Perú, el dilema de la continuidad

Simon Alberto Consalvi

Simón Alberto Consalvi
sconsalvi @el-nacional.com

 

Dentro de siete días, el 10 de abril, los peruanos elegirán Presidente de la República. No obstante, a tan poca distancia, la opinión pública, si no aparece inconmovible, apática o indiferente, muestra tan poco entusiasmo por los candidatos que ninguno se perfila como un ganador seguro, y, por el contrario, las cifras de las preferencias electorales se reparten entre los cinco más destacados con extrañas cercanías.

Casi como si estuvieran compitiendo por no quedar en el último lugar, más que por disputarse la ventaja final.

 

¿Cómo explicar este fenómeno en un país que en otras épocas fue ejemplar en el debate y la contienda de los partidos? Mario Vargas Llosa se ha alarmado por la mediocridad del panorama.

 

Al debate de las ideas y de las propuestas lo ha suplantado el espectáculo, según el escritor. Es lo que se observa de lejos. Ni ideas, ni propuestas ni imaginación. La conclusión es obvia: de una campaña aburrida y monótona no se puede esperar el entusiasmo de los electores.

 

Esto jamás ocurre de manera automática.

 

Tanta apatía tiene explicaciones. Para Vargas Llosa, los candidatos naufragan en un teatro de mediocridad que aleja a los espectadores. “No hay visiones de conjunto, sino espectáculo. Y eso no le pasa sólo a los más mediocres, sino a los más inteligentes que se convierten en payasos porque es la única manera, piensan, y se lo dicen sus asesores, de conquistar al público”. El novelista cree que el fenómeno no es sólo peruano. En esta observación radica algo que nos concierne a los venezolanos.

Pero ¿además de registrar la inconsistencia de los candidatos, podrían existir otros factores que expliquen la anomalía de un electorado que no mide lo que está en juego? Entre los enigmas de la política, quizás una constante pueda identificarse: la complacencia de la gente con su situación económica y social.

 

La satisfacción o el bienestar la aleja de las incertidumbres de la política y de las incomodidades del compromiso. Probablemente haya algo o mucho de esto en el debate electoral de Perú. No sucede así en la campaña del Parlamento. En un panorama de tantas incertidumbres en la elección del jefe de Estado, un Congreso equilibrado y plural puede ser la garantía de estabilidad.

 

El presidente Alan García concluye su periodo presidencial de 4 años con un récord impresionante. El PIB de Perú es de 10,21%; la inflación, de 0,38%; el crecimiento de la construcción, de 18%; el de la industria manufacturera, de 14,39%; el del comercio, de 10,15%. Las cifras de la inversión privada o de la pública atestiguan una economía sólida, enrumbada hacia el bienestar y el progreso. Altas reservas internacionales. Son, en gran medida, los frutos de la continuidad y consistencia de políticas económicas.

 

El TLC con Estados Unidos ha rendido ventajas indudables para los peruanos. Las exportaciones pasaron en 4 años de 17.000 millones de dólares a 35.000 millones en 2010, y las de 2011 se proyectan en 43.000 millones de dólares. No todas las exportaciones van al Norte, pero estas cifras revelan el desarrollo de Perú.

 

Es obvio pensar que para los peruanos lo que está en juego en estas elecciones presidenciales es demasiado importante. Un quiebre o una vuelta atrás, o el ensayo de teósofos de la economía, sería grave para Perú y para la región, como ha sido para Venezuela esta telaraña del “socialismo del siglo XXI”.

Para el 2 de mayo se anuncia la creación de un bloque económico que perseguirá la integración de cuatro países muy influyentes de la región. Los presidentes de Perú, Alan García; de Colombia, Juan Manuel Santos; de Chile, Sebastián Piñera, y de México, Felipe Calderón, echarán a andar el ambicioso proyecto. Los jefes de Estado se reunirán en Lima para suscribir el tratado de la alianza que promete dinamismo y fuerza, unidad de metas y coincidencias sobre el sistema económico. Al aprobar el Congreso de Estados Unidos el TLC con Colombia, todos, en conjunto, estarían identificados por un denominador común.

 

Con estas perspectivas, la Comunidad Andina de Naciones perderá toda significación. Así lo impondrá la dinámica del proceso. Este grupo surge como el contrapeso a Mercosur, con la ventaja de que tiene despejadas sus relaciones con Estados Unidos. Poseen otra condición a favor, resaltada recientemente por el Presidente de Perú, los cuatro comparten fronteras marítimas con Asia, se encuentran en el Pacífico y miran hacia APEC, Asociación Económica Asia-Pacífico.

 

Una construcción de esta naturaleza, de tan grandes ambiciones y sólidas perspectivas de bienestar y progreso para los pueblos, depende esencialmente de la continuidad de políticas. Si los candidatos presidenciales no han despertado entusiasmo, la mayoría de ellos ha expresado su compromiso con los proyectos de largo alcance. Lo que está en juego va más allá del interés de los propios peruanos. Aquí quedaremos nosotros, los venezolanos, clamando al cielo.

 

Aislados, con la cabeza metida en la arena.

 

 

 

@ELNACIONAL

 

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