¡Ojo pelao!

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

 

La batalla que no termina

 

Cualquier causa produce un efecto, eso lo dijo Newton, creo. Fue cuando le cayó una manzana en la cabeza y le dejó un chichón. Y tenía razón. Ya verán. Yo les reporté la visita que me hizo aquel periodista margariteño, el que me contó lo de la visita de Fujimori, y ahora que se corrió la voz, son muchos los que me quieren visitar. Total que decidí invitar a una pajarraquita que me recomendaron porque se le mueve el coco, pero cuando la vi, me di cuenta en el acto que no era ningún chichón.

Qué pajarraquita para elegante la que se bajó del rústico a cierta distancia y luego, con su faldita estrecha, cuidando cada pisada al subir la cuesta, porque hasta zapatos de tacón calzaba, de esos que nunca se habían visto por aquí, llegó hasta aquí. En mi loma la esperé, montado en mi pedestal de concreto, el que me construyeron mis amigos para que la lluvia no vuelva a dañar mi única pata, y mi mirada pueda extenderse a las cosechas que cuido… y muchísimo más allá.

Pero resulta que la pajarraquita no vino a entrevistarme sino a confesarme o, mejor, a obligarme con sus encantos, que los tiene de sobra, a que le explicara cómo veo yo el juego político. En fin, que le dijera cosas que donde trabaja jamás publicarían pero que, según ella, le permitiría ser más aguda al interrogar a cuanto pajarraco, candidato o no, se presente por aquí.

Razones no le faltaban, porque todos están viniendo a Carabobo a ver qué pescan.  Claro, eso no es nuevo entre los caraqueños porque como Valencia les queda cerquita, cada quien quiere tener aquí su conuco. Claro, ocurrió en AD hasta que llegó el pajarraco Celli, se armó hasta los tequeteques, y botó a todo el que se le atravesaba, incluyendo al Pajarraco Henry, que era de Carabobo, pero ahora es de Caracas. Luego vino el Gallo y, cuando nadie lo esperaba, a punta de votos le quitó el coroto… y se acabó el pan de piquito. Pero esa es una batalla que no termina. Al propio Gallo lo desplazó su hijo, el Pollito, que -a decir verdad- ahora es mi preferido.

 

La lucha por las Primarias

Les cuento esta larga historia porque ayuda a comprender el interés de la Pajarraquita, un interés que no es distinto al mío. Claro, para  explicarle bien lo que estoy viendo, tuve que ocultar el largavista con que viajo mentalmente al Sahara y al Golfo Pérsico, al Japón, a la Cochinchina, y hasta al sitio mismo donde mataron a Bin Laden y a la selva ecuatoriana donde los SEALS colombianos se rasparon a Raúl Reyes. Compréndanlo bien, mis amigos pajarracos y pajaritas queridas, para conocer bien lo que ocurre en Venezuela y poderlo explicar, no necesito largavista, pero tengo que valerme de mis capacidades innatas, esas que me permiten ver más allá del más allá, e interpretarlo acertadamente, porque lo que está a la vista no necesita anteojos.
¿Qué hay de las Primarias, Espantapájaros, Ud. cree que se van a realizar? Carachole, le respondí, si fuiste tú, pajarraquita quien armó el zaperoco.  ¿Y eso Sr. Espantapájaros? Gracias por lo de Señor, mi querida pajarraquita, pero no hace falta. Con todo y mis cinco soles, yo prefiero que me llamen como me bautizaron. Llámame Espantapájaros. Y pasé a explicarle.

Tú misma, sin proponértelo, Pajarraquita, armaste el follón un día en que agarraste al Gallo desprevenido, creo, y le preguntaste al rompe cuándo, a su juicio, debían realizarse las primarias. Él, sin saber lo que cocinaban en Caracas, si lo sé yo que estoy en todo, y pensando que las presidenciales serían en diciembre de 2012, te respondió que julio era la mejor fecha. Hasta allí todo iba bien, pero cuando la noticia rebotó a Caracas, se armó el tres por ocho porque parece que allí venían cocinado todo para que fuera en noviembre.

