Venezuela y la nueva Guerra Fría *

¿Recuerdos del Futuro?
Quince meses atrás, en diciembre de 2009, Elizabeth Burgos escribió la columna que reproducimos en estas páginas. Conocedora como nadie de la orientación de la Revolución cubana, expuso allí los propósitos de Fidel Castro (apoderarse de Venezuela), así como su decisión de impulsar a su “hijo adoptivo”, Hugo Chávez, a una estrecha alianza con el medio Oriente, hecho que – según entonces anunció- provocaría un inevitable maridaje de Venezuela con los conflictos en esa parte del mundo.

A consecuencia de la disminución de sus facultades físicas- el poder de Fidel Castro ha ido disminuyendo y el más pragmático Raúl, su hermano menor, ha tomado su lugar. En la práctica, el traspaso de poder ha significado una evidente intensificación de la presencia cubana en Venezuela, tanto que un general suyo, de la más alta jerarquía, ocupa un piso completo en el Edificio del Ministerio de la Defensa venezolano ubicado en Fuerte Tiuna.

Más por inercia que por disposición del nuevo mandatario cubano – presumimos -, el vínculo de Venezuela con los conflictos del Medio Oriente se ha mantenido, al punto de ser Venezuela, con Cuba, dos de los poquísimos países que mantuvieron una posición de absoluta solidaridad con el Régimen de Muamar Gaddafi, al ser condenado éste por la ONU por crímenes de lesa humanidad.

En un plano menos visible, pero de implicaciones indirectas pero sintomáticas del mismo proceso, el incremento de los hechos de agresión (lanzamiento de morteros) del Hamás palestino sobre poblaciones israelitas en la franja de Gaza, pone de bulto la insistencia de Irán, emblemático aliado del Régimen venezolano, en viva la llama del conflicto “árabe-israelí”, pese a las nuevas realidades de Egipto y el norte de África.

Son éstos hechos, tomados en su conjunto, los que otorgan inmensa actualidad al análisis de Elizabeth Burgos, publicado cuando nadie podía sospechar los estallidos que en los primeros meses de 2011 o la abierta injerencia de Cuba en los asuntos militares venezolanos.

Al titular esta nota Recuerdos del futuro no nos hemos querido referir, por supuesto, a los extraterrestres que, según la obra homónima de Erich von Däniken, visitaron alguna vez a nuestro planeta. Lo nuestro pertenece totalmente al planeta y a propósitos políticos que, vistos retrospectivamente, pudieran ser heraldos del Porvenir.

 

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Involucrar a Venezuela y a sus satélites, y al final a toda América Latina, en un conflicto ajeno al continente que golpea cada vez con mayor intensidad al Medio Oriente, cuyo punto nodal lo constituye el enfrentamiento Israel/Palestina parecería ser el proyecto de Fidel Castro.

El actual primer Secretario del Partido Comunista Cubano, al subscribir una alianza con la URSS a comienzo de los años sesenta,  involucró a Cuba, lo mismo que al resto del continente, de manera activa, en la Guerra Fría. Cuba  se introdujo así en el espacio de la geopolítica de las dos grandes potencias; circunstancia que desembocó en la Crisis de Octubre, (1962) llamada también de los misiles, que puso al mundo al borde la guerra nuclear. Ese “maestro de la estrategia perfecta, como llama el teniente-coronel venezolano a Fidel Castro, está urdiendo introducir al “hijo adoptivo” y a su “revolución bolivariana”, en un conflicto que posee todos los ingredientes dirigidos a desencadenar  una crisis de gran envergadura.

n la década de los 60, Fidel Castro consiguió la manera de involucrar a Cuba en la Guerra Fría aliándose con la URSS. En la foto, se observa junto a Nikita Khrushchev, máximo dirigente soviético.

Habiendo ya pasado por la experiencia, y poseyendo el mecanismo que caracteriza su conducta; el arte del manejo de las crisis, precipitándolas y poniéndolas a favor de su protagonismo, ha percibido que le ha llegado el momento de poner al servicio del lucimiento del teniente-coronel y codearse con los grandes, la crisis ocasionada por la actitud de Irán ante la comunidad internacional. De paso, le daría a oportunidad  al Presidente del Brasil de lucir sus dones de pequeño táctico, lo que hasta ahora le ha dado buen resultado, aunque ya comienzan a verse las fisuras de su sistema que va dejando al descubierto  sus debilidades como verdadero estadista.

