Cenicienta decidió soñar
En el fútbol ya nadie se ríe de La Vinotinto

Juan Arango es la figura más destacada del seleccionado venezolano

El fútbol de Venezuela vive sus mejores años. Accedió al Mundial Sub 20 de 2009 y en las Eliminatorias para Sudáfrica quedó a sólo dos puntos del Repechaje. En la próxima Copa América exhibirá su crecimiento. La última década resultó la mejor en la historia del fútbol de Venezuela. En febrero de 2010, se metió en el top 50 de la FIFA. Juan Arango es la figura más destacada del seleccionado venezolano. Tras un gran paso por el Mallorca, juega en el Borussia Moenchengladbach.

Waldemar Iglesias

No era difícil descubrir sus sensaciones. A Edgardo Broner -periodista y profesor universitario; argentino, aunque especialista en el fútbol de Venezuela- lo habitaba el entusiasmo de lo que pudo haber sido: “No estuvo tan lejos La Vinotinto de llegar hasta acá”. El estadio Green Point de Ciudad del Cabo recién había ofrecido el triunfo de España ante Portugal, por los octavos de final del Mundial del año pasado. En el centro de prensa, el diálogo de los periodistas nacidos en la tierra de Maradona tenía a un invitado curioso: Venezuela. No le faltaba razón al riguroso Broner: La Vinotinto se había quedado a sólo dos puntos del Repechaje que le había permitido a Uruguay -tras derrotar a Costa Rica- clasificarse al Mundial de Sudáfrica 2010.

“Gol de Venezuela, un grito esporádico pero inolvidable”, se llama el libro que escribió el mismo Broner y que cuenta el arduo recorrido del seleccionado caribeño, frecuentemente llamado La Cenicienta de América. Ese texto se perdió los mejores capítulos de La Vinotinto. A partir de 2001, aquellos equipos acostumbrados a recibir goleadas se comenzaron a poner de pie y a lidiar incluso contra los gigantes del continente. El crecimiento fue constante. Lo demuestran, sobre todo, los últimos años: Venezuela se clasificó al Mundial Sub 20 de 2009 (ganó dos encuentros y accedió a los octavos de final); en las Eliminatorias para Sudáfrica 2010 quedó más cerca del Mundial que nunca antes; y también el año pasado se metió en el top 50 del ranking de la FIFA. Queda claro: ya nadie se ríe de La Vinotinto.

Hubo otro tiempo muy distinto y no tan lejano. En 1996, en ocasión de la visita del seleccionado argentino a territorio venezolano para disputar un partido de las Eliminatorias para la Copa del Mundo de Francia, el encantador Roberto Fontarrosa escribió en su condición de enviado, a través de uno de sus personajes: “Que nuestros jugadores declaren que respetan el fútbol de Venezuela, y que no aseguren resultados favorables, es como si los leones, antes de saltar a las arenas del circo romano frente a los enclenques cristianos, hubiesen dicho: ‘Las cosas se han emparejado. Solo podemos afirmar que dejaremos todo en el Coliseo para que el público se vaya conforme con el espectáculo’. ­No, ¡señores! El argentino -se exalta Serenelli- debe retornar a su soberbia primigenia y declarar, abiertamente: ‘Les vamos a hacer catorce, como para que, de una vez por todas, se dediquen a deportes más acordes con su idiosincracia’. Eso dice Serenelli”. El escritor rosarino había pronosticado un 3-0, a través de ese personaje sin olvido que respondía al nombre de Hermana Rosa. El resultado también fue una goleada: 5-2 para el equipo que entonces dirigía Daniel Passarella. Eran otros días, muy parecidos a tantos anteriores desde aquel primer partido oficial con derrota ante Panamá, en 1938.

La matriz del crecimiento la contó en días cercanos Rafael Dudamel, alguna vez arquero de Quilmes, en el fútbol argentino: “Siempre tuvimos mucho talento. Pero después de los años noventa, cuando llegaron técnicos como Pastoriza, los nuestros empezaron a actualizarse y los futbolistas pudimos desarrollarnos mucho más. En el Preolímpico estuvimos entre los cuatro grandes de Sudamérica. Fue una muestra de que sí podíamos, que estábamos cerca”. José Pastoriza llegó en 1999, y desde allí Venezuela se animó a más. Desde entonces se abandonó la mala costumbre de perder -antes de que empezara el partido- en cualquier cancha y contra cualquier rival: La Vinotinto disputó en ese lapso 151 encuentros y perdió menos de la mitad de las veces (67). Además, apenas fue dirigida por tres entrenadores (al Pato lo continuaron Richard Páez y César Farías, el actual conductor). El detalle habla de una continuidad que antes no existía.

Esa constancia y los buenos resultados pusieron al fútbol en el centro de la escena deportiva del país, tras varias décadas de resultar relegado ante el béisbol y el básquetbol. El último gran impulso lo ofreció su condición de organizador de la Copa América, en 2007. En aquel evento ya no sorprendió ver grandes anunciantes en cada canal de televisión donde estuviera presente el fútbol; tampoco que se vendieran tantísimas camisetas de La Vinotinto por las calles de Caracas, de Maracaibo, de Puerto Ordaz o de Barquisemeto. Una escena retrataba y retrata ese cambio: en una de las playas de Puerto La Cruz, a pocos metros desde donde comienzan las excursiones rumbo a la Isla Margarita, casi todos los días varios grupos de chicos jugaban al fútbol como si se tratara de algún rincón de Río de Janeiro o de Praia do Rosa o de Olinda. Se quedaban hasta que la oscuridad les impidiera seguir pateando.

En el medio de este desarrollo encontró futbolistas para sentirse orgulloso: como Juan Arango (de notable paso por el Mallorca; actualmente en el Borussia Moenchengladbach), Giancarlo Maldonado (ex Xerez; ahora en el Atlante), el Maestrico César González (ex Huracán; por estos días en Gimnasia La Plata) y José Manuel Rey (alguna vez contratado por Deportivo La Coruña). Y también se perdió otros cracks potenciales, devorados por las tentaciones del fútbol de Europa: como Jeffrén Suárez (hoy en el Barcelona y en el Sub 19 de España), Fernando Amorebieta (defensor del Athletic Bilbao y nacionalizado español) y Danny Alvez (mediocampista del Zenit San Petersburgo y representante de Portugal). También mejoró el rendimiento de sus clubes a nivel continental. Las frecuentes sorpresas del Caracas en el último lustro de la Libertadores sirven de testimonio.

Venezuela, que llegó a los cuartos de final en la última Copa América, estará en Argentina 2011 con la voluntad de seguir exhibiendo su crecimiento. Lo dijo el técnico César Farías, en cuyo ciclo La Vinotinto ganó más partidos que los que perdió: “Hoy en día, el futbolista venezolano ha avanzado mucho en lo físico, en lo táctico y en la concentración. Complejos no tenemos. Esta es otra época”. Así parece: es la época en que aquella Cenicienta decidió soñar.

 
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