Desconfíen de mí, que yo no bebo

Carolina Gómez-Ávila

Carolina Gómez-Ávila
@cgomezavila

 

¡Y eso no es lo peor! ¡Lo que me ha costado entender algunos códigos comunes entre los que comparten grados alcohólicos!

Desde mi inoperancia etílica la cosa va más o menos así:

Si usted y su compañero de tragos han celebrado más de media docena de eventos conjuntos, ese es su hermano (si son menos y lo llama “hermano”, el que no es de fiar es usted).

Si de las seis veces, seis lo ha visto orinarse en los pantalones, ese viene siendo como su papá y seguro que después de eso usted le va a ir a pedir consejo para todo.

Si en algunas de las rotundas peas le confesó intimidades sobre su sexualidad que puedan comprometer su reputación en el área, usted era su mejor amigo.

Si producto de la rasca amanecieron en la misma cama, chinchorro, catre o butaca -por completamente vestido que esté-, ese hombre decidirá su futuro.

Si en la misma borrachera le prestó la casa para alguna noche loca, está fácil: ese es su pana.

¿Y qué hay con esto? Sencillo: Ingerir alcohol y compartir sus consecuencias establece un vínculo de socialización que yo no sé decir si alcanza o si más bien nació en la esfera política.

Por ejemplo: si se reúne una tríada de partidos en el exterior, con unos dieciocho años en la mesa, el precandidato se compromete a poner maquinaria y plata para el resto de las primarias (¡apueste a ése!).

Si la cosa es más discreta -pero la etiqueta es azul- el precandidato es más viejito y reza o mueve piezas para que alguna eventualidad obligue a un consenso que lo coloque en un sitial que jamás tendría.

Si la decisión ronda los cuarenta, tiende puentes azules hacia un mundo rojo y monta en un avión a un gentío para procurar fallos internacionales, igual se toma unos rones porque por más que puntee en las encuestas, no va pa´l baile.

El asunto es que como beben no le echarán el cuento como es a nadie, o quizás sí, dependiendo de las premisas del inicio, ¡y sin importarles si los ciudadanos en ejercicio estamos de acuerdo o no, porque tendremos forzosamente que escoger dentro de lo que hay!

¡Y pensar que nadie se atreve a menearles el trago en la cara!

¡Ja! Bueno, ya lo saben… Desconfíen de mí, que yo no bebo.

 

 

@ELUNIVERSAL

 
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