La última visita de Ahmadineyad a Venezuela y la del Presidente de la Autoridad de Palestina, demuestran la clara voluntad de insertar a Venezuela en un conflicto hasta ahora ajeno al país, independientemente de los sentimiento de solidaridad que se le profese a unos o a otros de los actores involucrados en el conflicto: israelíes o palestinos.

El líder se impone

La puesta en marcha de esa estrategia por parte de La Habana/Caracas,  tiene una doble connotación: en el orden internacional, la actitud del gobierno  de Irán por su persistencia en el procesamiento de uranio enriquecido destinado a la fabricación de armas nucleares (aunque pretenda hacernos ver lo contrario), no sólo lo enfrenta a Europa y a EE. UU. como se suele afirmar de manera precipitada, sino también a los países más importantes de la zona como Egipto y Arabia Saudita, además de su intención, manifestada en varias ocasiones, de borrar del mapa al estado de Israel.

La crisis puede, tarde o temprano, estallar y acarrear con ella a los aliados de Irán, incluso los de Suramérica. En el orden domestico/continental, la identificación y la alianza de Venezuela y sus satélites con Irán, puede transformar el modus vivendi que desde siempre han observado las comunidades judías, palestinas y de otros  países del Oriente Medio, diseminadas en todo el continente, en una guerra civil, inédita en el panorama del sub-continente.

Rómulo Betancourt

Fidel Castro, por supuesto, no sólo está perfectamente al corriente de estas circunstancias, sino que promueve el escenario que puede conducir hacia una crisis en el orden doméstico latino-americano, de consecuencias imprevisibles, pues se inscribe en la que siempre ha sido su dinámica: la violencia, el enfrentamiento, suscitando un estado de guerra crónico que convertiría a la región en un foco de guerra de baja intensidad, de interés mediático permanente, al servicio de la visibilidad del teniente-coronel, afirmándolo como líder del antiimperialismo.

Su última reflexión (30 de noviembre 2009) titulada, “Existe margen para la hipocresía y la mentira”, es un dechado en la materia, precisamente, de hipocresía y de mentiras, defectos, que por supuesto él le adjudica a otros. En esta reflexión, Fidel Castro se fija como objeto historiar el papel de su figura en el panorama histórico de Venezuela y a la legitimidad del poder que ha llegado a ejercer en el país. Es una suerte de balance de los obstáculos que le opuso Rómulo Betancourt al comienzo, impidiéndole apoderarse del país, y cómo finalmente terminó triunfando.

Betancourt fue un intruso

Entra de lleno en el tema ironizando con el objeto de rebajar la figura de Rómulo Betancourt, su personaje más odiado, el único latinoamericano que sin ambigüedad se le enfrentó y de manera certera: “Estados Unidos, en su lucha contra la Revolución Cubana, tuvo en el gobierno de Venezuela su mejor aliado: el eximio don Rómulo Betancourt Bello.”  (Por cierto, parecerían datos extraídos de una ficha policial pues Betancourt, que yo sepa, nunca usó su segundo apellido.)

Primera frase que resume la historia de los 40 años de democracia que vivió Venezuela y a la que la oposición venezolana hoy persevera en darle continuidad. Es la historia de la tensión que existe desde entonces (1959) y que no ha cesado de enfrentarse en todo el continente, entre dos fuerzas que persiguen objetivos opuestos: democracia y totalitarismo.  Las fuerzas democráticas consideradas por los seguidores del régimen totalitario, como aliadas de Estados Unidos, por lo tanto, condenables.

El dictador cubano, persiguiendo su objetivo de rebajar la figura de Betancourt al mismo tiempo que expresa su fobia por la democracia afirma que “La maquinaria bien engrasada de su partido lo elige (a Betancourt) Presidente en las elecciones del 7 de diciembre en 1958”. Fue una maquinaria “bien engrasada” quien lo elige y no la mayoría del pueblo, de quienes sufragaron. “Las fuerzas revolucionarias venezolanas, bajo la dirección de la Junta  Patriótica que presidió Fabricio Ojeda, derrocó la dictadura del general Pérez Jiménez”, a los ojos de Fidel Castro, esas fuerzas fueron vencidas por la democracia. Y ello le quedó demostrado durante su estadía en Caracas el 23 de enero de 1959 cuando afirma que “Esa vez escuché la rechifla más sonora, prolongada y embarazosa en mi larga vida cuando me atreví a mencionar el nombre del recién electo y no posesionado Presidente. Las masas más radicalizadas de la Caracas heroica y combativa habían votado abrumadoramente contra él.”  A sus ojos, Betancourt fue un intruso que se impuso a las fuerzas revolucionarias de Fabricio Ojeda, el único venezolano, además de Hugo Chávez, al que el dictador cubano concede legitimidad.

