¡Cuidado con los jazmines, Presidente, Cuidado!

JESÚS HERAS –

Saleh ya anunció su salida, Gaddafi tarde o temprano este año abandonará el poder, y Assad en Siria los seguirá. La Revolución de los Jazmines inexorablemente avanza. ¡Cuidado!

Los  tres mandatarios tienen muchísimo en común entre sí, y con los que ya fueron depuestos. Han ejercido por décadas un poder dictatorial, y presiden -a excepción de Libia- países sumamente pobres.

Túnez, el más rico, y el primero en expulsar a su Presidente, produce 8 mil dólares per cápita, cifra similar a la de Ecuador, mientras Yemen, el país más pobre del mundo árabe, tiene un ingreso por habitante de apenas 2.600 dólares, poco menos que Nicaragua y Honduras. Lo siguen en niveles de pobreza, Iraq, cuyo dictador fue derrocado por la invasión norteamericana de 2003; Siria, con 4.900 y Egipto con 5.500 dólares por persona, cifras superiores a las de Bolivia y Paraguay y, por lógica, infinitamente mayores que las de Nicaragua y Honduras.

Nótese que de los cinco países latinoamericanos más pobres, tres pertenecen a Alba y un cuarto, Honduras, estuvo a punto también de serlo. No mencionamos a Cuba, cuya pobreza es proverbial, o a Venezuela, su financista principal, cuyas cifras oficiales son cuando menos cuestionables. Si el bolívar fuese calculado a su precio de mercado, nuestro ingreso per cápita sería similar al de Túnez y Ecuador.

Comparemos estas cifras de ingreso per cápita con las de otros países del cercano y medio oriente: Líbano $11,100; Irán, $13.100: Omán, $20.400; Arabia Saudita $21.300; Israel (sin petróleo) $28.900; Baharain $37.400; Emiratos Árabes Unidos, $40.400; Kuwait, $60.800; Qatar, $101.000. Las estadísticas corresponden a 2010.

Los Presidentes atenazados por la Revolución de los jazmines enfrentan también – al igual que quienes fueron depuestos – protestas cada día más violentas, cuyo núcleo fundamental lo conforman jóvenes universitarios, a quienes se han sumado millones de seres de todas las edades. Sin embargo, el desenlace que prevemos se funda, no solo en sus realidades internas.

El caso de Libia es bien conocido. Aún cuando se trata de una acción multilateral, Obama y Sarkozy, convirtieron la salida de Gaddafi en una cuestión de honor. Y Assad saldrá por la creciente oposición interna, pero también por consideraciones geopolíticas fáciles de comprender.

La importancia estratégica del medio oriente es bien conocida. Reúne las más vastas reservas petroleras del planeta e Irán, por sus posiciones políticas extremas y su decisión de convertirse en una nación nuclear, constituye – tanto para los países árabes como para las mayores potencias- una creciente amenaza. Siria es su único aliado en el mundo árabe y si bien esa realidad no es nueva, desestabilizada la región, crece por consenso la idea de que Assad también debe salir.

La revolución de los jazmines inexorablemente avanza. Irán, Siria y Libia, estrechos aliados de nuestro Presidente, están en el ojo mismo del huracán. Energizada por los efectos de la inflación alimentaria que recorre el mundo, nada parece capaz de detenerla. ¡CUIDADO!

 
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