La cobardía del venezolano

Thays Peñalver

 

Thays Peñalver

 

¿Qué le habrá pasado al heroico y noble pueblo de Venezuela, aquel del “Gloria al bravo pueblo”, ese himno que tantas veces cantamos en nuestra niñez o en aquellos eventos donde nos sentíamos orgullosos de nuestro gentilicio? ¿Qué pasó con los “herederos” de los héroes patrios? ¿En qué momento fue sustraído todo ese heroísmo y sustituido por una cobardía espantosa? ¿Cuándo fue que el miedo y la viveza se hicieron parte de nuestra vida cotidiana y nos impidió movilizarnos para demostrar que teníamos dignidad? ¿Quién decretó que lo mejor era aceptar la cobardía como modo de vida?

Hace 13 años un venezolano como pocos se hizo unas preguntas parecidas en uno de los mejores discursos jamás dados en el Congreso de la República. Castro Leiva con su profundo conocimiento de lo venezolano nos dijo a todos (no sólo a los parlamentarios presentes) que “lo peor de nosotros mismos cultiva lo peor de nosotros mismos”. Y que los venezolanos consideramos a la gente buena “para miseria nuestra, unos soberanos pendejos y todos aceptamos esa cobardía”. Y tuvo y tiene razón porque sin distinción de bando, sea chavista o sea opositor, aquí mucha gente ha aceptado y acepta muchas cosas cobardemente.

Por ejemplo, en algunas ocasiones la oposición gritaba “corrupto, corrupto” a quien era chavista, pero sorpresivamente si éste brincaba la talanquera inmediatamente era recibido con los brazos abiertos y se convertía en líder de la oposición. De pronto, pues, ya no era corrupto. En ese caso la mayoría opositora noble, aceptó la cobardía de quedarse de brazos cruzados. Pero esto no es sólo una cobardía opositora, pues los chavistas han aceptado igualmente el desmadre y convalidan a quienes no tenían nada y ahora son potentados sin exigirles explicación alguna y sin que esto al parecer importe mas allá de unos comentarios en voz baja entre ellos; la mayoría “noble” del chavismo consintió que se hiciera lo que tanto criticaron del pasado, lo aceptaron también por cobardía.

Por eso todo el mundo nos ve como cobardes, porque cuando un chavista “noble” presencia una injusticia contra un opositor, su reacción debería ser la de levantar su voz, con la misma fuerza que un opositor si viera una injusticia contra un chavista. Y es que por mucho dinero que esté en juego, debe llegar un momento en la vida de los hombres en la que debe privar el civismo y el rechazo a las injusticias, sea contra quien sea. Porque cuando los pueblos aceptan la cobardía como modelo de vida, unos pocos terminan enriqueciéndose masivamente y llevando a la Nación a la ruina moral y a la bancarrota, gobierne quien gobierne.

Ambos grupos han aceptado esa cobardía una y otra vez, porque les han permitido a unos pocos manchar el honor y la reputación de una gran Nación. Es por eso que cuando un venezolano viaja al exterior ya no es recibido con afecto a donde llegue, a los jóvenes se les veja en los aeropuertos, en los bancos serios el venezolano tiene “procesos especiales” porque: “es que Usted es venezolano” como si esto fuera un sinónimo de “es que Usted es Terrorista” y es así como conocen al “venezolano de hoy”, porque aceptamos la cobardía y a sus inevitables consecuencias: la corrupción y el crimen organizado.

Por eso hasta que no germine la dignidad y la valentía, sea chavista u opositor, nadie podrá dirigir realmente a Venezuela porque quien la gobierna hoy es la cobardía y mientras ésta lo haga, seguirá sin respuesta la pregunta de Castro Leiva en el seno del Congreso de la República: “perdónenme la expresión y acudo a cierto coloquialismo: ¿cómo se gobierna esta vaina?”.

 

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