¡Qué vergüenza!

Mons. Baltazar Porras

Mons. Baltazar Porras
faustih@hotmail.com

Se desvirtúa el sentido de quienes deben ser guardianes de la seguridad

 

El terminal internacional de Maiquetía es la puerta de presentación del país. A las molestias normales de quien viaja hay que agregar ahora la sobrepresencia de “muchas” autoridades, sin que ello signifique mayor seguridad y tranquilidad al viajero. Al ingresar a los mostradores hay un uniformado que exige el pasaporte antes de entrar a la zona reservada a los viajeros. Una vez pagado el impuesto y en la zona de control policial, hay que pasar por el escáner y el chequeo manual, normal hoy en cualquier parte del mundo.

Una vez dentro hay que estar muy atento a las llamadas a los pasajeros para revisión de las maletas en los sótanos del aeropuerto. Un número considerable son sometidos a ponerse un chaleco, ser despojado del pasaporte, bajar, abrir, ser sometido a interrogatorio y a una forma de expurgar lo que va en la maleta. No es raro ver al guardia oler lo que uno lleva como si tuviera el olfato de un perro sabueso. ¿No hay otra menos clamorosa de garantizar la seguridad de las personas?

Antes de ingresar al avión, de nuevo papeles, interrogatorio, expurgo de lo que se lleva a mano. A una muchacha, recién operada que llevaba un corsé, se lo cortaron con una tijera. ¡Y era por prescripción médica! Al dolor y la molestia física, se unieron las lágrimas de quien se sintió vejada. Sus palabras: “no vuelvo más nunca a Venezuela”.

La discrecionalidad es mala consejera cuando se ejerce la autoridad. Los sistemas electrónicos, aunque invaden más que el ojo humano, dan la sensación de igualdad y privacidad. Da pena ajena, tener que oír las disculpas del capitán por el retardo, “debido a los excesivos controles de las autoridades”. Se desvirtúa el sentido de quienes deben ser guardianes de la seguridad y respeto a los derechos humanos. Así, Venezuela no puede ser “un país para querer”.

 

 

@ELUNIVERSAL

 
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