RESERVA Y SHOW BUSINESS


Lucy Gómez
nuevatoledo@gmail.com

 

 

Primero les da armas de juguete, unos fusiles que parecen de la época del Zorro. Y mire que vemos bastante televisión con armas buenas por aquí. Luego, declara eso de que “seguirá fortaleciéndose”

 

 

El papel de la  milicia en  Venezuela es percibido de maneras muy distintas por  la población. No solamente por razones políticas,  debido  la división que nos aqueja en la última década. Sino  porque el gobierno  envía señales contradictorias acerca de su verdadero  rol.

 

Así pasó en  el acto central de la conmemoración   de la reinstalación de Chávez   en  el poder,  efectuado la semana pasada.  Allí se la  quiso  mostrar  en su rol de cuerpo político –militar, si no atemorizante, por lo menos respetable. Esa es la versión  oficial de  porqué existe.  Había trescientos batallones desplegados, jurando obediencia al  líder máximo.  Todos vestidos de verde, obedeciendo una sola  voz. Ese mundo militar adyacente que encoge a la gente normal, a los civiles es lo que se nos quiere vender.

 

Pero, una vez en la calle,  la reserva parece ser todo menos eso. Veamos.

 

Si se pretende que  se  les tenga respeto a los milicianos, su dotación, entrenamiento y presentación deja mucho que desear.

 

Lo sabe el mismo ministro de la Defensa,  general Carlos Mata Figueroa, que declaró ese día, que  la milicia “sigue fortaleciéndose” y que  algunos quieren “satanizarla”.

 

Con ese  propagandista no se necesitan enemigos. Primero les da armas de juguete, unos fusiles que parecen de la época del Zorro. Y mire que vemos bastante televisión con armas buenas por aquí. Luego, declara eso de que “seguirá fortaleciéndose”, que  da idea  de un ejército  débil que tiene que seguir tomando vitaminas. Y “la quieren satanizar”.  Un cuerpo satanizable y débil. ¿Verdad que eso no lo dicen de la marina norteamericana, ni de los soldados de la OTAN?

Otra cosa. No importa que su integrantes sean de mediana edad, de la tercera,  o de la cuarta, pero ¡entrénenlos caramba!

 

Desde  la cola inmensa que se formó en el centro de Caracas, con el tránsito totalmente trancado por la marcha y el gran número de autobuses que los trajo  de todo el país, estacionados en plena vía,  se veía pasar los reservistas,  no precisamente en correcta formación, sino en grupitos deshilachados, dando saltitos, tratando de emparejarse, detrás del jefe de grupo que iba regañándolos.  Se veía pasar una encargada de sanidad, con su brazalete y su cruz roja,  llevando de la mano a alguno o alguna que había perdido el aire de tanto caminar del autobús a la avenida o que estaba mareado por la gordura y el calorón caraqueño, lleno de humedad.

 

Pasaban grupos de señoras, vestidas a última hora con el uniforme verde, algunas con los pantalones  que eran de otro,  con  zapatos  altos de plataforma, una que otra con un palo en vez de arma. Corriendo detrás, los  que llevaban  las bebidas para el grupo, sudando. Y ramoneando por las esquinas, los rezagados de siempre, viendo a ver a quién mareaban para devolverse hacia  las calles  vecinas y   perderse hasta que llegara la hora de volver, alguna que otra protestando porque le había faltado una franela en el kit o a otro no le habían dado lo prometido en cuestión de pago. En alta y viva voz.

 

Algunos, pueblerinamente,  porque si no, no se hubiesen metido por ahí, cruzaban por la mitad de la autopista para llegar a su autobús, sin importar que el Comandante no hubiese empezado a hablar.

 

Los comentarios de los peatones  eran de  risas, burla y conmiseración. Nada de admiración o miedo, ni siquiera de rabia o lejanía: “Ahí vienen, ellos y que van a luchar contra el imperio,  cuás, cuás.”. “Que les tiren un misil los gringos, para que vean como salen corriendo”.

 

Interrumpía una señora recomendando que la gente mayor tenía que quedarse en su casa, porque si le daba un soponcio por esos matorrales, de aquí a que llegara su familia, bueno pues.  Mientras que otra, con cara de bien informada le contestaba que   tanta gente se metía porque le dan sueldo, comida y ropa, solamente por  marchar  e ir a felicitar al Comandante.

 

En los autobuses, los choferes andaban molestos por la cola y por las discusiones  y recomendaciones  de alguno que otro pasajero que se creía animador de televisión.

 

Que si ese dinero que le dan para que vayan a ver a Chávez, mejor se lo dan a los enfermeros, ¡pobrecita esa gente!  Que ese acto es sólo para que “vayan a verlo a él”. Que ahí va una gorda corriendo.  “Esa es la que va  a invadir Miami.”

 

Al final del día, hasta los delincuentes hicieron chicha con la milicia. La CIPC, encontró treinta kilos  de panelas de marihuana en el interior de un autobús lleno de milicianos que iba  de Santa Bárbara del Zulia  a la avenida Bolívar. Se llevó a 5 milicianos detenidos en la esquina de Maderero. A dos de ellos los pusieron presos porque intentaron llevarse las panelas mientras la policía detenía  a algunos de los pasajeros ¡Que show!

 

En fin, ¿ qué sentido tiene llevar para arriba y para abajo  a toda esa gente, darle comida y algún dinero, vestirla y hacerle repetir vivas, bullas etc, tanto kit y tanta vaina, si no van a ser el cuerpo armado que pueda repeler acciones contra el gobierno?. Ni siquiera  contra “el enemigo interno”, porque  ya vemos que  en la calle se piensa que con un soplido  los dispersan.  Misterios del chavismo. Posiblemente sea un experimento, como los cuerpos de choque  estilo UPV, Tupamaros, la Piedrita, etc que hicieron su agosto en la calle   hace unos años, hasta que empezaron a meterlos presos por abusadores, invasores y delincuentes y se retiraron de la escena pública (o por lo menos, no se oye hablar tanto de ellos). Me supongo que éstos  no son  quiénes van a dar instrucción premilitar, porque  los pocos que abrían la boca, se veía que no habían pasado de sexto grado. Se lo comerán vivos en las escuelas. En fin,  como  los gringos no  van a iniciar más guerras en este continente  porque tienen que ahorrar, seguiremos esperando por el papel de la reserva en la madre de todas las batallas, que  el Comandante Chávez anuncia cada dos por tres.

 

 

 

 

 
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