No hay marcha atrás

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial

Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

 

 

Lo que está sucediendo, lo advertimos. No es ninguna sorpresa. Nadie puede gastar más de lo que le ingresa y mucho menos dilapidar lo que le ha sido entregado para reproducirlo en bienestar o como garantía de futuro. José, se lo dijo al Emperador para descifrar el sueño. Después de las vacas gordas, vendrán las flacas. Era factible el desastre después de arrinconar a los hombres de trabajo y de ir por el mundo como un  Rey Mago repartiendo lo que es de todos, sin que exista seguridad alguna de que nos serán devueltos los intereses y capital.

La petrolera, manejada como una caja negra inagotable y dedicada a diversos negocios, todos encaminados a descapitalizarla, a depender de nuevos empréstitos garantizados con ventas a precio  de gallina flaca; las maletas cargadas de dólares frescos que caminan, como la espada de Bolívar por la América Latina; el cierre de más de cinco mil empresas, la huída de capitales nacionales y extranjeros; la toma a mano militari de haciendas y fundos, bien, y la destrucción de extensiones dedicadas a la preservación de la fauna y la flora, eso no podía tener ningún final feliz.

Nadie le ha empujado para que se dirija al barranco, lo ha hecho él solito, y lo lamentable no es su fracaso y el de sus camaradas, sino el daño que se le hace a las nuevas generaciones.  Figuramos, por obra y gracia de estos desatinos, como el país con la inflación más alta en el continente; dependemos de todo lo que por .ahora se puede importar, pero para comercializarlo con una moneda devaluada. Tan solo basta con ir al supermercado y al propio Mercal, para enterarse como el dinero se esfuma en el viento del sueño socialista.

No hay que empujarle, y hasta bueno sería que, de vez en cuando  que alguien aplaudiera para que acelere el paso hacia el hueco que ansioso le espera, a él y todos los que se han lucrado hasta hartarse en esta fiesta de la corrupción nacional. No hay marcha atrás, hay que luchar en la recuperación de la moral y la victoria de los valores éticos, en la conciencia y el respeto a los derechos humanos y acabar con la ambición de poder para maltratar y condenar a los disidentes.

Ya son muchos menos los que hablan bien del gobierno, y son más los que se quejan y hasta se arrepienten de haber votado alguna vez por esas consignas. En el propio caldero con el que amenazaron a otros con freírlos, podría estar el destino de los que  creyeron tener a Dios agarrado por la chiva. No hay marcha atrás.

 
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