El ballotage y el knock-out

JESÚS HERAS –

El domingo 10 de abril se celebrará la primera vuelta de las elecciones del Perú, y cualquiera de tres candidatos actualmente empatados, Ollanta Umala, Keiko Fujimori y Alejandro Toledo, podría ganar… con apenas 20% de los votos. Así de reñida está la competencia y así de dispersas están las preferencias en la campaña presidencial peruana.

De no existir una segunda vuelta, el ballotage, el Presidente peruano se encontraría, al ser electo, ante un país que votó en un 80% en su contra, algo nada auspicioso para comenzar un buen gobierno.

 

Lo que ocurre en la nación hermana viene al caso a propósito de las elecciones primarias planteadas para escoger al candidato opositor para las elecciones de 2012. Acá habrá una elección Primaria sin segunda vuelta, y bien podría presentarse una situación similar (que el candidato ganador obtenga solo un 20 o 30% de los votos) con el agravante que ese sería apenas el primer round y que, contando con sólo la fracción del voto opositor que por él votó, tendría que salir de inmediato a competir contra el otro candidato, el Presidente, que cuenta con todos los recursos, incluyendo las preferencias del árbitro electoral.

No se trata de una fantasía si tomamos en cuenta que estarán compitiendo, entre otros, valiosos gobernadores, alcaldes y ex alcaldes (si a López finalmente lo habilitan”). Existe en verdad gran posibilidad de que surja en las primarias opositoras una situación muy similar a la peruana, o sea que gane un candidato por quien un 70 u 80% de los votantes no votó.

Otro problema que confronta el país opositor tiene que ver con la necesidad de escoger una opción que sea atractiva para la oposición pero a la vez para el mundo independiente, es decir, para ese venezolano que, parafraseando a Nixon, forma parte la Venezuela del trabajo, la Venezuela prudente, la Venezuela silenciosa… esa que para la cual el trabajo y la familia constituyen la primera prioridad, y que – sin ser indiferente- prefiere no pronunciarse, mucho menos en medio de un ambiente polarizado.

Escoger un candidato a la vez minoritario y poco atractivo para el mundo independiente sería trágico para las aspiraciones de cambio. Veamos. Según la más reciente encuesta de Keller, un 28% se pronuncia a ciegas por el candidato opositor mientras un 25% lo hace por el Presidente (un empate técnico), mientras un 34% del electorado no expresa preferencia alguna y es ese el electorado, precisamente, que el país opositor está obligado a conquistar. ¿Pero cómo hacerlo cuando los independientes no votan en primarias?

Creo que todos coincidiremos en que he aquí otra razón, más allá de las señaladas la semana pasada, para no precipitarnos en la escogencia del candidato opositor… y también una poderosísima razón para comenzar a pensar seriamente en una primaria con doble vuelta, vale decir con ballotage, para darle al ganador, a aquel que en definitiva enfrentará al Presidente, la mayor fuerza y legitimidad posibles.

Con un CNE a su favor, y maquinitas con capacidad de comunicación bidireccional, no será fácil derrotar a Chávez.

Aquí, como en Japón, al contendor de la casa hay que ganarle por knock-out.

 
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