¿Logros de la Misión Sucre?


Marianela Lafuente

Muchos egresados comienzan a comprender que las políticas “inclusivas” de la Misión los conducen a otro tipo de exclusión: el desempleo, el subempleo y el desencanto

 

La tasa bruta de matriculación en educación universitaria en Venezuela es del 83%, 2,8 veces el promedio de América Latina y el Caribe, y  superior a la de países como Francia (56%) y Japón (55%).

En  2000, los estudiantes universitarios eran alrededor de 800.000 y hoy superan los 2,2 millones. Este aumento vertiginoso de la matrícula fue impulsado por  la Misión Sucre, creada en 2003 para responder a la demanda de más de 500.000 bachilleres sin acceso a la educación superior.

Como otros “logros” de la Revolución, la Misión Sucre es una bomba de tiempo. Las políticas se centran ciegamente en la masificación de la educación universitaria, en desmedro de  los criterios de planificación, calidad y pertinencia necesarios para atender al mercado laboral.

Muchos egresados comienzan a comprender que las políticas “inclusivas” de la Misión los conducen a otro tipo de exclusión: el desempleo, el subempleo y el desencanto.

El porcentaje de la fuerza laboral venezolana con nivel educativo superior se ha ido incrementando (22,8% en 2007 y 26,8% en 2010) pero el desempleo en este sector es  superior al promedio nacional (de 6,5%).  En 2009,  más de 130.000 profesionales, estaban desempleados (11,4% de los TSU y 8,3% de egresados universitarios).

Lo más grave es que  no encuentran empleos en sus áreas (más del 40%  no trabaja en su profesión) y muchos emigran (unos 400.000  en el exterior). Esto supone un enorme despilfarro de recursos: 6,7% del presupuesto nacional se destinó en 2010 a la Educación Superior.

En 2010 la Misión Sucre ofrece 24 carreras, con unos 40.000 docentes, 600.000 estudiantes (casi 25% de la matrícula nacional) y 80.000 egresados. No hay información sobre su inserción en el mercado laboral, pero el gobierno ha privilegiado su empleo en el sector público, que genera un 20% del empleo del país (contra 16% en 2000).

Fuera del sector público, la oferta de empleos para los egresados de la Misión Sucre, la mayoría  técnicos superiores en áreas como Gestión para el Desarrollo Social, Gestión Ambiental, Administración, Comunicación Social y Educación, es escasa.

Los “logros” de la Misión Sucre se medirán con el desempeño de sus egresados en el  mercado laboral venezolano, en  dura competencia con los ya numerosos profesionales y técnicos ociosos del sector.

 

La Misión Sucre y las instituciones asociadas a su ejecución (UBV, UNEFA, aldeas universitarias, etc.) buscan la democratización del acceso a la formación universitaria, pero  el resto de su funcionamiento dista mucho de ser democrático.

Las autoridades son designadas por el gobierno, y en la elaboración de políticas y criterios de calidad, elección y evaluación de programas de formación, en los mecanismos de selección y seguimiento  del personal docente,  no hay   participación de  estudiantes, trabajadores ni docentes. Tampoco hay rendición de cuentas ni un manejo transparente de los recursos.

Son temas a abordar en la discusión de la  Ley de Educación Universitaria.

 

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