El Laberinto de Santos *

Fernando Londoño Hoyos

Fernando Londoño Hoyos

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La extradición de Makled metió al Presidente en un laberinto sin hilo de salida

Vano resultaría cualquier intento por explicar la gigantesca fortuna que amasaría este personaje, e inútil tratar de entender cómo llegaría a la cúpula del poder en Venezuela. Que un hombre tan bronco y de limitados alcances resulte dueño de Aeropostal, una línea aérea de larga historia y muchos aviones, de inmensas bodegas en Puerto Cabello, el más importante centro de comercio marítimo del país y de no se sabe cuántas propiedades más, no puede ser producto de la suerte ni resultado de legítimos o simplemente hábiles emprendimientos. La riqueza de Makled, ella sola, es todo un auto cabeza de proceso.

Por lo poco que de él se sabe, queda en evidencia que tiene poderosos aliados. No es el tipo que se abre camino a punta de audacias, grande imaginación y crueldades fabulosas, al estilo de Pablo Escobar, ni de los que urden la trama de sus infamias con mucha paciencia para enredar intereses, al estilo de los Rodríguez Orejuela. Makled es el tipo perfecto del rufián que sirve a muchos y de muchos se sabe servir. Es bueno para lo que sea, a condición de llevar parte en cada negociado. No se enriquece. Lo enriquecen.

La cuestión es que, de tanto contribuir a los ilícitos ajenos, se convirtió en el centro de una prodigiosa conspiración para delinquir. Makled es tan rico en dinero como en secretos. Lo primero lo hace muy apetecible. Lo segundo lo vuelve altamente peligroso.

Pues ese don nadie se ha convertido en el centro de la política exterior de Colombia y Venezuela y en pieza clave para la torpe y lenta diplomacia del presidente Obama. Walid Makled, insistamos, no vale por lo que tiene, sino por lo que sabe.

Y lo que sabe lo aprendió mientras robaba, sobornaba, pasaba droga de un sitio a otro, con la complicidad de mandos muy decisivos de la cúpula del poder en Venezuela. De los que tienen armas y de los que no las tienen.

Los servicios de inteligencia de los Estados Unidos necesitan a Makled. Porque conoce los caminos por donde pasan cada año trescientas toneladas métricas de cocaína desde Colombia hasta Europa y Norteamérica.

Y porque, además, vaya lotería, está enterado de muchas cosas que el Gobierno de la más poderosa nación de la tierra quiere saber, en materia de relaciones de Hugo Chávez con sus asociados de los países árabes, enemigos de los Estados Unidos.

En un acto de fenomenal imprudencia, el presidente Santos ofreció mandar a Makled a su nuevo mejor amigo, el Dictador de Venezuela. Que no puede soltar esa presa.  Y se la niega al aliado estratégico de Colombia, que tampoco se puede quedar sin ella. Y ambos por lo mismo: Makled sabe demasiado. Menudo lío.

Para salir del atolladero, Santos acude al muy santanderista expediente de sostener que la Ley lo obliga a mandarlo a Venezuela. Falsedad absoluta. Santos lo puede mandar donde quiera.  Primero, porque así funciona la extradición. Y segundo, mala suerte, porque se lo dijo la Corte Suprema de Justicia en providencia que Santos no quiere leer. O que quiere pasar de largo ante ella, como el que se hace que no ve lo que tiene delante de sus ojos.

Si Santos manda a Makled a Venezuela, cometerá el mayor desacierto político de su mandato. Si a los Estados Unidos, se le desmorona el frágil edificio de su política internacional. Porque sabe que su mejor amigo se le convierte en el peor enemigo, de una sola buena vez.

Su ministro Vargas Lleras pagó el precio de decretar la extradición a Chávez. Pero embarcarlo en un avión, rumbo a la muerte o, en todo caso, al silencio, supondrá un golpe mortal a su fama de estadista ponderado y serio.

 


* El título fue tomado del sumario

 
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