CAMINOS INVERSOS

Tulio Hernández

Tulio Hernández
hernandezmontenegro@cantv.net

 

Para nadie es un secreto que América Latina vive hoy una situación excepcional. Salvo la de los Castro en Cuba, ya no existen dictaduras militares.

 

Prácticamente todos nuestros gobiernos son el resultado del voto popular. Tampoco, sin contar los residuos de las FARC y el ELN, sobreviven guerras de guerrillas. Y con la excepción de Venezuela, casi todos los países exhiben cifras de crecimiento económico sostenido que habla de economías en proceso de recuperación.

Es cierto que la pobreza, las grandes desigualdades sociales y la violencia siguen siendo grandes obstáculos para llegar a sociedades equitativas, pero países como Brasil han logrado avances notables en la reducción de los índices de pobreza crítica y otros como Colombia en los asociados a la seguridad.

 

Sin embargo, la región no avanza a un mismo ritmo y en una misma dirección por lo que, para focalizar el análisis, podría decirse que en realidad hoy no existe una sola sino varias Suramérica. Una, que se desplaza a paso firme hacia economías de mercado internacionalmente competitivas y modelos de democracia altamente institucionalizada, donde la alternancia en el poder es algo sin discusión. Se trata de sociedades altamente cohesionadas, satisfechas con su modelo político, con una notable autonomía de Estados Unidos.

 

Sus ejemplos emblemáticos son Chile y Brasil y, en el plano político, Uruguay.

 

Existe otra Suramérica que marcha en sentido inverso.

 

Aquella que, por el contrario, ha vulnerado severamente la institucionalidad democrática y forcejea para imponer una economía estatista a la manera de los colectivismos del siglo pasado. Son sociedades políticamente rotas y polarizadas, con sus élites gubernamentales abiertamente enfrentadas a Estados Unidos. Sus ejemplos emblemáticos son Venezuela y Nicaragua. Y aunque Bolivia y Ecuador bailan al son que se toca desde Caracas, todavía no han llegado, aunque podrían hacerlo, a los extremos autoritarios de Venezuela.

 

Y hay una tercera, cuyos mejores representantes son Colombia y Perú, países que luego de haber experimentado largas y cruentas situaciones bélicas, en las que los derechos humanos fueron vulnerados tanto por los terroristas como por los gobernantes, experimentan en el presente momentos floreciente en lo que a su economía y su vitalidad colectiva se refiere. Naciones abiertamente asociadas a Estados Unidos, que han logrado un grado notable de cohesión social, pero que llevan a cuestas intensos conflictos y desigualdades sociales cuya solución será decisiva para alcanzar institucionalidad democrática sólida.

 

Y, por último, existe una zona ambigua, en la que podemos ubicar arbitrariamente esa curiosidad política llamada Paraguay, con una posición centrista de difícil predicción, junto con el populismo peronista argentino, a la que el coqueteo simultáneo con el mercado y con el chavismo como fuentes de riqueza le confieren cierta autonomía y particularidad.

 

En ese contexto, las elecciones presidenciales de Perú se convierten en un escenario con muchos enigmas y en un retrato de las dos grandes vías confrontadas en la región. El elector peruano camina por el filo de la hojilla. Si vota por Humala corre el riesgo de que su país cambie el rumbo de su actual crecimiento económico y gire hacia un populismo, estatista y redistributivista, como el de Hugo Chávez que seguramente le hará retroceder.

 

Si lo hace por Keiko Fujimori podría reanimar el modelo autoritario que su padre creó como primer antecedente de lo que algunos denominamos el totalitarismo del siglo XXI: esa manera novedosa de ejercer el poder absoluto, como en las dictaduras, pero sin tener que echar mano al golpe militar.

 

La elección de Humala podría convertirse en un refuerzo inesperado al estancamiento de la expansión del llamado socialismo del siglo XXI. Pero también podría ocurrir que Perú haya madurado colectivamente, que Humala no esté mintiendo, que haya entendido la lección de Lula y, de ganar, en vez de meterse por los caminos bélicos del estatismo militarista, los haga por los de la izquierda democrática de un Estado que busca la justicia social sin afectar la esencia de la pluralidad política y la economía de mercado. Son caminos inversos y todos confluyen en América del Sur.

 

 

@elnacional

 

 

 
Tulio HernándezTulio Hernández
Top