Por Keiko con amor…

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

 

A mí lo de Perú me tiene asombrado. Mira que lo del autosuicidio como que no es una aberración. Hubo tantos candidatos que querían que no ganara ni Humala ni la pajarita Keiko, no por ella, sino por su papá. Total que había tantos candidatos que dividieron la votación y ganaron los malqueridos. Malqueridos pero bienconocidos.  El uno había llegado de segundo la vez anterior y perdió contra Alan García, y la otra lleva en su nombre y en sus rasgos, el legado de su papá.

 

Total, los peruanos votarán, en su mayoría, no a favor sino en contra. Los que no quieren a Chávez, perdón, a Humala, votarán por Fujimori.  A la inversa, los que no quieren a Fujimori, votarán por Humala. Y también habrá quienes voten por aquel que odien menos. Tremendo berenjenal. Y para demostrar que tengo razón, ya salió el cholito que como Presidente no tenía quien pagara una vela para su entierro, y ahora como perdió, prefiere a Humala, así no le guste Chávez, porque no pasa a Fujimori.  Igual puede ocurrir con el pajarraco Nobel, quien después de decir que en Perú hay que escoger entre el cáncer y el Sida, de seguro se va por el cáncer, no importa lo que le pase a Perú. Y todo porque primero viene el sábado que el domingo, y lo de Fujimori es más antiguo.

 

Yo les voy a confesar algo, a lo mejor gana Humala, no lo descarto, a pesar de que la dan a ella ganadora. Pero les voy a decir algo, mis queridos pajarracos, y pajaritas queridas. Si yo fuera peruano, votaría por Keiko. ¿Qué por qué? Les explico.

 

El hombre sabe de historias

 

Por aquí estuvo un viejo amigo, un periodista margariteño que lleva muchísimos años trabajando en Valencia y de vez en cuando se monta en una camionetica, porque carro no tiene, y se viene hasta aquí, al descampado, a jurungarme la lengua, porque es curioso y le gusta conocer lo que me dice mi telescopio mental. Pero esta vez fui yo quien le sacó la historia que les voy a relatar, y todo porque me sorprendió que los peruanos en Valencia votaron mayoritariamente por Keiko y le pregunté.

 

Hay que recordar, me dijo, su visita a Valencia, la del papá de Keiko, Alberto Fujimori, en 1995. Salían peruanos por donde quiera, uno sentía que salían hasta de las alcantarillas. Eran miles y miles, y se congregaban a lo largo de las calles por donde iba a pasar, coreando “chino, chinito, viva Perú”. La conmoción fue tan grande que, cuando llegaron al Capitolio, el gallo, que todavía era gobernador, lo subió a un balcón que acababa de construir y resulta que cachicamo trabaja pa’ lapa. Porque habiendo construido, mucho antes de que a Águila Uno se le ocurriera, su propio Balcón del Pueblo, el pueblo lo bautizó el Balcón de Fujimori.

 

Aquello fue grandioso, amigo Espantapájaros, me agrega. Era una fiesta, junto a Fujimori, el gallo inauguró la plaza bolivariana en el Negra Hipólita, y luego el monumento a Bolívar y Peñalver. El historiador Tomás Polanco Alcántara pronunció un discurso al momento de descubrirse el monumento. Luego hubo un gran almuerzo en el Capitolio. En el Salón Bolívar.

Y sabes tú, Espantapájaros, ¿por qué se armó el alboroto con la visita de Fujimori? Porque el chinito acabó con el Sendero Luminoso, los terroristas que asesinaban a mansalva y tenían azotado a Perú, y porque acabó también con la inflación. Imagínese Ud. como vivían los pobres peruanos antes de Fujimori, después de la inmensa torta que puso el mismo Alan García en su primer gobierno. Lo que valía hoy, digamos 100 bolívares, el mes que viene costaba 270, y un año después 2.000, o sea que cada semana, los precios aumentaban  en 30% y los sueldos nunca alcanzaban. Total que Fujimori llegó, puso orden, regresó la paz y la tranquilidad, y Perú comenzó a prosperar. Todo eso lo hizo el chinito en corto tiempo, claro, pisando muchos callos, pero lo logró.  ¿Cómo entonces no lo iban a querer?

