GATTOPARDO

Américo Martin

Américo Martín

 

Casi nadie ignora quién fue el autor de El Gatopardo, una obra plena y rica, ni desconoce algunas de las frases que Lampedusa sembró en esa novela. “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos nocturnos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”… El Gatopardo se editó en 1957, muerto Lampedusa. Pero casi todos ignoran que una frase similar salió de Antonio Machado a través de un doble literario suyo. Porque en efecto, Juan de Mairena, conocido por el público hispanoparlante, era un seudónimo de Machado, cuyo libro Juan de Mairena a sus alumnos fue publicado en 1936, ¡21 años antes que El Gatopardo!

“Uno de los medios más eficaces para que las cosas no cambien nunca por dentro es renovarlas constantemente por fuera. Por eso los originales ahorcarían si pudieran a los novedosos y los novedosos apedrean cuando pueden a los originales”.

 

Lampedusa no supo de Mairena. Sería abusivo sugerir inexistentes plagios. El Gatopardo es único por original y por su estilo magistral. El éxito de esta obra se explica porque desveló uno de los grandes hábitos del hacer político. “Gatopardiano” es aquel que llegado al poder modera sus promesas cambiándoles el sentido, sin prescindir del todo de la retórica que lo llevó a la notoriedad.

 

Para muchos sería equivalente a sinuoso traidor. No obstante puede más bien ser una muestra de sutil inteligencia política, necesaria para que las sociedades no sucumban. Malo es abandonar principios, peor hundir sociedades. Dicho sea sin convalidar la ética o falta de ética envueltas en la operación.

 

He pensado en Lula, Bachelet, Mujica y Martín Torrijos. Se suponía que encabezarían inviables movimientos radicales de izquierda. En cambio, ya en el mando, continuaron la obra de sus antecesores o, contra lo esperado, la cambiaron radicalmente. Lula mantuvo el programa del moderado Cardoso, Lagos el de los demócrata cristianos Alwin y Frei y en algunos aspectos, del dictador Pinochet. Martín Torrijos se apartó del modelo revolucionario de su padre. Gatopardianos que no quisieron hundirse con sus países, aferrados a la banderita de los principios.

Es el dilema que nos trae la primera vuelta electoral de Perú. Para un observador externo resulta incomprensible que el país más exitoso del hemisferio, haya quedado a la suerte de Ollanta y Keiko.

 

Alan García declaró: “en el mundo solamente China puede competir con Perú; ya todos aceptan que Perú va a crecer 8.5% este año, eso significa que el empleo va a aumentar y la pobreza se reducirá”. Más caminos y puertos, incremento notable de la inversión agrícola, obras de electrificación. Según cifras oficiales, las reservas internacionales netas totalizaron 44,105 millones de dólares en 2010, las exportaciones ascendieron a 131,000 millones en los últimos cinco años. Al desechar la demagogia populista, Perú ha crecido sostenidamente por veinte años. El PIB del país supera claramente los 150 mil millones de dólares, triplicando así el de diez años atrás. Pero aunque esta onda impetuosa ha mejorado la calidad de vida y los cascos urbanos, un tercio de la población sigue hundida en la pobreza; es lo que explica las opciones “salvacionistas” de Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

 

Vargas Llosa, creo, habló del sombrío dilema entre el cáncer y el sida. Se puede dudar. Cuando Chávez accedió al poder lo hizo a horcajadas de 19 años de decrecimiento de la economía y del nivel de vida. Venezuela estaba fracturada por el rompimiento del pacto de gobernabilidad que le dio estabilidad y desarrollo por más de 20 años. Ollanta o Keiko dirigirán un tren de alta velocidad que les costará descarrilar.

 

Las primeras declaraciones de ambos denotan cierta seducción gatopardiana, y ojalá así sea. Keiko soltó un misil: no gobernaré sola, lo haré con PPK, quien le disputó desde posiciones modernas el salto a la segunda vuelta. Humala asegura que no cambiará el modelo ni detendrá el ritmo de crecimiento y modernización de la economía; asegura no ser un Chávez y fortalecerá las relaciones con su principal socio comercial, EEUU.

¡Lo mismo decía Chávez! Es posible, pero también lo dijeron Lula y Martín Torrijos y honraron sus promesas básicas.

 

Bueno sí –replicarán– porque no les quedaba más remedio. Efectivamente, sea que fueran sinceros o que no tuvieran más remedio, el resultado será el mismo

¿Keiko da Silva? ¿Ollanta Torrijos?

 

Sólo el Padre Tiempo…

 

http://informe21.com/blog/americo-martin/gattopardo

 
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