Valencia la de Guillermo Mujica

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial.

Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

 

Nuestro hermano del alma, Don Guillermo Mujica Sevilla, Cronista de la Ciudad de Valencia, no se rinde en su batalla por la Valencia de su vida, de su corazón  y de su compromiso. Por eso su columna de Azules y de Brumas, despierta cada mañana del lunes de cada semana en la página de opinión del decano de la prensa regional, El Carabobeño de Don Eladio Alemán Sucre. Para brindar elogios al enjundioso y sincero discurso de Alfredo Fermín en la Casa Páez, en el Día de Valencia, Guillermo nos recuerda las crueldades y martirios sufridos por la ciudad a manos de los malos hijos de la patria.

Guillermo Mujica Sevilla, Cronista de la ciudad de Valencia.

Desde su hogar, Guillermo sueña con la Valencia de las buenas costumbres y con la necesidad de que sus hijos despierten e invoquen amor por la naturaleza para que las aguas no se escondan, sino que fluyan rumbosamente hacia el Lago de los Tacariguas. Y por ese incesante recuerdo el Cronista saluda la gallarda defensa que de la ciudad ha empeñado Alfredo Fermín.

Él es un guerrero, dice Guillermo, y Alfredo lo confirma con su pluma, su decencia, su amor que entrega a la ciudad que lo recibió y al periódico que lo acunó. Desde su hogar, Guillermo sigue con la esperanza de sus gloriosos años de vida, que retomemos el rumbo de quienes han sido grandes líderes de la cultura, de la medicina, de la política y del compromiso social. Clama la voz serena por la siembra de árboles en las pequeñas montañas que rodean la ciudad, para que no triunfe el monóxido de carbono y el ruido de la máquina automotor.

La Valencia señorial es otra cosa, no la que está hoy sumida en desesperanza, y que pugna por cambiar para el bien colectivo; no es la ciudad que han tratado de atrapar con demagógico slogan, y que manejan como hacienda privada, sin medida ni control, a la buena del Dios del dinero y de las tantas mañas que brotan de aquellos que no la quieren  sino que se aprovechan de ella.

Para el Guillermo de siempre, el de la Ópera, de la risa cantarina de la mujer valenciana, del Cabriales que llevaba pececillos en sus aguas, de las chamizas de Braulio y los recodos de La Madriz, los versos de Luis Guevara y de Felipe Herrera; la de Miguel Peña y Arturo Michelena con sus casas desaparecidas y olvidadas, el cariñoso saludo de quienes nos sentimos siempre interpretados por su pluma y por la historia de sus historias pequeñas que hacen la ciudad.

Sigue ahí, Guillermo. Déjanos saber mañana qué cosas vienen envueltas en tus Azules y tus Brumas, para que nuestro jardín se alimente con tu prosa y la ciudad resista el embate de sus enemigos y pueda, más temprano que tarde, estrenar y disfrutar de gobiernos altruistas que tengan gran respeto por la historia y por el ridículo.

 

 
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