CALMA Y CORDURA

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA


Manuel Felipe  Sierra
manuelfsierra@yahoo.com

El 20 de diciembre de 1935 el general Eleazar López Contreras se dirige a los venezolanos en cadena radial. Desde Maracay habla  en su condición de Presidente Encargado a tres días de la muerte de Juan Vicente Gómez. Son horas de tensión, rumores y conspiraciones.  El mensaje termina con una frase que se hará célebre: “calma y cordura”. Esa noche, el teniente coronel Isaías Medina Angarita, comandante interino de la plaza de Maracay conduce a la familia de Gómez hasta Ocumare de la Costa. Cuida que aborden el buque “Zamora”  con destino a Curaçao, y al regreso reporta al general López la misión cumplida.

Isaías Medina Angarita

Era el comienzo de la transición postgomecista. Durante casi 10 años los dos oficiales asumirían la responsabilidad de abrir las puertas a la democracia y la modernidad. Un tramo difícil, de enormes desafíos y exigencias que habría de culminar el 18 de octubre de  1945  con la acción de la juventud militar en alianza con Rómulo Betancourt. Las discrepancias y enfrentamientos ya irreconciliables entre López y Medina habían contribuido a la asonada golpista.

Rafael Simón Jiménez quien profundiza en episodios de la historia venezolana  acaba de publicar, “Choque de Generales, la ruptura que liquidó la hegemonía andina”, un esclarecedor enfoque que explica las coincidencias, afectos y recelos entre los personajes. Hijos de combatientes de las guerras del siglo XIX, Manuel María López padre de López Contreras, caraqueño, y Rosendo Medina padre de Medina Angarita, coriano, aferrados a la causa liberal recalan en el Táchira donde consolidan sus respectivos núcleos familiares. Eleazar e Isaías  nacen en el estado andino, el primero no llegó a conocer al padre y el segundo lo perdería a los tres años de edad, cuando éste enfrentó  a un ejército de colombianos encabezados por el general Rangel  Garbiras

López y Medina destaca Jiménez : “también tendrán en común una vocación por la disciplina y el conocimiento militar, el primero obtenido a través del estudio y la formación autodidáctica y el segundo en la recién inaugurada Escuela Militar, pero además en el caso de Medina con rasgos innatos de simpatía y sociabilidad, que lo distinguieron como un oficial sui géneris que siempre buscó cultivar amistades en el mundo civil y que demostraba admiración por la vida intelectual caraqueña”. López con especial interés por los estudios históricos y en particular por la vida de Bolívar, sobre la cual dejó valiosos ensayos

Cuando López inicia su mandato designa a Medina como su ministro de Guerra y Marina. La institución castrense sería el pilar fundamental del nuevo gobierno  dada la carencia de otras instituciones estables,  pero debería enfrentar  sin embargo un serio escollo: la mayoría de sus niveles jerárquicos respondían a la  oficialidad gomecista, mientras que los objetivos de la transición  suponían el encuentro con expresiones políticas enemigas del “antiguo régimen”.

Tanto López como Medina se obligan al manejo flexible e inteligente de una coyuntura demasiado compleja. López, con habilidad de equilibrista, entendió la realidad. Supo valorar la emergencia de las fuerzas populares y episodios como la marcha estudiantil del 14 de febrero en Caracas, el regreso de los exiliados políticos la mayoría de ellos con ideas revolucionarias y la organización de partidos y sindicatos.  Cuando las circunstancias lo requerían  él hizo concesiones a los herederos del gomecismo que advertían sobre la “anarquía y la guerra”.

Medina asume el poder en 1941 de la mano de López y encuentra un clima distinto. Habían pasado las tempestades y la nación se encaminaba hacia la consolidación de las instituciones y una lenta evolución del sistema democrático. Si López  supo usar  la calma y la cordura, Medina debía administrar  un tiempo de menores riesgos pero obligado a propiciar  transformaciones que ya eran irreversibles en Venezuela y el mundo

No obstante, los dos conductores parecían subestimar un hecho evidente: después de 10 años se imponía un salto, un cambio de velocidad en las líneas de los mandatos . ¿Era posible que esa ruptura la protagonizaran los mismos actores del pasado? ¿Cómo hacer para que una gestión contaminada con el gomecismo pudiera deslastrase de éste y articular acuerdos con los nuevos factores que gravitaban en la sociedad? La incomprensión de este fenómeno hizo que ante la sucesión presidencial de 1945  cobrara fuerza la tendencia al continuismo y a retoques recelosos bajo la tutela militar y  de los herederos de la dictadura. Medina apostó a retener el poder y López a recuperarlo, lo cual abrió un abismo incluso personal entre ambos, que condujo a posiciones antagónicas. Al mismo tiempo, la necesidad del avance político y social era canalizado por la juventud militar formada en el exterior en sintonía con nuevas tendencias, y un partido como Acción Democrática que cobraba una creciente fortaleza popular.

Eleazar Lopez Contreras

Mas allá de lo anecdótico, el hecho cierto es que “el choque de los generales” facilitó la llamada  “Revolución del 18 de octubre”. El día 19 sin respuesta eficaz y ya caído, Medina se encontró con el mayor Pérez Jiménez y otros oficiales en el cuartel “Ambrosio Plaza”. Él entraba y los jóvenes salían de una breve prisión. Pérez Jiménez le dijo: “general lo lamento mucho pero esto tenía que suceder”. Jiménez cuenta: “los generales Medina y López, luego de años de alejamiento y meses de ruptura, se reencuentran en las habitaciones que les sirven de calabozos, el primero apenado se dirige ante su antecesor diciéndole: “que malas cuentas le entrego mi general”. López guardó silencio. A los días fueron expulsados, enjuiciados por peculado y despojados de sus patrimonios.

 
Top