 

Chorocientos Montesinos

 

Y entonces ¿qué pasó después, porque lo atacan tanto y lo condenaron a prisión? Ese cuento si me lo sé yo, le dije al periodista. Le pasó lo mismo que le hubiera ocurrido a Uribe si se queda otro periodo más, o como le está ocurriendo aquí a Águila Uno. Que después se extravió esa es la verdad verdadera, sobre todo con las movidas del tal Montesinos que, por cierto, Águila Uno lo tuvo escondido aquí, quien sabe por qué razón, ¿lo recuerdan? Estaba aquí y lo negaba, vaya Ud. a saber por qué.

 

Ahora con las acusaciones de Makled, uno comienza a atar cabos y a sospechar que como que lo ahora se está viendo, nos viene de  atrás. Que ya para aquel momento, tenían su trompo enrollado. O sea que desde antes que el pajarraco Fujimori cogiera las de Villadiego y se fuera de su país, ya había una relación muy especial con Águila Uno.

Eso sucedió, claro, mucho después de su visita a Valencia, cuando le descubrieron que había armado un fraude electoral para quedarse en el poder… y eso que lo que había hecho era un niño de pecho, al lado de las maquinitas que Águila Uno tiene aquí.

 

Pero de que gobernó bien, nadie lo puede negar.  Y de que le pasó lo mismo que desde hace tiempo le viene ocurriendo a Águila Uno, tampoco se puede negar… porque aquí no hay un choro como Montesinos, sino chorocientos. Pero en fin, la gente ahora se acuerda de lo malo del chinito, lo que hizo al final y se olvida del principio de la película.  Cuídate, Águila Uno, que lo tuyo ha sido casi de principio a fin, y mañana te lo pueden querer cobrar.

 

El secreto del chinito

 

Pero volvamos a la visita. Imagínense que era tan grande la popularidad del chinito, continuó mi amigo, el periodista, que en un cable internacional anunciaban que Fujimori había venido a Caracas, a verse con el Presidente Caldera, pero después se vino a Carabobo porque Keiko y el Pollo tenían su cosita, y a lo mejor pronto comeríamos arroz chino con pollo.  “¿Lo recuerdan, mis pajaritas queridas?  Total que ahora Keiko puede terminar siendo Presidenta y quien sabe si el Pollo se sale con las suyas. Aunque yo no creo que ande apurao.

 

Pues bien, de ser peruano, yo votaría por la Keiko cien veces antes de arriesgarme con otro militar golpista. No señor. Yo en golpistas no creo, y lo digo con toda la autoridad que me confieren mis cinco soles. ¿No es así, Águila Uno? ¿Acaso no es cierto qué perro come manteca mete la lengua en tapara? Yo por fin no sé si estás con Humala o con Montesinos, pero con golpistas no quiero nada.

 

De ser yo peruano, en la primera vuelta, de seguro que no habría votado por ninguno de los dos. Me habría ido por el Sr. K, que no tendrá carisma pero es un buen administrador porque Perú sin petróleo, le está yendo cien veces mejor que a Venezuela, y eso no se puede arriesgar.

 

Pero eso ya pasó, y lo que pasó, pasó. Ahora, ni cáncer ni Sida, mí querido pajarraco Nobel, mi voto es para Keiko… y con amor.

 

Y avisao, mi decisión nada tiene que ver con Águila Uno. Después de lo de Montesinos, con Águila Uno no se puede uno confiar. Es mi debilidad por las pajaritas lo que me obliga a decir, KEIKO PARA TODO EL MUNDO.

Entiéndanlo pajarracos amigos… a estas alturas yo no les voy a mentir.

 
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