El hombre que cambió el fútbol vive arruinado

El jugador belga que propició el cambio del sistema de traspasos en 1995 malvive de un subsidio y lucha por dejar el alcohol

El ex futbolista belga Jean-Marc Bosman, cuya querella judicial contra la normativa de transferencias en el fútbol propició la llamada «Ley Bosman», es alcohólico y sobrevive gracias a subvenciones estatales en Bélgica, según publica el diario «The Sun».

De acuerdo con el periódico británico, lejos de beneficiarse de ese histórico veredicto, que abrió las puertas a que los jugadores profesionales europeos pudieran cambiar de club al término de sus contratos, Bosman quedó desempleado, se arruinó y cayó en una depresión, además de darse a la bebida.

El antiguo centrocampista aparece en una foto hinchado y envejecido, con cara de tristeza, mientras en el texto se explica que vive en una pequeña casa a las afueras de Lieja, lo único que le queda tras su victoria legal y la pérdida de su carrera futbolística.

Bosman, que lucha por dejar la bebida, cuenta que lo que le mantiene vivo son sus dos hijos, Martin y Samuel, de dos años y cinco semanas, que ha tenido con su pareja Carine, con quien no puede convivir por miedo a que ambos pierdan las prestaciones sociales que, por diferentes razones, reciben del Estado.

“Ha sido muy, muy duro. Gané la batalla en los tribunales pero yo soy quien ha tenido que pagar y pagar y pagar”, afirma, al señalar que apenas recibió compensación tras la victoria en el Tribunal Europeo de Justicia.

Su historia

Bosman presentó una denuncia después de que su club, el RFC Lieja, le recortara un 60 por ciento el sueldo tras no autorizar una transferencia al equipo francés Dunquerque al término de su contrato en 1990.

Tras un duro y costoso proceso legal de 5 años,logró un veredicto favorable en los tribunales que cambió para siempre la manera cómo se contrataba a los jugadores de fútbol en Europa y les permitió moverse libremente entre clubes al final de sus contratos, actuando como sus propios agentes, lo que hizo que aumentara su capacidad negociadora y potencial para ganar dinero.

Bosman fichó por el belga Charleroi en 1991, pero le pagaban menos de 1000 euros al mes por considerarle un riesgo.

Cuando finalmente dejaron de emplearle, tuvo que dejar su piso en esa ciudad e instalarse en el garaje rehabilitado de sus padres, ya sin su primera esposa y la hija de ambos.

Ahí se agudizó un deterioro personal del cual aún intenta recuperarse, a la espera de encontrar una fuente de ingresos que le permita mantener a sus hijos.

Pese a su desesperada situación, Bosman asegura que no siente celos de los jugadores que ahora cobran sueldos multimillonarios beneficiados por la ley que él propició, pero admite que desearía que se le reconociera el esfuerzo que hizo, por el que lo perdió casi todo.

 
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