En el reino de Al Capone

JESÚS HERAS –

La lucha contra la adicción –

El Padrino dio a conocer de manera vívida y brutal las manifestaciones gansteriles que en EE.UU produjo la Ley Seca, mejor conocida como LA PROHIBICION, al disparar los precios de licor ilegalmente procesado, y otorgarle a quienes lo traficaban un poder que llegó a superar la capacidad del Estado para detenerlos. Algo similar viene ocurriendo con el narcotráfico y una creciente preocupación existe a nivel mundial.

Tanto, que sobre el tema en el último año, se celebraron varias reuniones privadas de muy alto nivel. De lo que ha trascendido, la conclusión parece ser unánime: “Hay que buscar formas distintas de combatir el narcotráfico”. Pero ¿qué forma puede existir que no sea la misma a la que hubo que recurrirse en los años ’40? Esa al menos es la posición que exteriorizó Vicente Fox, al declararse públicamente en favor de “la legalización de la producción, venta y distribución de drogas, para golpear y romper las finanzas de los cárteles del narcotráfico.” En EE.UU. una confesión pública similar, sería – en términos políticos- un suicidio, pero el narcotráfico sigue alargando sus tentáculos, ensanchando su esfera de poder y, a la postre, puede no quedar otra opción.

Ninguna otra fórmula ofrece mayores esperanzas: Primero, porque los dineros del narcotráfico están asociados directa o indirectamente a actividades lícitas de importancia visceral como la banca y el desarrollo inmobiliario, y su flujo es sumamente difícil de controlar. Segundo, porque al proporcionarle a la insurgencia ingresos para comprar armas y sustentar sus acciones, el narcotráfico tiene en los grupos irregulares un confiable aliado. Tercero, porque con las fabulosas fortunas que se manejan, los capos de la droga están en capacidad de comprar voluntades casi a discreción, tanto en organismos policiales como militares; tanto en el mundo político como en el poder judicial. Cuarto, y he aquí quizás lo más grave, porque el narcotráfico en la práctica viene haciéndose gobierno, de  hecho se alega que ya lo es en varios estados mexicanos, y se ha convertido además, en un endemoniado dolor de cabeza para los principales países consumidores.  Sin embargo, la voluntad política no ha cambiado y la lucha se endurece y continúa.

A propósito de nuestro país, las recientes declaraciones del influyente Senador norteamericano Richard G. Lugar fueron determinantes: “Es de conocimiento público que Venezuela se ha convertido en una nación de creciente importancia para las operaciones de los carteles de narcotráfico, y que de ese país fluye droga en cantidades alarmantes a través de Centroamérica hacia México y EEUU…”

De allí el interés norteamericano en que Walid Makled, quien ha ofrecido amplia colaboración para identificar redes mundiales del narcotráfico con poderosos anclajes en nuestro país, sea extraditado a EE.UU.

Están sumamente preocupados. A través de la frontera mexicana, el crimen organizado comienza a penetrar, y a toda costa – presumimos- quieren evitar que su país se convierta de nuevo en el reino de Al Capone.

 
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