Federalismo autonómico

Nelson Acosta

La política es así

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com

 

¿Cómo  caracterizar el proceso de transición política que se avecina en el país? ¿Cuál ha de ser  su carácter? ¿Continuidad con el pasado? ¿Ruptura con el presente? ¿Cómo se expresará esta disyuntiva en las elecciones presidenciales? En fin, ¿qué dilemas tendrá que afrontar el mandatario que sustituirá a Hugo Rafael Chávez? Preguntas sustantivas. Sin duda alguna, las repuestas a estas interrogantes proporcionarán el fundamento sobre el cual descansará la estrategia que definirá el futuro de la vida política en el país.

Exploremos una de estas disyuntivas, la referida a las elecciones presidenciales. Esta votación, por ejemplo, no debe ser asumida en términos estrictamente electorales. Lo es su envoltura, pero no su contenido. Este debe traducir una oferta que responda acertadamente las anteriores interrogantes. En otras palabras, se quiere enfatizar que esta contienda no debe expresarse únicamente a través de medios y contenidos tradicionales. Es imprescindible añadir un sesgo agónico, una disyunción exclusiva que coloque esta elección como una escogencia entre un pasado pleno de fracasos y un futuro visto como profundización de los logros democráticos. Las peticiones y protestas reivindicativas (inseguridad, pobreza, salud, vivienda, salarios, etc.) deberían ser alineadas de tal forma que cada una de ellas exprese una única demanda política: la sustitución del régimen y la profundización de la democracia. En corto, el peticionario reivindicativo no necesariamente transmuta su contenido en un antagonismo liberador que cuestione el orden político dominante. Para que esto suceda se requiere de una acertada caracterización de la coyuntura; y, desde luego, de la intervención política consecuente.

Ilustremos lo anterior con un breve ejemplo histórico. A la muerte del General Juan Vicente Gómez  grupos de jóvenes emergentes debatieron  y se preguntaron en torno al carácter que tendría la transición política.  Los de vocación marxista tipificaron esta coyuntura como  punto de partida para la puesta en práctica de una revolución anti feudal, anti imperialista y socialista. Los social demócratas, por el contrario, enfatizaron el carácter democrático de esta transición. La solución a los problemas endémicos de nuestra sociedad pasaba por la instauración de la democracia.  El resultado de esta polémica la conocemos. La repuesta acertada dio como resultante la construcción del dispositivo democrático que hegemonizó la vida política del país a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado.

La historia se repite. Hoy, al igual que ayer, los náufragos de siempre  pretenden caracterizar esta coyuntura como la transición hacia un Estado Comunal y Socialista. Frente este arcaísmo es necesario oponer una nueva agenda política: la democracia de las autonomías políticas. Es esta lucha  la que definirá el carácter de la transición  política. La formulación de ofertas electorales con prescindencia de esta consideración corre el riesgo de ser percibidas como restauración del pasado. Más de lo mismo. Lo apropiado, a mi juicio, sería ubicar el programa electoral  dentro de esta óptica. En otras palabras, repensar al país en el marco de una lógica política que propicie su descentralización y lo conduzca hacia la construcción de un federalismo autonómico.

 

 

 

 

 

 

 

 
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