¿Se puede crecer como China?

Miguel Ángel Santos

Miguel Ángel Santos

Vamos a heredar un fenomenal atraso, un sistema financiero estatizado total o parcialmente

 

Uno se pregunta, tras todos estos años de retroceso económico, social e institucional, ¿qué tan rápido podríamos volver a la senda del progreso? Uno de los casos más interesantes es China. ¿Cómo está recuperándose del atraso con que emergió de la era Mao Zedong? Para tener una referencia más próxima: en los últimos doce años el ingreso real por habitante promedio en China ha crecido 161% (8,3% anual). En ese mismo período Venezuela consiguió aumentar su producción real por habitante algo menos de 5% (0,4% anual).

China durante años ha constituido un reto para los economistas. Las enormes inversiones de capital que se hacen allí todos los años para traer al país de vuelta al presente deberían traducirse en flujos de capitales netos positivos hacia el país. Todo lo contrario. En los últimos 18 años China acumuló un amplio superávit externo: Sus reservas internacionales pasaron de 21.000 millones de dólares en 1992 (5% del PIB) a 2.130.000 millones en 2009 (46% del PIB). Si los retornos que el capital privado obtiene están entre 21-28% en dólares, ¿cómo se convirtieron en prestamistas del mundo?

Una investigación reciente ha dado con la explicación (Song, Storesletten y Zibolitti,”Growing like China”, AER, Feb. 2011). Según los autores existen dos tipos de empresas en China. Las primeras están conformadas por jóvenes, exhiben una altísima productividad y no están vinculadas al sistema financiero. Son firmas de emprendedores muy eficientes, pero deben financiar sus inversiones a partir del ahorro interno (personales o utilidades retenidas). Debido a restricciones en el sistema financiero estos nuevos emprendedores no tienen posibilidad de acceder al crédito. ¿Y a quién le prestan los bancos? Al segundo tipo: Empresas estatales o con intereses muy vinculados al Estado. Son muy ineficientes, han sobrevivido a fuerza de conexiones y prebendas, pero poco a poco han ido cediendo terreno ante los nuevos emprendedores. ¿Por qué? Porque ambos compiten, ya no en el mercado de recursos financieros, pero sí en el de mano de obra.

Así, las empresas que reciben crédito del sistema financiero se están reduciendo paulatinamente y el pool de ahorros domésticos está siendo canalizado hacia el exterior. Según este arreglo, la economía del país crece a tasas aceleradas, porque los más productivos van desplazando a los que lo son menos, aumentando el nivel promedio de eficiencia. Debido a las fricciones del sistema financiero ese ahorro doméstico no puede aún ser canalizado hacia los nuevos emprendedores, por lo que sale hacia el exterior buscando retornos más atractivos. Así coincide el alto crecimiento con las enormes salidas de capital.

Nosotros no tenemos los cientos de millones de habitantes. Pero sí vamos a heredar un fenomenal atraso, un sistema financiero estatizado total o parcialmente, prestándole a un conjunto de empresas asociadas al gobierno; muy ineficientes y obsoletas desde el punto de vista tecnológico. Siendo así, desde ya deberíamos empezar a pensar en cómo hacer para que nuestros grandes emprendedores, esos que hoy en día se destacan no sólo en Venezuela sino también a nivel mundial, puedan acceder a nuestros colosales niveles de ahorro.

 

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