¡Qué parto!

Carolina Gómez-Ávila

Carolina Gómez-Ávila

 

No soy amiga de las huelgas de hambre pero como soy demócrata, creo en el derecho inalienable a la protesta y si alguien decide que es haciendo una huelga de hambre que quiere protestar, lo respeto.

No creí que después del final del señor Franklin Brito -que en paz descanse- alguien consideraría esa vía para hacerse escuchar. Así que lamenté, sin mucho énfasis, la primera declaración de huelga de hambre.

La estudiante de la UCV Gabriela Torrijos.

No me sorprendieron las provocaciones frente a la OEA, sí que obtuvieran algunas reivindicaciones. También me sorprendió el sistema de oleadas -geográficas y cronológicas- como en las batallas napoleónicas de las que alguna vez hablé por aquí.

Observé de lejos, pero con gran interés, a unos jóvenes que no sabía yo si se daban realmente cuenta de lo que estaban emprendiendo un día tras otro ¡hasta que un cachito se atravesó en la opinión pública! Y hay que decirlo, apartando el mal rato y la saña: ¡qué gran servicio hizo a la causa de esos jóvenes que se difundiera aquella grabación!, porque a partir de ella adquirieron un brío distinto y diría yo que comenzó la verdadera resistencia pacífica, esa que hizo famosa a las llamadas “revoluciones de colores” que han acabado con dictaduras en otras latitudes.

Como pasó a muchos, también saltaron mis lágrimas cuando vi a una joven de dieciocho años coserse la boca; me impactaron sus ojos anegados de dolor, impotencia, convicción y miedo, todo a la vez. Después los mandaron a coserse lo que quisieran y apareció aquel joven carabobeño a decirle cobarde con un aplomo que nunca conoció de huelgas, añadiendo que su compañera de Caracas tenía más testículos que él: todo estaba dicho.

Así que a la 1:20 de la madrugada de hoy (es sábado cuando escribo esto), yo había parido 52 hijos, sin duda, y habían triunfado.

Quería correr a abrazarlos a todos, pero ni era el momento ni era yo quién, así que amanecí pulsando opiniones orgullosas todas de lo logrado por esos jóvenes que hicieron lo que mis contemporáneos no se atrevieron a hacer; aunque éstos son los hijos de esa generación que me está pareciendo que no salió tan boba, después de todo.

Seguro que se empezará a entender que nuestro país ya empieza a parecer de nuevo una familia porque tiene mucha gente hermanada. A esta hora tengo hermanos entre los enfermeros en huelga de hambre, entre los trabajadores de Cemex con sus bocas cosidas, entre los de Guayana, entre los jóvenes encadenados en Puerto Ordaz y hasta entre los presos en La Planta.

Se está acabando.

Están llegando a su fin los tiempos de abuso y de violaciones a los derechos humanos.

 

¿No lo ve? Si no lo ve no le mandaré a coserse algo, sólo le pediré que hable con su vecino, con los que piensan igual y distinto, póngase en los zapatos de padre, madre o hijo. Note lo que empieza a ser un clamor nacional.

Sí, anoche -de un solo golpe y sin darme cuenta- parí 52 hijos. ¿Y sabe qué fue lo que me secó los lagrimones de sentimentalismo y me puso contentísima?

¡Qué todos ellos votan!

 

@cgomezavila

@ELUNIVERSAL

 
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