¿Se justifica?


Eli Bravo

Eli Bravo

 

El mensaje a los autócratas es que un genocidio no será tolerado… en zonas de interés para las potencias

 

Difícil aceptar los grises cuando quisiéramos respuestas en blanco y negro. Partiendo del rechazo al uso de la fuerza, la intervención militar en Libia es un error de la comunidad internacional, mas por otro lado, considerando el derecho a la vida y la libertad de los ciudadanos, la resolución aprobada por la ONU y llevada a cabo por la coalición es una medida para contrarrestar la tiranía de Gaddafi. No está fácil: el gris viene matizado por nuestros juicios y creencias, así que sólo resta zambullirse con honestidad y aceptar ciertas inconsistencias.

En mi opinión, la intervención ha sido el camino equivocado para enfrentar un escenario que la comunidad internacional vio florecer ante sus narices. Por años, buena parte de las mismas naciones que hoy bombardean se “metieron en la cama” con Gaddafi para hacer negocios y venderle armas. Pero a estas alturas, con una guerra civil en el contexto de las revoluciones democráticas en el mundo árabe, dar la espalda a una carnicería habría sido una equivocación mayor. El mensaje a tiranos y autócratas es que un genocidio no será tolerado… mientras ocurra en zonas de alto interés para las potencias.

 

Tampoco resta espacio para el discurso de la soberanía. Gaddafi sembró esta tempestad de balas rebeldes y misiles extranjeros, pero el final de su régimen será asunto que deben concretar los libios y no la coalición, tal y como estipula la resolución de la ONU. Por cierto, el mismo organismo que tuvo a Libia en su Comisión de DDHH hasta finales de febrero y ha dejado correr otras guerras civiles como las del Congo o Somalia. Pero allí nadie se mete.

 

Ante la realidad tal y como se nos presenta resulta difícil rechazar la intervención, pero igualmente, justificarla no es tan sencillo. Esta acción debería terminar cuanto antes, a Gaddafi deberían enjuiciarlo y los libios deberían asistir a elecciones en pocos meses. Lo sé, es más fácil decirlo que hacerlo.

 

Si algo positivo nos queda es la intensidad del debate y la conciencia, cada vez más arraigada, de las consecuencias negativas del uso de la fuerza. Además, el dilema de la intervención en Libia ha obligado a gobiernos y ciudadanos a enfrentar sus contradicciones y buscar respuestas más coherentes ante otros escenarios, sea Yemen o Bahrein. O en un futuro Corea del Norte o Zimbabwe. Y quién sabe si Venezuela.

 

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@ELUNIVERSAL

 
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