NARCOTRÁFICO, MARXISMO Y ANTIIMPERIALISMO


Orlando Ochoa Terán

Las revelaciones de Walid Makled actualizan esta vieja prédica marxista de usar el tráfico de drogas como un arma de lucha antiimperialista.

 

Hace algunos años Cuba y otros regímenes marxistas fueron seducidos por la noción de que promover el tráfico de drogas hacia países como EE UU y la UE era una forma legítima de lucha contra el capitalismo. Crearon un monstro incontrolable que amenazó con devorarlos. ¿Incurre el socialismo bolivariano en el mismo error?

 

De acuerdo al reporte de 2010 del National Drug Intelligence Center, 25 millones de la población de EE UU, por encima de la edad de 12 años, han reportado haber consumido drogas. Las consecuencias, de acuerdo a sus conclusiones van mucho más allá de los efectos que causa a la salud de los consumidores. En realidad las repercusiones en violencia, criminalidad y ambiente son tan extensas que el costo a la economía de este país se estima en 5 mil millones al año. Productores en América Latina y el Caribe – agrega el reporte – son los mayores suplidores de la droga ilícita, no sólo que ingresa a EE UU, sino al resto del mundo.

 

No obstante los esfuerzos del gobierno de EE UU, dentro y fuera de sus fronteras para combatir este mal, el problema ha empeorado a medida que las operaciones de tráfico se han hecho más sofisticadas. Razones económicas y la tradicional debilidad institucional de gobiernos en la región hacen más compleja su erradicación. Ningún producto agrícola se puede comparar con el rendimiento por hectárea de las plantas de coca.

Simbiosis drogas/revolución

 

A fines de la década de los 90 la alianza de la narco-guerrilla llegó a ser tan poderosa que amenazó la gobernabilidad de Colombia. Este hecho, probablemente, alentó de nuevo la noción de que era posible a través de un método tan poco ortodoxo atacar al capitalismo y derribar un gobierno democrático para imponer uno “revolucionario”.

 

Las revelaciones de Walid Makled actualizan esta vieja prédica marxista de usar el tráfico de drogas como un arma de lucha antiimperialista. La experiencia fue devastadora para Cuba y algunos países de África. A cambio del limitado daño que causaron al capitalismo, los índices de corrupción en las filas del gobierno, la criminalidad y violencia en la sociedad, crecieron exponencialmente. La coyuntura fue aprovechada por la dictadura de Castro para asesinar a disidentes y peligrosos rivales políticos como el general Arnaldo Ochoa, al tiempo que trataron de contener el monstro que había creado.

 

Las advertencias

 

No es necesario ser un consumado estratega para prever que el Plan Colombia y en consecuencia la ofensiva militar que se lanzó contra la narco/guerrilla traería repercusiones en Venezuela, especialmente si se tomaba en cuenta la condescendencia bolivariana que se declaró inicialmente “neutral” en el conflicto del vecino país.

A las primeras advertencias del periodista Roberto Giusti, que con inusitada precisión reveló hechos concretos sobre estas relaciones y los lugares en territorio venezolano que servían de aliviadero a la narco/guerrilla, siguió, en noviembre de 2003, el reportaje de la periodista americana Linda Robinson en U.S. News & World Report, que causó un gran revuelo internacional. Con lujo de detalles, Robinson documentó  supuestas vinculaciones de funcionarios venezolanos con la narco/guerrilla y terroristas musulmanes

 

Linda Robinson no sólo era una veterana periodista sino una analista especializada en temas latinoamericanos de Harvard, ex editora de la revista Foreign Affairs y miembro de la directiva del Council on Foreign Relations y del International Institute for Strategic Studies. En 1999 ganó el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia y ya para entonces había escrito mas de 200 reportajes sobre América Latina acerca de una variedad de tópicos como crisis de refugiados, conflictos guerrilleros, tráfico de drogas, elecciones adulteradas, atentados de golpes y acuerdos comerciales. Había visitado a Cuba 20 veces y entrevistado a Fidel Castro en dos oportunidades además de otros presidentes de la región.

 

Robinson fue descalificada por el gobierno bolivariano de una manera sospechosamente brutal. El presidente Chávez calificó el reporte de “asqueroso, cínico y cochino; se busca” – dijo – ”justificar cualquier cosa, un magnicidio o una invasión”. El entonces vicepresidente Rangel advirtió sobre “ese periodismo basura al cual me he referido en otras oportunidades”.

 

Esta noción de lucha antiimperialista pudo haber seducido a los bolivarianos. Sin embargo, la incompetencia y la desidia que los caracteriza permitieron que el monstro, alimentado por insaciable codicia, creciera desaforadamente hasta hacerse incontrolable al punto que amenaza con devorarlos.

 

Walid Makled es sólo un vástago de ese monstruo.

 

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