El Congreso de Raúl Castro

Fernando Egaña

Fernando Luis Egaña
flegana@gmail.com

 

 

Al castrismo le será arduo el manejo de una transición económica que no tenga efectos en su dominio absoluto del poder estatal.  Pero no tienen más remedio

Todo lo que acontezca en Cuba es de importancia para Venezuela, porque bien se conoce la relación simbiótica entre el régimen castrista y el chavista. De Caracas salen los recursos para oxigenar a La Habana, y de allá salen los lineamientos y las supervisiones para la “revolución” de acá. Por eso, la realización del Sexto Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) tiene una gran significación para nuestra aprisionada realidad.

Lo principal a destacar es que se trata del Congreso del general-presidente Raúl Castro Ruz. El primero en cerca de 2 décadas, y el primero bajo su égida como gobernante de Cuba. La máxima instancia del PCC se ha celebrado, por tanto, para formalizar el proceso de descompresión económica que viene llevándose a cabo, y también para tratar de sujetar las amarras ante la salida definitiva de escena de Fidel Castro.

Ya parece un lugar común afirmar que la gerontocracia cubana está transitando el camino económico-reformista que los chinos inventaron hace más de 30 años, y que los vietnamitas siguieron al pie de la letra. Ir abriendo la economía pero bajo la férrea hegemonía del Partido Comunista, sería el modelo a desplegar en Cuba. Muy distinto, por cierto, a la aparatosa perestroika de Gorbachov que contribuyó a implosionar a la Unión Soviética.

La dictadura cubana ya ha autorizado más de 140 mil licencias para actividades y oficios de mini-empresarios, y está permitiendo, poco a poco, diversas formas de derechos de propiedad, incluyendo la compra-venta de determinados bienes, entre los que figura la vivienda personal. Todo lo cual habría sido de una herejía inadmisible hace apenas unos años, pero que las exigencias han hecho necesaria ante la ruina catastrófica del llamado “modelo cubano”, cuyo único defensor, no faltaba más, es el señor Chávez.

Así mismo, la resolución de limitar los principales mandatos públicos a  dos períodos quinquenales sucesivos y no más, también es una resonancia del “modelo chino”, ya que así fue consagrado en la Constitución de la República Popular de 1982. El jefe de Estado chino Hu Jintao, y el jefe de Gobierno Wen Jiabao, fueron “elegidos” en el 2003 y en el 2013 serán relevados. Un tanto irónico, por cierto, que tan mesurada medida política ocurra luego de 52 años y pico de mando omnímodo y nepótico.

En verdad, el sistema comunista de Cuba ha devenido en una dinastía familiar de naturaleza político-militar, y por ende al castrismo le será arduo el manejo de una transición económica que no tenga efectos en su dominio absoluto del poder estatal. Pero no tienen más remedio por el callejón sin salida del fracaso monumental del castro-comunismo.

Quizás eso explique que el “nuevo” Buró Político del PCC, designado en el Sexto Congreso, sea una galería del viejo liderazgo, con casi la única excepción de Marino Murillo quien, según Carlos Alberto Montaner, podría ser la figura que los Castro entrenan con fines sucesorios. Mientras tanto, el pueblo cubano ansía su liberación, y el venezolano, también.

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