La última boqueada

Alfredo Toro Hardy

Alfredo Toro Hardy
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Las sanas finanzas heredadas de Clinton fueron lanzadas por la borda en medio de la arrogancia

 

La última vez que Estados Unidos y China se encontraron frente a niveles parejos de PIB fue en 1890. Para ese momento cada uno representaba alrededor del 14% del PIB mundial. En dos décadas aproximadamente dicho fenómeno se volverá a repetir, sólo que con porcentajes mucho mayores de la riqueza global. A finales del siglo XIX China declinaba aceleradamente mientras Estados Unidos ascendía vertiginosamente. En la actualidad es la curva china la que asciende y la norteamericana la que baja. Desde luego, si bien el emerger chino tiene bastante en común con el de Estados Unidos por aquellos tiempos, el declive de Estados Unidos es muchísimo más moderado que el de China entonces. De hecho, según nos muestra Dambisa Moyo, citando cifras de Angus Maddison, para 1950 Estados Unidos había subido al 30% del PIB global, mientras que China había caído al 5,2% (How the West was Lost, London, 2011).

Ahora bien, si es muy poco probable que Estados Unidos se deslice por la pendiente económica de la manera en que lo hizo China entre 1890 y 1950, sí parece claro que los días de su hegemonía política están contados. Tal como lo señala Michael Mandelbaum al referirse al impacto del déficit fiscal norteamericano: “Esa era (la de su liderazgo mundial) está llegando a su fin. En el futuro, Estados Unidos tendrá que comportarse cada vez más como un país ordinario” (The Frugal Superpower, New York, 2010). En igual sentido se pronuncia Sebastian Mallaby, al analizar el significado la gigantesca deuda pública estadounidense: “La humillación de Suez (en 1956) marcó el fin de las pretensiones imperiales británicas. Como lo señala el historiador Niall Ferguson, ‘fue en el Banco de Inglaterra que el Imperio Británico se perdió’. Harold Mcmillan el Ministro de Finanzas británico en aquel entonces confesó que Suez fue ‘la última boqueada de un poder declinante’ para luego añadir ‘quizás en 200 años Estados Unidos sepa lo que eso significa’. Pero hoy, a apenas 55 años de esas palabras, la gran pregunta es si esos 200 años ya expiraron” (“You are what you owe”, Time, 9 mayo, 2011).

La muerte en días pasados de Osama bin Laden trae a colación lo que perfectamente podría ser la “última boqueada de un poder declinante” para Estados Unidos. La reacción desmesurada y prepotente asumida por la Administración Bush tras el 11 de septiembre del 2002, condujo a todo tipo de excesos. A partir de allí, Washington fue endeudándose masivamente como si no existiera un día siguiente y sin tomar en cuenta las inmensas vulnerabilidades de su economía. Las sanas finanzas heredadas de Clinton fueron lanzadas por la borda en medio de una arrogancia sin límite.

 

Según Zbigniew Brzezinski: “El impacto combinado del despertar político global y de la tecnología moderna ha contribuido al aceleramiento de la historia política. Lo que en el pasado tomaba siglos ahora toma décadas, lo que antes tomaba décadas ahora ocurre en un sólo año” (Second Chance, New York, 2007). Hoy, una deuda pública que supera los 14 millones de millones de dólares se ha encargado de borrar del mapa la mayor parte de los 200 años que Mcmillan le asignó a la hegemonía norteamericana.

 

 

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