AYUNO NACIONAL

Luis Ugalde

Hay que afrontar la demagogia, desenmascarar la mentira y superar la deformación mental más grave, que es la adicción a remedios que son enfermedades.

 

Luis Ugalde

 

La Cuaresma es tiempo de reflexión y de ayuno. ¿Pero qué ayuno? La liturgia del Miércoles de Ceniza nos advierte sobre la hipocresía que corrompe tres actitudes espirituales muy loables y necesarias.

Jesús dice: No den limosna a son de trompeta por calles y sinagogas, como los hipócritas; no hagan oración ostentosamente para que los alaben; no ayunen vestidos de saco y ceniza para que la gente note que están ayunando.

 

Por el contrario, oren de verdad en el interior de su corazón, que tu limosna quede en secreto y que por tu cara alegre y vestido festivo la gente no sepa que estás ayunando, “sino tu Padre que está en lo secreto” (Mat. 6 1-18).

 

¡Cuánta palabra, anuncio, cadena y promesa! para ocultar nuestra triste realidad y dar la falsa impresión de que el Gobierno se desvive por los pobres y estos se lo creen. La política siempre es un torrente de promesas. En parte es inevitable y no es malo si van preñadas de realidades y proyectos, pero estamos llegando a extremos inauditos de hipocresía que, con la palabra “revolución”, quieren tapar las vergüenzas de la realidad desnuda. Ante la universidad que está en quiebra y el país que tiembla por el secuestro y la inseguridad, se anuncian leyes “revolucionarias” y operativos para impresionar. Terrible nos parece el encadenamiento de las cadenas bilingües con los chinos para causar la ilusión de que los asiáticos no dejarán una familia sin vivienda digna. Se denuncia la corrupción, pero se silencia el escándalo multimillonario del señor Illaramendi con los fondos de jubilación de Pdvsa; un gobierno honesto empezaría con la renuncia o destitución del ministro Ramírez.

 

Muchos creyeron que la revolución de Gadafi iba en serio con su Libro verde; pero ya no es posible ignorar que este criminal lleva más de 40 años transfiriendo el petróleo nacional a sus cuentas multimillonarias, mientras 40% de los jóvenes no tiene empleo y a los pobres de su país los bombardea si dejan de adorarlo.

 

La Cuaresma es una actitud espiritual de honestidad ante Dios y de mirada limpia al prójimo.

 

Gobierno y oposición tienen que sincerarse en esta emergencia nacional con la educación y la producción deprimidas, el clamor contra la descarada corrupción multimillonaria y el rescate de las empresas básicas de petróleo, petroquímica, aluminio, hierro, electricidad, alimentos…

 

El segundo día de Cuaresma la Iglesia nos invita a meditar la lectura del profeta Isaías, en la que 700 años antes de Cristo aparece gente religiosa hipócrita reclamando a Dios porque no escucha sus oraciones ni acoge sus ayunos. El profeta airado responde: Dios no los escucha porque mientras ayunan y oran maltratan al pobre y oprimen al trabajador. Dios no quiere oraciones y ayunos hipócritas.

 

“El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor: que rompas las cadenas injustas y levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas todos los yugos; que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano” (Isaías 58, 1-9).

 

Es el ayuno que Venezuela y su sistema político necesitan. Más allá de limosnas individuales, urge un esperanzador proyecto de país con el pobre en el centro, con educación de calidad que lo potencie y con empleo digno que lo vincule a la producción económica y ciudadana; no como carne de cañón de la demagogia, mientras los corruptos bailan y la “revolución” fabrica millonarios y multiplica pobres.

 

Este tipo de demonios no se resuelve yéndose del país ni pasando agachados, ni prometiendo soluciones fáciles. Hay que afrontar la demagogia, desenmascarar la mentira y superar la deformación mental más grave, que es la adicción a remedios que son enfermedades, como es el reparto limosnero sin crear oportunidades de trabajo productivo, sin estímulos a la formación y superación personal y con persecución a las iniciativas empresariales exitosas. Los países atrapados en el engañoso diálogo de promesas revolucionarias de dictaduras petroleras con pueblo pobre, como Libia, sirven para enriquecer a los dictadores, que se convierten en criminales.

 

El diálogo para salir de la pobreza venezolana es entre la transformación educativa y productora de todo el país con la oportunidad para serlo.

 

@ELNACIONAL

 
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