“EL CHACAL” (I Y II)

FABULA COTIDIANA

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

 

El  Café Danton en la estación Odeón de Saint Michell era el lugar de encuentro. Corrían los primeros meses de 1975 y un grupo de estudiantes venezolanos solían pasar revista a las noticias: “La Revolución de los Claveles” en Portugal con la insurgencia del coronel Otelo Saraiva De Carvalho; la inminente muerte de Franco y la transición española ; las historias de los exiliados chilenos y el rumbo impredecible  de “La Gran Venezuela”. Entre cervezas y cuscús se animaba la tertulia de Leopoldo Puchi, Edgar Mariña, Eloy Torres hijo, Luis Barrios, Richard Fuentes, y quienes asistíamos en tránsito.

Ilich Ramírez

Algunas veces, se sumaba al grupo Ilich Ramírez. De poco hablar, para los nuevos conocidos se hacia nombrar como Carlos Martínez “el ecuatoriano”, refería sus frecuentes viajes a Londres  a cuyo  regreso exhibía capas de moda  lo que valió que Mariña lo bautizara “Batman”. Como prueba de su afición inglesa, desechaba la cerveza y prefería el whisky. El 27 de julio, en una fiesta con ron y canciones de Alí Primera, en el edificio  9  de la  Rue Toullier, Ilich desenfundó una pistola y atacó a una comisión policial que lo buscaba. Tres agentes resultaron heridos de muerte  junto al  delator libanés Michel Moukharbal. Uno de los policías logró sobrevivir, Ilich  huyó  y la prensa registró el crimen como la presencia “de un peligroso terrorista palestino en Paris”.

 

“Nadie podía pensar que Ilich fuera capaz de esa operación” refiere Pastor Heydra su jefe en la Juventud Comunista quien lo recuerda como un joven más bien tímido y “achantado”, que estudiaba cuarto año en la sección A del liceo Fermín Toro. Igual impresión tiene Eloy Torres su compañero de aula en la universidad “Patricio Lumumba” de Moscú. Cuando ocurrieron los hechos  en el apartamento del Barrio Latino ya  “Carlos” (bautizado así, por  su jefe Wadih Haddad por asociación  con el nombre árabe de Khalil), el venezolano era militante  del “Frente Popular Para la Liberación de Palestinos”(FPPLP) y con entrenamiento militar en Jordania. Prófugo de la justicia y perseguido por la policía internacional  “The Guardian” de Londres lo bautizó “El Chacal”, porque entre los objetos que dejó en la huída,  se encontró un ejemplar de la famosa novela de Frederick Forsyth.

 

El 21 de diciembre  Ilich reaparece como jefe de un comando que asalta la sede de la OPEP en Viena. Sesenta y dos personas, entre ministros y funcionarios, fueron tomados como rehenes  de una  acción  que buscaba llamar la atención a favor de la causa palestina y denunciar a Israel, Estados Unidos, las monarquías del Golfo Pérsico y el Irán del Sha Reza Pahlevi, como enemigos de la paz. Luego de enfrentamientos y negociaciones que dejaron tres muertos y  de un nervioso periplo aéreo por las naciones del Magreb,  el 24 de diciembre cesó el secuestro en la capital austriaca. Se cuenta que “Carlos”  al despedirse saludó al ministro venezolano de Energía, Valentín Hernández, extrajo de su chaqueta un proyectil, se lo entregó y le dijo: “este era para usted, lléveselo de regalo a Carlos Andrés Pérez”. Desde ese día se sumergió en las brumas de la clandestinidad y la leyenda.

 

El 15 de agosto de 1994, mientras se recuperaba de una intervención quirúrgica en un hospital de Jartum, fue anestesiado, esposado, encapuchado y entregado por las autoridades sudanesas a la policía francesa que lo traslado a Paris en un jet ejecutivo. Carlos culminaba los sobresaltos de la lucha terrorista y era victima de las divisiones del radicalismo palestino, de la conversión de la  política en prácticas delictivas  y del desconcierto causado por el término  de la Guerra Fría. Abandonado y deprimido  condujo sus pasos  hasta Sudán,  en busca de un incierto y lejano destino. En diciembre de 1997, “Carlos” fue condenado a cadena perpetua por la masacre de la Rue Toullier de 1975, pero aún le quedaba mucha tela que cortar ante la justicia.

El año pasado la televisión francesa estrenó la miniserie  “Carlos, El Chacal” del director Olivier Assayas. La producción tiene como protagonista a su tocayo y paisano Edgar Ramírez, un joven de una ascendente carrera en Hollywood que en poco tiempo ha merecido reconocimientos nunca antes otorgados a un actor venezolano.

 

El guionista hace un recorrido cronológico en la vida de “Carlos”, y Ramírez asume a su alter ego exagerando una pinta “guevarista” que lo convierte en una suerte de superhéroe. Pareciera entonces que “El Chacal” ejerció el control del terrorismo árabe e incluso el manejo de las relaciones de éste con algunos países capitalistas, lo cual no es cierto. Al final la película se coloca en el ámbito humano y da cuenta  de  sus fracasos, su quiebra física y  su caída moral. Resulta por eso patética y mas que vigente la escena en la cual, desorientado busca refugio en el aeropuerto de Trípoli y un funcionario sube al avión para anunciarle: “El coronel Gaddafi manda a decir que no lo quiere en Libia”.

A Ramírez su actuación  le ha merecido en cambio  distinciones como el premio Cesar, Globo de Oro, Prix Lumiéreo, circulo de Críticos de Cine de Londres, Online Film Critics Society Award.

 

Para algunos críticos la  película sirve  para reforzar la opinión francesa de que “Carlos” es un terrorista de altísima peligrosidad que bien merece la pena máxima  que le ha sido impuesta. En la prisión “El Chacal” se vio retratado en la pantalla y envió una carta a Ramírez en la que reclama: “¿Por qué, Edgar, aceptas travestir la verdad histórica?¿Por qué te prestas a una obra de propaganda contrarrevolucionaria , difamando al más conocido de los Ramírez” .

Edgar Ramirez

En la cárcel de Poissy “Carlos” espera nuevas condenas y especula sobre   la relación del Islam y el marxismo mientras que Ramírez se dispone a encarnar el papel de “Eres”, el dios de la guerra, en la película “Furia de Titanes”.

 
Etiquetas

Artículos relacionados

Top