Definiciones

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez Mondragón

Vivimos tiempos de definiciones. Los días por venir establecerán el grado de compromiso de actores clave en el devenir de la nación. Sus nombres comienzan a mencionarse; aun cuando ellos prefieren esperar un poco más antes de presentarse formalmente a la contienda de las ideas, del debate provechoso; del verbo claro; sin adjetivos generacionales, sin remilgos a la hora de delinear un plan a seguir.

Se inicia una fase complicada en este panorama electoral en el que confluyen férreos convencidos que sufragarán por cualquiera que levante la bandera “anti” y críticos que escudriñan entre las ofertas, entre las propuestas elaboradas que trazan mucho más que un “salir de esto y empezar de nuevo, como sea”.

La inercia ha hecho que algunos personajes de la política de gestión viva despunten entre los afectos del electorado. Es una ventaja que una clara estrategia política no puede dejar perder por declaraciones insulsas o inmaduras; alejadas de la visión generalizada de Unidad verdadera. Pero la inercia no lo puede todo; ni siquiera sustentar por mucho tiempo que el descontento frente a la actual gestión nacional, por sí solo, hará posible una victoria de la alternativa.

En función de esas variables, asoman, según su estilo, hombres y mujeres que han desarrollado durante años una formación especial para conducir al país. Su presencia en el debate es fundamental para elevar la base conceptual del proceso de elecciones primarias, independientemente del carisma, del punch, de la calidad del mensaje que transmitan.

Los niveles de rechazo iniciales; básicamente por el prejuicio, por el efecto claro de una campaña continuada de desprestigio por lo que representaron; se convierten en fardo pesado para que sus planteamientos calen. La idea de la novedad absoluta pulula en parte de la población, y será cuesta arriba revertir esa percepción; aun cuando es necesario, para todos en el país, que se escuche a todos, que se reciban los mensajes; que no se diluya la campaña, entre viejos y nuevos; en una batalla generacional que nada pinta, frente a la debacle actual.

La juventud no puede estar reñida con la experiencia; ni mucho menos la experiencia puede desestimar el ímpetu de la juventud. Un clima social que sufre por el apartheid ideológico no puede nutrirse, desde la perspectiva de la alternativa, por otra versión de discriminación, ahora con fondo en la edad.

Los días que siguen serán clave en el entendido de que se presentarán hombres y mujeres con un mínimo común de acuerdos; en el ánimo de contribuir al desarrollo del país, en la visión compartida de que es posible el cruce de ideas, la complementariedad de planteamientos.

Se trata de un hecho inédito en la política venezolana. Pero se trata también de un acercamiento social que desestima las divisiones, que se deslastra de las piedras internas en un camino común. Ciertamente se exige conocimiento por parte de quienes deben tomar la decisión. Es obligación de quienes se postulan en este trance nacional, proveer de ese conocimiento a los ciudadanos. De eso va este tiempo de definiciones.

 

 

 

 
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