Hugo Chávez y Mahmud Ahmadinejad.

El Ilustre Premio Nobel

Continuando con su versión de historia  venezolana y  su presencia en el país, alude al hecho de que “Ha transcurrido desde entonces casi medio siglo. Puedo dar testimonio del cinismo excepcional del imperio contra el que nos hemos enfrentado infatigablemente los revolucionarios cubanos, como dignos herederos de Bolívar y Martí.”

Para él, en su postura de revisionista de la historia, es el tiempo el que determina los hechos, y no la política que es simplemente un instrumento estratégico al servicio de su mesianismo, actitud metafísica con la que enfoca el espectro político : Estados Unidos no es un país, una República, un régimen, con el que se puede negociar, o estar en desacuerdo, es un “imperio cínico”: postura que denota o una patología paranoide o una voluntad hipócrita de mentir para que persista la idea de bastión asediado, hecho que le ha concedido la legitimidad  a su régimen; legitimidad que normalmente proviene de la constitución del Estado. .

Las maniobras militares que acaban de realizarse en Cuba para demostrarle al “imperio” las fuerzas que tendrán que enfrentar en caso de invadir la isla, parecería cosa de adolescentes jugando a la guerra. Invadir a Cuba significaría para EE. UU. tener que tomar a su cargo un país en ruinas cuyo único haber de exportación que posee es el hambre del pueblo. En realidad, esas maniobras militares consisten en sembrar el pánico en la sociedad cubana, cada día más dispuesta a hacer escuchar su voz y por el otro, lanzar una advertencia a los militares cubanos que puedan estar tentados por impulsar una transición política en la isla.

El otro personaje sobre el que ironiza, es Barack Obama, el “ilustre” Premio Nobel de la Paz, como lo llama, que sería según deja entender Castro, el ejemplo por excelencia de la hipocresía y la mentira. En la cumbre de Copenhague a celebrarse el 18 de diciembre próximo, “Barack Obama, deberá definir su posición sobre el espinoso asunto”, apunta Castro. “pero la jerarquía que dirige al país más poderoso y rico del planeta, Estados Unidos” ofrece sólo reducir el 17%, cuando “la exigencia unánime de los círculos científicos es que las emisiones de dióxido de carbono deben ser reducidas en no menos del 30% con relación a su nivel de 1990.

Ahmadinejad en Caracas

A la China ni siquiera la menciona cuando es sabido que es el país que produce más contaminación en el mundo debido al frenesí de su economía y que si asiste a la cumbre de Copenhague es por una decisión que interviene tras la visita de Obama a la China en donde parece acordaron asistir, a lo cual tanto el uno como el otro país, se habían mostrado indiferentes.

Por supuesto, tampoco menciona a Cuba en donde se han cometido los peores crímenes a la ecología bajo la impulsión personal del “Comandante en Jefe” y no debido a la pujanza de su economía, como es el caso de la China y de Estados Unidos, sino por las medidas aberrantes que él ha tomado contra la naturaleza.

Tras su regreso de La Habana a donde viajó a “pedir línea” en vísperas de la llegada de Ahmadineyad a Caracas, el teniente coronel declaró: “Fidel me dijo que le dijera a Ahmadineyad que llegar a Venezuela era lo mismo que estar en Cuba”. Será lo mismo, pero las consecuencias no son las mismas para Venezuela.[ii]

Sin embargo, Castro insiste preguntándose si “¿Acaso existe margen para la hipocresía y la mentira?” sin percatarse que es una pregunta que debería revertírsela a él mismo.


 


* TITULO ORIGINAL: El conflicto Israel, Palestina y una nueva Guerra Fría

** Venezuela como Libia es un país petrolero y por ende mucho más vulnerable a presiones internacionales.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
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