Bien bueno que les lanzaste el mingo bien lejos, le dijo después al Gallo un político caraqueño,  porque así tendrán que negociar. ¿Negociar qué? Preguntó la pajarraquita. Eso mismo preguntó el Gallo, necesitamos más tiempo, le respondieron. Total, mi querida Pajarraquita, que de tanto darle y darle en la famosa mesa, terminaron con la conseja de Salomón, picando en dos la diferencia entre julio y aquel noviembre que tenían entre pecho y espalda los que estaban confabulados cuando tú, de manera inocente, hiciste aquella pregunta.

Por cierto, algo extraño ocurrió la noche que fue anunciada la fecha. Te lo voy a confiar pero no me vendas.  Águila Uno enfureció.  Hasta aquí llegaron las trepidaciones del berrinche que armó, pero si se molestó -me dije yo para mis adentros- debió ser porque alguien no le había cumplido. ¡Ujum! Decidí dejarlo hasta allí.

 

El gran consenso

 

Hice bien porque tan pronto se aprobó la fecha, todo cambió. ¿De qué manera, Espantapájaros? Te voy a ser franco, amiga, ya que te has tomado el tiempo de venir hasta acá. A mí me pareció desde un primer momento que esa primaria del 12 de febrero nunca se celebraría, porque ¿cómo arrancar la campaña en plena Navidad?

Pero no fue eso propiamente lo que me alarmó. De pronto, en lugar de hablarse de candidatos por “bloques” para las primarias, comenzaron a hablar de un gran consenso. ¿Extraño, verdad? ¿Que precisamente cuando al se pusieron de acuerdo en una fecha para las Primarias, saliera a relucir el consenso, que es una fórmula contraria? Por allí debe tener la mano metida el Pájaro Bombero de la Revolución, el que mientan JV, el que yo veo los domingos por Televen en mi pequeño televisor.

Y lo digo porque de pronto comenzó a parecérseme todo demasiado a 2004. Alguien de influencia tenía que haber convencido, o intentaba convencer a los que no tienen candidato o, teniéndolo, prefieren pasar, que mejor que unas primarias que nunca ganarán, era escoger un candidato común con las demás fuerzas políticas y repartirse el poder.  ¿Pero cómo hacerlo, si del otro lado, sí hay muchos que quieren primarias? Se buscan como candidato unitario a uno de ellos, al más felino, a uno que le guste negociar. Recuerden, presumo que les habría dicho el Pajarraco Bombero, que nosotros tenemos muchos mecanismos y vamos a ayudar. Hasta en el CNE.

 

Eso es muy grave, Espantapájaros, ¿tiene Ud. pruebas de lo que afirma?

 

Exclamó la pajarraquita indignada. Vuelves con el Ud., Pajarraquita, claro que no las tengo. Por eso precisamente te dije al comienzo que lo que te diría no te lo publicarían jamás. Pero síguele la pista a lo que te digo, y verás que tengo razón. Recuerda que de pájaros sé mucho, y “al pájaro se le conoce por la cagada”. Dispensa la palabra, Pajarraquita. Es que cada pájaro deja atrás lo que queda de lo que ingiere, y hay pájaros que comen alpiste, unos que comen lombrices y otros que son cambureros.

Lo cierto es que Águila Uno reunió esta semana a su tropa, esto te lo doy por seguro, y ordenó cortarle las patas a todo el que se atreviese. No quiere sorpresas ni primarias. Sólo quiere un candidato. El candidato que ya escogió.

Total, mi querida pajarraquita, el juego está enredado y hay que seguir observando. En cuanto a mí, cada día me convenzo de que lo del Gallo aunque lo sorprendiste, debió tenerlo pensado, porque él siempre dice, cuando le hablan de campañas, que prefiere jugar con las negras, o sea primero “ver pa’ ver” y luego jugar al contragolpe. Ya me lo imagino, observando los movimientos con paciencia.

Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.

 
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