijo, se los juro, esas fueron sus palabras exactas, las que se dijo para sí, pero que yo con mis poderes logre descubrir, claro, conociendo como conozco a ese pajarraco amigo por su voluminoso trinar.

Pero no vayan a creer ustedes que fue una batalla parroquial, no señor, ni tampoco que hubo enfrentamiento con la gente de Águila Uno, que es lo que la mayoría espera cada vez que el pajarraco Henry abre la boca. No, señor, el pleito nació de una entrevista que le concedió al híper rojito e híper agudo, intelectualmente agudo, pajarraco Clodovaldo y publicada por un medio que, para serles franco, no llega por aquí al descampado, y lo que dijo fue una confesión tan inverosímil que creo que ni el mismo se la creyó.

Pero vamos por partes, porque hay asuntos verídicos – si lo sabré yo que toda la información la recibo- entre ellas que ni el Pajarraco Henry, ni su partido, ni ningún partido que se sepa, tuvo nada que ver con el disparate de 12 y 13 de abril, cuando ni mataron al tigre y le tuvieron miedo al cuero. Lo sé porque si hay alguien que me visitaba en esos tiempos era el pajarote Marín, si, Marín, el mismo, el jefe de AD, cuando todo esto aconteció.

Razones y licencias

Donde el pajarraco baisano se le pasó la mano fue en eso de aquel decreto, que ni siquiera el jefe de su partido lo llegó a tener, porque si lo hubiera tenido, se habría convertido en parte de la componenda, y eso sí puedo yo asegurar que no fue. Tampoco es cierto, que yo sepa, que el Cardenal lo llamó, pero eso es harina de otro costal. A veces el pajarraco baisano, hace lo que los letrados llaman apelar a la “licencia poética”, suena bien, ¿cierto? y arma historias que si bien no son ciertas, nadie puede comprobar lo contrario.

Pero comprendamos al pajarraco Henry, lo único que él busca es que con tanto baisano en los titulares: Mubarak, Ben Ali, Gaddafi, Abdulá bin Abdul-Aziz, Ali Abdulá Saleh, Assad, no lo fueran a tomar en cuenta a él, y todo porque cuando llegaron sus antepasados, con pasaporte turco y sin saber hablar español, le cambiaron el apellido, para que la gente entendiera, y ellos, sus antepasados, gente sencilla de trabajo que eran, no quisieron discutir. Pero ahora, venezolano que es, y de pura cepa, el pajarraco Henry no esconde su origen, más bien se siente orgulloso de su proveniencia, pero también es humano, y se siente ninguneado cuando tanto baisano junto copa los titulares, y a él no le quieren ni parar. De manera que hay que comprenderlo y darle licencia para echar cuentos e improvisar historias.

Otra cosa cierta que dijo, pero sobre otro tema, y lo dijo en una de sus entrevistas, no recuerdo cual, porque ahora prensa sí que le han dado, y radio y televisión también, es que quiere sacar un candidato de la “centro-izquierda”, con todo y las distancias que lo separan de los que antes fueron y ya no son.

Total que para demostrar su amplitud, aceptó una invitación que le hizo no sé quién, y en Panamá, según revela hoy mismo en su columna Buenaventura, se reunió con el pajarraco Inca, y el pajarraquito de Chacao, que así lo bautizaron en París, cuando los tres fueron a la internacional socialista, entre cuyos miembros figuran la mayoría de los baisanos que han estado saliendo en la prensa o a patadas del gobierno de sus respectivos países. Que conversaron, aún no lo sé. Pero si quieren que les diga la verdad, se las diré, esos jamás se van a poner de acuerdo porque no hay peor cuña que la del propio palo, si lo sabré yo con tanto amigo campesino que me visita.

Total que las afirmaciones del Pajarraco Henry, cruzaron la frontera, y el aludido pajarraco Carmona respondió, también con algunas inexactitudes, pero a él hay que comprenderlo igualmente, porque de que se le subieron los humos a la cabeza, se le subieron, de que cometió mil y un errores también, pero lo cierto es que fueron otros quienes armaron el show, y después se beneficiaron porque lo único que perseguían, Águila Uno después se los dio.

Cuentos Chinos

Mientras todo esto acontecía, Águila Uno, el Rey del disimulo, hacia como si se olvidaba de su hermano Gaddafi, aunque se le estremecía el cuerpo, cada vez que lanzaban un tomahawk, y hablaba chino, echaba cuentos, reía en chino.  Todo esto ante la televisión. Necesitaba olvidar y al mismo tiempo distraer la atención  de todos de lo que estaba ocurriendo. Y los chinitos, si  lo sé yo, le respondían, para sus adentros, claro, si no hay leal no hay lopa. Y se llevaron mucho leal. La pajarraca Charito recoge muy bien todo lo que aconteció, pero comienza con algo que los chinos saben hace siglos, un proverbio pequeño que dice una gran verdad: “Con la mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.”

Una cosa es la verdad y otra cosa es el rating.

 
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