LA PODEROSA CLASE MEDIA


Isabel Pereira
isaper@gmail.com

La mejor prueba de la derrota de la pobreza es una clase media en expansión. Este sector está formado por ex–pobres y no por ex -ricos, gente, que en su mejor expresión, ostenta una arraigada bitácora de valores: respeto a la propiedad, las leyes, los derechos humanos, la libertad económica y sobre todo voluntad de decidir sobre su proyecto de vida.

 

Este ascenso es posible, cuando los países creen en la libertad y propician una economía y educación con tales fines. El gran instrumento es la fortaleza del espíritu emprendedor, la tenacidad en la persecución de objetivos, la emulación de los que han dejado de ser pobres por su esfuerzo. Detrás de cada pequeño negocio informal, está la apuesta por un cambio de vida, por un logro de autonomía económica. La clase media es una creyente fervorosa en la educación, por una simple razón, la obtención de algún título universitario, destreza o calificación profesional como fruto de su esfuerzo ha sido una de las claves para su elevación social.

 

Es notorio que los grupos que logran superar la pobreza no han estado concentrados obsesivamente en la satisfacción de sus necesidades básicas, persiguen metas más trascendentes: tener una vivienda y valorizarla, habitar mejores zonas o arreglar su comunidad, adquirir un automóvil, tener un seguro médico privado, poder disfrutar de vacaciones pagadas y otras por el estilo.

 

Pero, gobiernos como el nuestro, insisten en imponer programas para pobres. Es una conspiración gubernamental, clientelar, cuyo fin es mantener las masas controladas, ofreciendo subsidios en lugar de empleos, con servicios de educación y salud mediocres, vetando el derecho a la propiedad. Gente confinada a depositar todas sus esperanzas en un protector externo que desde afuera vigile para que coman y duerman, sin dejar de ser pobres.

 

Los gobiernos que toman este camino lo hacen con base en la creencia de que los pobres son seres explotados, sin imaginación creativa, incapaces de aspirar a la autonomía personal y económica, dominados por sus necesidades básicas. No creen en la gente sino en sus recetas o ideologías.

 

Muchos se han ocupado del problema de la pobreza, mencionemos solo a cuatro: Amartya Sen, considera que reducir los grupos humanos en situación de pobreza requiere la devolución de la libertad y capacidad de determinación. Gary Becker, demuestra que ningún país ha logrado bienestar y crecimiento económico sostenido sin inversiones importantes en capital humano y acceso a la información. Hernando de Soto, denuncia la extralegalidad que impera en el mundo informal que impide la capitalización de los bienes y servicios creados por los pobres y propone la legalización de los caminos informales para crear riqueza. Muhamad Yunnis “La pobreza se perpetúa porque se deja a los pobres fuera de la economía”. Crea en su país un revolucionario sistema de préstamos para sacar a la gente de la pobreza.

 

Todos estos pensadores han tenido razón, globalmente reproducen lo que podría llamarse los códigos de la clase media, pero quizás hay un pequeño pero trascendental aspecto que se escapa, ¿Acaso los que llaman pobres no son personas humanas? Sí es así deben de tener voluntad, poder de decisión, aspiraciones y expectativas, aunque estén aplastados por el peso de sus necesidades básicas.

 

El camino debería ser apelar a la voluntad humana, a la atracción que puede representar el poder penetrar por alguna rendija en la clase media, con todos sus atributos y valores: mejor educación, propiedad legalizada, acceso al financiamiento, autonomía personal, poder de decisión económica y confianza en el aprendizaje y el emprendimiento.

 

Nuestro gobierno hace todo lo contrario, promueve la lucha de clases, ataca a los sectores medios, roba a las personas la voluntad y energía para emprender el camino de su mejoramiento. Sustituye empleos y créditos por subsidios y al mismo tiempo desmejora la calidad de los servicios de educación y salud: promete viviendas sin título de propiedad, en vez de alentar la mejora de sus ingresos para que puedan optar libremente.

 

Quizás la formula es más sencilla: respeto a las personas, a su libertad y derechos. Cese a las proclamas de guerra contra la clase media y valoración de su capacidad de modelaje social, este es de seguro el mejor camino contra la pobreza.

 

 

 
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