En vez del timbre, sonará la diana

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez Mondragón

 

La educación es el motor de la vida en sociedad. Es lo único que ciertamente nos conduce al progreso, a la libertad, al bienestar. Ya lo decía Bolívar “Un pueblo ignorante, es instrumento ciego de su propia destrucción”; en consecuencia, son múltiples las aristas que se toman en cuenta para incentivarla, para fortalecerla, para hacerla parte indispensable.

Por ello no sorprende la decisión gubernamental de pretender dar un vuelco en el eje integrador de la educación; ahora con miras a su encasillada perspectiva militarista. Doscientos años de historia militar, -con el cada vez más honroso período civil- no han bastado para advertir que la civilidad es la mejor manera de vivir en comunidad, en convivencia, en libertad.

Para una visión que todo lo basa en campañas, batallones, pelotones, componentes, cuadrillas… lo lógico es que esa concepción de orden cerrado llegue a las aulas lo más pronto posible. La sumisión y el carácter vinculante de una línea de mando con obediencia y disciplina es fundamental para que la lealtad y fidelidad al comandante se perpetúen; incluso desde un planteamiento pedagógico.

Sin embargo; nuevamente, esta guerrilla establecida como paradigma de lo indebido vuelve a tocar campos minados. No son ellos, en su afán bélico, los únicos que han dado con el valor de la educación como núcleo para la transformación ciudadana.

Basta ver la cinta Tocar y Ganar, para conseguir valores más inspiradores de gestación ciudadana. El Sistema de Orquestas infantiles y juveniles de Venezuela, ejemplo para el mundo, son -como no- una original y noble manera de incentivar la formación emocional del ser humano. ¿Por qué -como se pregunta el periodista @fernandezruben- no se pasearon por la idea de convertir esa experiencia vernácula en el eje integrador de la educación venezolana?

La experiencia musical es tan exitosa que la Fundación Casa Arturo Uslar Pietri realizó talleres para ajustar el modelo y presentar, ya con dos años de ejecución, el Sistema Nacional de Niños Escritores; otro valor, distinto del armamentismo, de la lucha, de la idea de guerra que tanto gusta en el andamiaje del poder actual.

El éxito de la educación vivencial como la que enseña Maickel Melamed; para superar las dificultades, es otro eje estructural que perfectamente puede soportar el engranaje del sistema educativo, en sus etapas básica y universitaria, lo mismo que el Modelo de Naciones Unidas; aplicado con sorprendentes logros en materia internacional, y que ahora se practica en muchos liceos y colegios venezolanos.

 

¿Por qué, como se preguntan muchos hoy, no se ubica, con personal calificado y bien remunerado, una estructura para que el eje integrador de la educación sea la defensa de la vida; sea la rendición de cuentas por los actos cometidos, sea la responsabilidad individual sobre decisiones colectivas?

El eje integrador de la educación venezolana dista mucho de requerir una formación miliciana; a manos de figurines que no completan ningún tipo de adiestramiento docente, que no tienen ni idea de lo que significa la instrucción. El eje integrador de la educación venezolana; se cuece en la defensa de la libertad; una que se acerca a bordes de provocación, cada vez que hay anuncios de esta índole; sobre todo para apaciguar, con un escándalo, los efectos de su ineficiente política de comunicación con la sociedad.

Ahora es cuando hay tela para cortar. Desde el decreto 1.011 intentan con el adoctrinamiento; desde su gestación, la ineficiencia estratégica promueve un cambio en la mentalidad civilista de los ciudadanos; su más reciente propuesta -de conscripción y alistamiento- sufrió el rechazo masivo, vuelto desobediencia civil. Habrá que ver lo que ocurre, cuando en vez del timbre del recreo, suene la diana.

 

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